Alejo Miranda.- Esperó que el árbitro acomodara la barrera a una distancia prudencial, dio tres pasos largos hacia atrás, cuatro cortitos hacia adelante, y disparó. La pelota salió hacia la izquierda, pero la parábola la fue inclinando a la derecha. La escena, que parecía transcurrir en cámara lenta, se transformó en una explosión cuando la pelota se incrustó en el ángulo. Di María se sacó la camiseta y con la boca llena de gol y los brazos abiertos como queriéndose abrazar con todos corrió a lo largo de la tribuna. Se detuvo junto al córner, le dedicó un corazón dactilar a su familia que lo acompañaba en el palco y enseguida fue sepultado por una montaña de camisetas auriazules.
Ángel Di María, el héroe de esta película, volvió a su amado Rosario Central para ser feliz, y lo está consiguiendo.
ARGENTINA» Di María, héroe de la generación de Messi.
A los 37 años, uno de los máximos ídolos en la historia de la selección argentina eligió renunciar a la tentación de los petrodólares o al glamour de Florida para hacer realidad el sueño que le faltaba: ser campeón con el equipo donde se formó y del que es hincha acérrimo.
Una trama teñida de particularidades pintorescas que la hacen irrepetible, pero que no va ganar el premio al mejor guion original. Esto de triunfar en Europa y regresar al club de sus amores para bañarse en una despedida gloriosa es una película que tiene sus precuelas. Ya la vivieron Diego Maradona o Juan Román Riquelme en Boca, Enzo Francescoli en River, Juan Sebastián Verón en Estudiantes, Diego Milito en Racing o Maxi Rodríguez en Newell’s, por nombrar los ejemplos más salientes. *
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