Milei contra el fútbol

El presidente argentino, que probó de niño en Chacarita Juniors, ha emprendido la sensible idea de privatizar los clubes recibiendo simbólicamente el rechazo de los hinchas de su viejo equipo.

Xabier Rodríguez.- A día de hoy puede resultar extraño, pero Javier Milei pudo haber sido portero de la Primera División argentina jugando con Chacarita Juniors. Llegó al club a principios de los años ochenta y durante seis años, estuvo yendo cada semana al predio que tiene el club en San Martín. Allí aprendió lo que era Chacarita y también lo que era el fútbol argentino y su cultura de clubes.

Años después, se hizo popular por sus apariciones en programas de televisión, en los que su tono agresivo y las frecuentes faltas de respeto generaron continuas polémicas, mientras reventaba los medidores de audiencia y las cadenas se lo rifaban. Impulsado por esa popularidad dio el salto a la política y preparaba la campaña electoral para la presidencia del país, cuando se viralizaron unas declaraciones antiguas hablando de los clubes de fútbol: “A mí me gusta el modelo inglés. ¡No les va mal, eh! Tienen clubes que cotizan en bolsa y todo. ¡A vos qué carajo te importa de quién es Boca si le ganás a River 5-0! ¿O preferís seguir en esta miseria? Que tenemos cada vez fútbol de peor calidad”.

SEMILLEROS
Milei había tocado un tema sensible para los argentinos. Los clubes de fútbol funcionan, desde su fundación a principios del siglo XX, como asociaciones civiles sin fines de lucro y con el tiempo, fueron adquiriendo un papel central en el día a día de la gente y en la vertebración de la vida social de muchos barrios. “Pasábamos todos los días allí y los fines de semana más todavía. Íbamos a las siete de la mañana y nos quedábamos hasta las diez de la noche”, explicó Messi, en una entrevista para TyC Sports, hablando de sus años en el Club Grandoli de Rosario.

PORTERO» El presidente de Argentina en su etapa de portero.

Porque, en Argentina, los clubes no son sólo las instituciones a las que los padres llevan a sus hijos e hijas para que jueguen al fútbol. Gabriela Sabatini empezó a jugar al tenis en River Plate, Manu Ginobili aprendió lo que era el baloncesto en el club Bahiense del Norte de Bahía Blanca y Luciana Aymar lo que era el hockey en el club Fisherton de Rosario. Esos mismos clubes acogen también clases de baile, cursos de pintura o celebraciones de carnaval y durante la pandemia sirvieron como centros de vacunación. “En Argentina la educación se ha deteriorado tanto, que los clubes terminaron apoderándose de ese espacio”, dijo recientemente la Bruja Verón, actual presidente de Estudiantes, un club que cuenta con centro de educación primaria y secundaria. *

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