Javi Moreno: «No es que en Dortmund jugáramos como juveniles, es que nosotros éramos así. Estábamos chalados»

El exfutbolista repasa al detalle cada paso de su serpenteante carrera. Un ajuste de cuentas con total sinceridad sobre sus momentos estelares y también los más regulares de su vida deportiva.

*Texto Christian Giner | Fotografías Víctor Giner Pocos días antes de anunciarse su vuelta al Córdoba como entrenador del Juvenil A, Javi Moreno (Silla, 1974) me cita en una cafetería de Madrid. A caballo entre Ibiza y Valencia, visita la capital donde residió durante dos años para comer con viejos amigos y perfilar ese nuevo contrato. El Búfalo, como se le conocía por su particular forma de correr, comparece relajado, aunque pendiente del móvil. Espera llamadas de un posible trabajo. Toma café. Me sorprenden sus gemelos, enormes, como los de un sprinter. Ha perdido forma pero está lejos de aquellas fotografías de hace unos años en las que exhibía mucho peso. Su historia está ligada a la etapa más gloriosa del Deportivo Alavés, incluida la final de la Copa de la UEFA 2001 (Alavés 4-5 Liverpool). Internacional con Camacho, su olfato goleador no pasó desapercibido para el Milan de Silvio Berlusconi. Después llegaron el Atlético de Madrid, Zaragoza y Córdoba.

¿Cómo es eso de querer ser portero y acabar metiendo goles?
Mi ilusión de pequeño era ser como Arconada, mi ídolo. Me acuerdo de que me iba todas las noches a dormir con su camiseta de la Selección y los guantes. En mi pueblo éramos varios porteros y no siempre podía jugar, por lo que mi entrenador decidió un día ponerme de delantero centro. Me dijo “ponte ahí y no molestes”, pero se me empezó a dar bien y ya no me movió. Yo era un fanático total del fútbol, todos los días me iba al colegio con una pelota pegada a los pies. Empecé a tener ilusión por llegar alto cuando escuché a la gente hablar bien de mí. Pasaban los años y cada vez me lo iba creyendo más. Fue a raíz de una concentración con la Selección Valenciana, cuando tenía unos 15 años, cuando me propuse ser profesional de verdad. 

«En el Milan no sabía si iba a una boda o un entrenamiento»

Con 15 años llegas a La Masía, ¿te recuerdas por aquel entonces tan culé como el escudo que defendías?
¡Qué va! ¡Yo era del Madrid! Estuve haciendo unas pruebas allí y pasada una semana le dijeron a mi padre que me querían en las inferiores a partir de agosto. Estaba muy feliz, pero cuando volvimos ese verano ya no estaban los técnicos que habían confiado en mí y, en su lugar, aparecieron Ramón Martínez y Vicente del Bosque. Nos dijeron que teníamos que estar otros 15 días pasando pruebas y eso no me gustó. Además, los jugadores de la cantera del Madrid en aquella época vivíamos en la calle Recoletos, en el barrio de Salamanca, y a mí la zona no me convencía pese a todo el pijerío. Mi padre se tuvo que volver a Valencia y me dijo que me quedara, pero yo aproveché para subir a mi cuarto, recoger mis cosas y dejar aquello. El camino de vuelta me lo pasé llorando. Al poco tiempo el Barça llamó a mi casa, me citaron a las once de la mañana del día siguiente y para allá que fuimos toda la familia

¿Te firmaron nada más llegar?
Sí, ni pruebas ni nada. Era un contrato de cinco años y a mis padres les pagaban un viaje más alojamiento al mes para que pudieran venir a verme. El Barça se portó fenomenal y siempre les estaré agradecido. Allí me formé como futbolista y como persona. Cuando eres pequeño estos gestos los tienes muy en cuenta. En el Madrid a mis padres les dijeron de malos modos que se fueran para Valencia, en Barcelona en cambio les trataron genial. Cómo son las cosas, ahora soy culé a muerte.

«En el Madrid a mis padres les dijeron de malos modos que se fueran para Valencia, en Barcelona en cambio les trataron genial. Cómo son las cosas, ahora soy culé a muerte.»

Subiste muy rápido del C al B, donde coincidiste con De La Peña, Albert Celades o Toni Velamazán.
Sí, éramos la ‘Quinta del Mini’ o la ‘Quinta de Lo Pelat’, dependiendo de a quien le preguntes. Compañeros de mucha calidad, sin duda. En su momento, conseguimos ganar la División de Honor y la Copa del Rey al Madrid. De toda aquella camada muchos hemos logrado llegar a Primera e incluso a la Selección. Fueron años buenos, llenábamos el Mini Estadi, ahora no pasa.

¿Con la marcha de Cruyff y la llegada de Robson se acabaron tus esperanzas de poder tener un sitio en el primer equipo?
Es cierto que Robson trajo a mucha gente de fuera, pero yo tuve una lesión en el tobillo y eso mermó mi proyección. Cuando me recuperé ya tenía 21 años y si a esa edad todavía no habías llegado al primer equipo lo lógico era que salieras en busca de minutos. Yo decidí irme al Córdoba.

En tu primera etapa allí te frustras y piensas incluso en retirarte.
Me di cuenta de lo jodido que es este deporte. En Barcelona jugaba para divertirme y pasármelo bien, no tenía que preocuparme de nada más porque, aparte de que ganaba casi siempre, tenía buenos médicos, buen material, buenas instalaciones, etc. En Córdoba me di de bruces con un vestuario humilde, donde ya había padres de familia que se tomaban el tema mucho más en serio. Esa gente no jugaba para pasar un buen rato, que también, sino para darle de comer a sus mujeres e hijos.

«En Córdoba me di de bruces con un vestuario humilde, donde ya había padres de familia que se tomaban el tema mucho más en serio. Esa gente no jugaba para pasar un buen rato, que también, sino para darle de comer a sus mujeres e hijos.»

Físicamente tampoco estaba bien, así que lo dejé. Tomé la decisión sabiendo que seguramente sería mi última oportunidad, pero entonces me llamó un representante, Antonio Alfaro, y me insistió para que no lo dejara. Le dije que no, pero a la semana me volvió a llamar con la misma cantinela. No le conocía de nada, pero acabé diciéndole que me buscara un equipo. Al día siguiente se reunió conmigo en persona y me acuerdo que le solté “no te voy a firmar nada y si me engañas te romperé la cabeza”. A día de hoy sigo sin tener nada firmado con él y, pese a no ejercer ya como tal, siempre que tengo dudas sobre algo le consulto. Es como mi segundo padre, gracias a él seguí jugando.

Te fuiste al Yeclano.
Antonio creyó que era lo mejor para mí, pero no te lo pierdas, me llevó engañado. (Risas) Me subió al coche y me dijo que nos íbamos a jugar al Castellón. Total, que a falta de 30 kilómetros para llegar veo que da la vuelta y le digo “Antonio, ¿qué haces?” y me dice el tío que no, que iba a jugar en el Yeclano, un equipo de Murcia. Me dice: “En Yecla conozco a un entrenador que te va a venir que ni pintado”. Me pareció todo muy raro, pero confiaba en él.

Tuvo razón, en el Yeclano me volví a reencontrar como futbolista gracias a José Víctor Rodríguez, un entrenador a la antigua usanza, un loco del fútbol que conocía a todo el mundo. Era encantador y le debo mucho, estuve cinco meses allí y se me hicieron muy cortos.

Y llegó Juan Carlos Rodríguez, secretario técnico del Alavés.
Vino a verme a Yecla un par de veces. Todo el mundo piensa que fue mi gran valedor, pero ese mérito es para Antonio, que siempre creyó en mis posibilidades. En aquel momento me quería el Alavés, pero también el Hércules y el Elche. Yo quería irme a Alicante, pero mi representante estuvo inteligente y me dijo que no, que allí había mucha fiesta. El Alavés pagó 18.000 euros.

Coincides con Raúl Tamudo, cedido del Espanyol. Y jugáis poco.
Vivíamos al lado e hicimos muy buena amistad. No jugábamos mucho porque el equipo iba líder de Segunda cuando nosotros llegamos. Le marqué gol al Compostela y al Deportivo en Copa y también jugué en el Bernabéu. Con Raúl me iba mucho de pintxos. Era una locura, después de los entrenamientos nos íbamos a comer de bar en bar. Estaba muy enganchado a la Coca Cola porque no me gustaba la cerveza y en Vitoria empezó a gustarme el vino. Era una risa. Nos podíamos haber cuidado más, sí.

Te vas cedido al Numancia y allí te desatas con 18 goles.
Cuando me comunicaron que me iba al Numancia me pareció muy bien porque yo necesitaba jugar más. Estaba en Valencia, de vacaciones, y mi representante y yo cogimos el coche de madrugada para llegar a Soria a primera hora de la mañana, firmar y finiquitar todo. Era 1 de agosto y nos fuimos en camiseta y pantalón corto, cuando llegamos allí y bajamos del coche... ¡un frío de miedo! No se me olvidará en la vida.

«¡Lotina ni me conocía cuando llegué! En vez de decirme Javi Moreno me dijo Dani Moreno (risas). Cuando empezó la pretemporada no contaba mucho conmigo.» 

El equipo ascendió a Primera con Lotina.
¡Lotina ni me conocía cuando llegué! En vez de decirme Javi Moreno me dijo Dani Moreno (risas). Cuando empezó la pretemporada no contaba mucho conmigo. Aquello no me desmotivó y seguí entrenando, poco a poco me fue dando oportunidades y al final no le quedó otra que ponerme de titular porque todas las que cogía las enchufaba. Recuerdo un golazo de medio campo que le metí al Vasas de Budapest que dejó a todo el mundo con la boca abierta. Fue un gol insignificante, en el partido de presentación, pero el mejor de mi carrera.

El Alavés te repescó y quedasteis sextos en Primera.
La intención del club era volver a cederme, pero pasó lo mismo que en Numancia, sorprendí y me quedé. Empecé de titular, pero no le metía un gol al arcoíris, me llegué a desesperar. En Montjuic, contra el Espanyol, me estrené por fin como goleador en Primera y le di la victoria al equipo. A partir de ahí Mané me utilizó de revulsivo, salía del banquillo cuando las cosas no iban bien y hacía pareja con Julio Salinas, un fenómeno del que aprendí mucho.

¡llegamos a la última jornada con opciones de ser segundos y entrar en Champions! Jugábamos contra el Athletic y a la media hora íbamos ganando 0-1, en ese momento perdían todos los que iban por delante nuestra y nos pusimos segundos en la tabla. Al final perdimos 2-1 y el resto ganó, así que nos quedamos sextos. El Dépor ganó el título con 69 puntos, el Madrid fue quinto con 62 y nosotros por detrás con 61. ¡Un poco más y ganamos la liga!

La temporada siguiente fue la del mítico Euro Alavés.
Pasar por encima del Rosenborg fue alucinante porque ese equipo venía de la Champions y nunca un club español había ganado en su campo. Rompimos el maleficio con un 1-3. Luego, en octavos, nos tocó el Inter de Vieri, Recoba, Zanetti, Córdoba...Remontamos un resultado adverso en Mendizorroza y cuando fuimos a Italia sentenciamos la eliminatoria, nadie daba un duro por nosotros. Aquel Alavés era una familia: salíamos juntos, comíamos juntos... todo lo hacíamos juntos. Gran culpa de aquello la tuvo Mané, un tío serio y de pocas palabras, que nos supo llevar muy bien. Fue el mejor vestuario en el que he estado y Mané, uno de los mejores entrenadores que he tenido en mi carrera. Tácticamente era muy inteligente.

«Aquel Alavés era una familia: salíamos juntos, comíamos juntos... todo lo hacíamos juntos. Gran culpa de aquello la tuvo Mané, un tío serio y de pocas palabras, que nos supo llevar muy bien»

No he vuelto a ver un partido de fútbol tan loco como aquella final.
Después de ganarle al Inter hicimos lo propio con el Rayo y el Kaiserslautern, que por aquel entonces era un señor equipo y le metimos nueve goles. No es que en Dortmund jugáramos como juveniles, es que nosotros éramos así. Estábamos chalados y ellos se contagiaron también. Éramos muy valientes, no le teníamos miedo a nadie. Con ese juego fue como hicimos historia. Le habíamos ganado al Barça y al Madrid, el Liverpool no nos daba ningún tipo de impresión.

LIVERPOOL-ALAVÉS (FINAL DE LA COPA DE LA UEFA 2001) «No es que en Dortmund jugáramos como juveniles, es que nosotros éramos así. Estábamos chalados y ellos se contagiaron también». Javi Moreno marcó dos goles aunque el Alavés perdió por 5-4 en una épica final.

Sobre los Carraguer, Gerrard, Hyypïa, Owen y compañía había mucha presión, vosotros en cambio no tenías nada que perder.
Exacto, pero Mané creo que se equivocó jugando con cinco atrás. Nosotros estábamos acostumbrados a jugar con un 4-4- 1-1 y los dos primeros goles del Liverpool no los vimos venir, no habíamos practicado lo suficiente con este nuevo esquema. Ahí fue cuando Mané reaccionó, quitó a un central y metió a Iván Alonso a jugar conmigo. Cuando nos metimos de nuevo en nuestro sistema y empezamos a ser el Alavés de siempre.

Levantas un 3-1 desfavorable. En el primero de tus goles Contra puso a prueba los ligamentos de tu rodilla.
Siempre se lo decía al feo, porque yo le llamaba así: “Feo, ponla a la primera que nos pillas en carrera” y el rumano me decía: “Gordo, yo tengo que hacer mi jugadita”. Jordi Cruyff y yo ya le conocíamos, pero claro, es que en aquella jugada yo no sé las veces que recortó. Llegó un momento que me quedé parado y al final, cuando le dio por centrar el balón, la pelota me quedó muy atrás, pero conseguí girar muy bien el cuello y marcar un golazo. Contra en su día fue el mejor lateral de Europa.

Lo que no sé es si el segundo, de falta, es un churro o...
Fue suerte, se me fue el pie de apoyo y le pegué a la pelota mordida, por lo que el balón pasó por debajo de la barrera. En la prensa se dijo que si era un pillo, que si era un listo... sí, sí.

«Fue una de las sensaciones (final de la UEFA) más bonitas que he vivido nunca en un campo de fútbol. Pensé en mis padres y en mis hermanos, sabía que estaban por ahí, pero no sabía donde. Marcar ese gol y saber que ellos estaban disfrutando me puso como una moto»

Se vino abajo la grada.
Fue una de las sensaciones más bonitas que he vivido nunca en un campo de fútbol. Pensé en mis padres y en mis hermanos, sabía que estaban por ahí, pero no sabía donde. Marcar ese gol y saber que ellos estaban disfrutando me puso como una moto.

No te gustó que Mané te cambiara.
Respeté su decisión, pero no la entenderé nunca. Cuando me cambió me enfadé muchísimo. Claro, el vio que teníamos el partido en tablas y quiso fortalecer el centro del campo. Iván Alonso acababa de salir, no le iba a quitar a él, quitó al otro delantero. Estoy seguro de que más de una vez habrá pensado “¿para qué cojones hice ese cambio?” Te contaré una anécdota.

Cuando empaté el partido estaban Hyypïa y Babel de centrales. Hubo un momento que les miré y estaban comunicándose entre ellos con gestos de “la que se nos viene encima”. Estaban acojonados.

Con 4-4 en la prórroga, os quedáis con nueve y llega el gol de Geli.
Le dio con la coronilla y la metió por toda la escuadra, increíble.  Encima ese año había gol de oro, que algunos en el banquillo todavía pensábamos que faltaban tres minutos para poder llegar a penaltis, pero que va, todo terminó ahí y nos quedamos destrozados, aunque orgullosos. Nos sentíamos ganadores. Han pasado muchos años y la gente se sigue acordando de aquello, incluso fuera de España e Inglaterra.

Hubo muchas críticas a Herrera, que un año antes había sido Zamora.
Esas críticas no me merecieron ningún respeto. Hizo dos años espectaculares. Karmona tampoco estuvo fino y era el espejo de todo el grupo. Lo veías correr con 35 años y te decías ¿cómo no voy a correr yo con 26?

En España Raúl te quitó el pichichi en la última jornada de liga.
Me lo quitó porque estuve lesionado dos meses y ahí perdí muchas opciones. Antes de eso le llevaba seis goles de diferencia. Él terminó con 24 y yo con 22.

Camacho te llamó para jugar un amistoso contra Inglaterra.
Eso fue lo más grande que me ha pasado en el fútbol. Camacho me pareció un tipo muy honesto, un bonachón. Entré por Urzaiz en el descanso, me hicieron un penalti, lo tiré y lo fallé. No empecé con buen pie, quise que me tragara la tierra, pero en el Tartiere, en un partido contra Bosnia clasificatorio para el Mundial de Corea y Japón, me desquité. Munitis me la puso y anoté el 2-1, había un ambiente espectacular en Oviedo.

16 millones de euros y un jugoso contrato te llevaron al Milan de Berlusconi, aunque lo tenías prácticamente hecho para volver al Barça.
Le dije a mi representante que esperara al Barça. Hablamos con Joan Gaspart y me pasaron un precontrato con una serie de cantidades que no eran las que inicialmente habíamos acordado. Aquel año entraba el euro por la peseta y claro, el truco fue que al cambio de moneda yo salía perdiendo. No sé si creyeron que me la podían colar o no, pero a mí no me gusta que me engañen así que le dije a mi representante que lo dejáramos estar. Unos días antes de la final de la UEFA, Antonio me llama y me dice que nos vamos para el Milan. Claro, a mí me cambió la cara, iba a jugar en uno de los más grandes.

Shevchenko, Gattuso, Maldini, Pirlo, Inzagui, Rui Costa... ¿cómo fue?
Fue extraño, pasé de un vestuario donde los jugadores iban a entrenar en chándal a otro donde llegaban con trajes de Armani. Yo estaba allí diciendo ¿qué vengo a entrenar o a una boda?. Cuando vi el percal me fui a comprarme ropa buena. Maldini era el mejor jugador y Gattuso, un compañero ejemplar.

¿Te impresionó San Siro?
No tanto el campo como las costumbres. En España lo normal antes de un partido es salir a calentar al césped, allí no, te quedas calentando en una sala interior. Era todo un poco frío, apenas sudabas.

No fue un gran año. Ancelotti tampoco terminó de confiar en ti.
El problema de Ancelotti era que tenía jugadores que cobraban tres veces lo que cobraba yo y tenían que estar en el campo sí o sí. Eso no me lo dijeron antes de firmar. En el Madrid creo que le pasó igual

«El problema de Ancelotti era que tenía jugadores que cobraban tres veces lo que cobraba yo y tenían que estar en el campo sí o sí. Eso no me lo dijeron antes de firmar.» 

Pues esa política te restó posibilidades de ir al Mundial.
Le metí tres goles a la Lazio en Copa y pedí que me dejaran salir, pero Galliani me dijo que de eso nada.

Te fuiste al Atlético y ganaron la Champions, ¿te arrepientes?
De lo que me arrepiento es de haberme ido al Atlético de Madrid. El equipo acababa de ascender y eran todo problemas, una época difícil. El club estaba intervenido judicialmente y la parte gorda de nuestro sueldo, que se repartía en diciembre y junio, no nos la dieron. Algunos compañeros tuvimos que denunciar ante la AFE. Yo recibí ese dinero pasados los años.

Eres clave en el primer derbi contra el Madrid tras el ascenso
Metí de penalti y nos pusimos por delante. Normalmente los penaltis los tiraba Fernando, pero aquel día Luis Aragonés dijo que si había alguno lo tenía que tirar yo. Empatamos a 2.

¿Torres te eclipsó?
No, para nada. ‘El Niño’ hizo los deberes y se mereció jugar siempre, ahí el que la cagué fui yo. No estuve a la altura, por temas extradeportivos no me centré.

¿Te fastidió especialmente que la prensa publicara que habías viajado a Italia para negociar tu vuelta con el Milan?
Fui a Milán porque tenía una tarjeta italiana que alguien duplicó y empezó a robarme dinero. Le pedí permiso al míster para viajar a Italia antes de empezar un partido. Luis me dijo “usted haga lo que le salga de los cojones, pero márqueme dos goles. Si me marca dos goles se puede ir donde quiera”. Entré en el segundo tiempo, marqué dos goles y ganamos. Hablé con Luis y me soltó “¿no le he dicho que si metía dos goles se podía ir, pues váyase”. Luis era un tipo genial, de carácter, y eso nos hacía chocar en ciertas ocasiones.

Tras un breve paso por el Bolton inglés te vas a Zaragoza, donde ganas tu único título, la Supercopa de España.
En Inglaterra el nivel de compañerismo fue cero, el único que se acercó a mí fue Iván Campo, que me acogió en su casa. El idioma tampoco se me dio bien y decidí acabar con aquella aventura. El Atlético me cedió al Zaragoza y empecé muy bien, de titular. Metí el gol del triunfo que lo celebré con toda la cara llena de sangre porque al rematar de cabeza ese balón me llevé un codazo, pero de alguna

«El Guaje es el mejor delantero con el que he jugado, un tipo muy listo. Le pegaba bien con las dos piernas, de cabeza, para lo pequeño que era protegía estupendamente la pelota y los desmarques los hacía perfectos.» 

Hiciste dupla con David Villa.
El Guaje es el mejor delantero con el que he jugado, un tipo muy listo. Le pegaba bien con las dos piernas, de cabeza, para lo pequeño que era protegía estupendamente la pelota y los desmarques los hacía perfectos. Dentro del campo nos complementábamos muy bien porque yo me pegaba con los defensas y él se aprovechaba de todos los balones que caían por ahí. Es un gran amigo.

Incomprensiblemente, dejas la Primera División y apuestas por volver al Córdoba, en Segunda B.
Dejé de contar para Víctor Muñoz y tenía ganas de volver a Córdoba. El contrato era muy apetecible, unos 250.000 al año.

Dos temporadas y 41 goles después sacas del pozo al club.
Me reencontré con mi mejor fútbol. Me llovieron patadas por todos lados, los rivales iban a degüello a por mí, y el año del ascenso me rompí el gemelo en el campo del Extremadura. Me perdí el playoff, pero acabé como pichichi y volvimos a Segunda. En Córdoba puedo decir que me quité una espinita.

En Segunda todo cambió, pasaste de ser imprescindible a contar poco para Paco Jémez y José González.
José González sólo me utilizaba de revulsivo, cuando al equipo le iban las cosas mal, pero nunca me sacaba cuando ganábamos. No me dejó disfrutar en el campo de las victorias y eso me quemó. En cambio, para Paco Jémez solo tengo buenas palabras porque es el mejor entrenador que he tenido. A día de hoy no sé como será, pero cuando estuvo en Córdoba era un tipo muy directo, que venía de frente. Me dejó un mes fuera de las convocatorias no por un tema futbolístico, si no de sobrepeso. El doctor del Córdoba le engañó.

Y ahora entrenando ¿cómo matas el tiempo?
Ahora estoy muy tranquilo, hace un tiempo hacía triatlones, pero es una actividad muy sacrificada y lo acabé dejando. El fútbol tampoco lo practico, a veces juego pachanguitas en Ibiza, pero cuando noto molestias en los gemelos enseguida me aparto. •