Mauro Silva: «Estaban Blatter, Aznar, el Rey… Una fiesta organizada para el Madrid y nos salió un gran partido»

Los aficionados del Deportivo le han elegido el mejor jugador de los 110 años de historia del club. Nadie lo discute. Regó el cesped de honestidad e inteligencia en cada uno de los más de 30.000 minutos que lució los colores de un club humilde que pasó de la Segunda a ganar seis títulos. “Elegirme a mí el mejor jugador en un equipo con Makaay, Valerón, Djalminha, Fran, Tristán, Donato… no lo merezco”. Cada 6 de marzo recuerda el 'Centenariazo'.

Texto Diego Barcala | Fotografía Jérémy Suyker.- Que un futbolista brasileño fije como fecha de una entrevista un martes de carnaval ya es toda una declaración de intenciones. El que aprovecha la fiesta para descansar es Mauro Silva (Sao Paulo, 1968), el mejor jugador de la historia del Deportivo de La Coruña para sus aficionados. Así lo votaron en el 110 aniversario del club celebrado el año pasado por encima de Bebeto, Valerón, Djalminha y Fran. La cita vía Skype ha durado varias semanas de mails y mensajes desde que el equipo de prensa del Deportivo contactara por primera vez con él para mostrarle el interés de Líbero en hacer una portada con su retrato.

Mauro es un hombre ocupado que se ha propuesto la difícil tarea de profesionalizar la estructura futbolística de Sao Paulo y de Brasil. Atiende desde el jardín de su casa, a 50 metros de la de su madre, motivo por el cual no vive en A Coruña. “En esta vida hay que ser agradecido y yo le debo todo a mi madre que me obligó a estudiar si quería seguir jugando al fútbol”. Mauro vivió la perdida de su padre con 12 años, siendo el pequeño de tres hermanos. Su madre se quedó sola al frente de la familia y a juzgar por lo que consiguió con el pequeño de los Silva, merece un monumento. El periodista Santiago Segurola defendió durante los años del Superdépor que si la Liga de Fútbol Profesional eligiera un jugador para su logotipo -como la NBA eligió a Jerry West- la silueta debería ser la de Mauro Silva.

¿Sabías que Segurola decía eso de ti?
Lo sabía sí. Que Santiago Segurola diga esto… Le tengo mucha admiración como periodista desde que estaba en El País porque me parece que tenía mucho fundamento lo que escribía y le seguía mucho. El fútbol además de divertir tiene que dar más a la sociedad. Hay gente a la que no le gusta la política o la economía pero le gusta mucho el fútbol. Entonces el fútbol tiene que servir para dar un buen ejemplo a la sociedad y mejorarla. Santiago Segurola, con su sensibilidad, lo reconoció. Pero otros como Xavi, Iniesta, Valerón… son también ejemplo. No sé cómo agradecerlo pero es un orgullo que después de los 13 años en el Depor la gente me reconozca eso. Ellos me han dado mucho más que yo a ellos. Pero un comentario como este, lo del Ayuntamiento con ponernos una calle, la Universidad con un campus Mauro Silva, Paco Vázquez con lo del rey Baltasar… Todo lo que pasó entre Mauro Silva y La Coruña me sorprende.



Mauro responde como jugaba al fútbol. Se anticipa, intuye la pregunta y tiene preparada la anécdota precisa y las personas a las que agradecer cada mérito. Vamos al inicio. Nadie sabía de dónde se había sacado Lendoiro a este fenómeno pero cuando llegaste al Deportivo ya eras internacional.
Con el Bragantino en el 88 ascendimos a la Seria A y en el 89 y en el 90 ganamos la Liga Paulista con Vanderlei Luxemburgo. Después se marcha y llega Parreira y jugamos la final de la Liga Brasileña contra Sao Paulo. Fueron dos años y medio muy intensos y llego a la selección con Falcao de entrenador. Una vez en la selección, el sueño de ir a Europa es más factible. Entonces firmé un precontrato con la Roma pero por el cupo de extranjeros la Roma ejecuta una opción que tenía por Caniggia, entonces no ejecutan la opción sobre Mauro. Y llega el Deportivo de La Coruña y digo, ¿Pero dónde está eso?

¿Quién fue el responsable del fichaje?
Se hizo a través de Manuel Lito Míguez Rey que en ese momento trabajaba en la Caixa Galicia en Rio de Janeiro. Es el primero que hace el contacto conmigo y con Bebeto a través de Lendoiro. Lito también fue presidente del Montañeros con Lendoiro y tenía confianza con él. Pero claro, me pareció algo muy lejano. Irse al Depor, conocía poco de Galicia. Me sonaba Santiago de Compostela por un libro de Paulo Coelho… y en principio, honestamente, no me parecía el mejor lugar, pero el Deportivo fue el que puso el mayor interés y la posibilidad de irme con Bebeto, dos titulares de la selección brasileña. Nos convencimos el uno al otro y pensamos que podíamos hacer cosas importantes. El histórico del Depor en ese momento, si no me equivoco, era de 19 años en Segunda División. Acababa de ascender y jugó la promoción con el Betis. Pero en primer momento era una oportunidad de ir a Europa para saltar a otro equipo.

Lito Míguez era un ejecutivo de banca reconvertido a representante clase en las grandes operaciones de Lendoiro. El expresidente tenía fama de gran negociador y engatusador tremendo en madrugadas eternas. ¿Cómo fue ese primer encuentro con la ciudad, Lendoiro y el club?
Hombre… Nos encantó la ciudad. Era preciosa como Rio en pequeño. Lendoiro es muy listo negociando, comimos de maravilla… pero nos encantó el entusiasmo del proyecto y efectivamente después de mirar atrás, se cumplió. Era muy difícil de prever en ese momento pero Lendoiro, con su facilidad para negociar, nos convenció. Así llegamos Bebeto y yo. Y Galicia, como es una tierra de emigrantes, nos hizo sentirnos muy a gusto.

Junto a vosotros llegó Nando del Valencia y Aldana del Real Madrid. Este último cuenta que Ricardo Rocha en el Real Madrid al decirle que Mauro y Bebeto eran dos grandes fichajes.
Habíamos jugado la Copa América juntos en 1991, con Rocha, Bebeto… Es que eran otros momentos. Es impensable que ahora el Depor fiche a dos titulares de la selección. Se retransmitían pocos partidos y fue posible. Pero éramos dos jugadores titulares con Brasil. La apuesta fue muy fuerte.


Vas a decir que la gente te quería mucho y que estabas muy a gusto, la familia… Pero resulta inconcebible que aguantaras 13 años en el club. Un jugador como tú, fiable 100%, era una inversión segura para cualquiera de los grandes. ¿Por qué te quedaste?
La verdad es que al principio, al año y medio o dos, empezaron a llegar muchas ofertas. Principalmente de Italia. Pero es que Lendoiro apostaba muy fuerte. Siempre que venía una oferta, renovaba el contrato, subía el sueldo… Hay que reconocer que después de 13 años la deuda llegó a un punto importante pero en aquel momento el crédito, los bancos, las facilidades… era todo diferente. No solo apostó con nosotros, porque Bebeto estuvo cinco años, es que trajo a Rivaldo, a Djalminha… Además, hizo cosas que ayudaron. Por ejemplo, con Rivaldo, que estuve cerca de la negociación, el Depor pagó 12 millones y el Barcelona pagó la cláusula de 40 millones más IVA. Flavio Conçeiçao, algo parecido. Al mismo tiempo, el Depor estaba en Liga de Campeones y entraba bastante dinero. Makaay, Tristán, Sergio… Eso hizo mucho para que nos quedáramos. Además, aparte de que se viviera bien en la ciudad, es que el proyecto deportivo no era fácil de mejorar. En los 90, Madrid, Dépor y Barcelona estábamos a la par. Por mucho que estuviera a gusto en la ciudad, si el proyecto deportivo no hubiera sido bueno… Pero es que te pongo un ejemplo: la Roma, pero es que en ese momento la Roma no jugaba Champions, la Fiorentina, lo mismo. Las ofertas tenían que ser de equipos con dinero y proyecto parecido con el Depor y eso en aquel momento no fue tan sencillo. Eso fue clave para que estuviera tanto tiempo.

Dices que estuviste cerca del fichaje de Rivaldo. ¿Es cierto que decidió contigo irse?
Fue así. Estábamos en la habitación después de desayunar. Sonó el teléfono: “Rivaldo, que el Barça te quiere fichar. Piénsalo porque te llamamos en 15 minutos”. Se llevó un susto y me dijo: “Mauro, no sé qué hacer”. Le dije: “Mira Rivaldo, ¿Tú estás a gusto? ¿Tu familia está bien”. Y me dijo: “Sí, estoy muy bien”. Le dije: “Pues piensa un número por lo alto y pide”. Entonces llamó y dijo quiero ganar tantos millones libres de impuestos y le dijeron en 15 minutos: “Vale”. Y así fue. Entonces le dije: “Rivaldo, te tienes que marchar porque ya te has comprometido, no te puedes echar atrás”. Era el Trofeo Teresa Herrera y nos sentamos después del partido Rivaldo, Lendoiro, José Manuel Corral, que era el entrenador, y yo. Y cuando Rivaldo le dijo A Lendoiro la oferta, pues le dijo: “No hay nada que hacer”.


Otro personaje inigualable de aquel equipo era Arsenio Iglesias. Un tipo peculiar, con un carácter muy gallego. ¿Qué pensaste cuando supiste que era el entrenador?
Me sorprendió un poco por la edad. Pero te digo honestamente. Cada vez más es más difícil separar la parte humana de la profesional, cada vez estoy más convencido de eso. Detrás de un gran profesional tiene que haber una buena persona. Porque si no, te va a costar relacionarte y  a la larga con las personas conflictivas y difíciles, cuesta mucho. Y Arsenio, por muy gallego que fuese, en la parte humana era muy importante. Nos hizo estar muy a gusto y rendir más. Sabía mucho de fútbol, no le gustaba nada la prensa, pero su lado humano fue muy importante y clave del éxito. Hasta hoy le tenemos un cariño enorme. Un entrenador hoy día tiene que saber gestionar un grupo multidisciplinar porque de los conocimientos técnicos, tácticos… de eso te puede ayudar mucha gente, pero él tenía las ideas muy claras. Y nos acogió como a sus hijos.

Echando la vista atrás, hay quien piensa que Arsenio, y sobre todo Irureta, no sacaron todo el rendimiento a los grandes jugadores de la época.
Un equipo para tener éxito tiene que tener organización y encajar pocos goles. Vale que luego teníamos a Makaay, Valerón, Tristán, Djalminha, Luque, Pandiani… pero al principio no era así. Y para competir con grandes equipos se empieza desde atrás. Tanto con Arsenio como con Irureta pienso que se pudieron ganar dos Champions perfectamente. Fallamos en casa contra el Oporto, yo estaba fuera por una amarilla y Andrade también… Y luego Leeds, en Inglaterra que también nos salió mal y estuve sancionado. Por eso valoro mucho el trabajo de Arsenio e Irureta. Por supuesto que los aficionados pensarán que había mucho talento y se podía jugar más arriba pero no sé, no sé. Ganamos seis títulos. Nos faltó la Champions pero fueron tres subcampeonatos de Liga para un equipo como el Depor. Pensar en que se podría haber hecho mejor, es quitar méritos a estos entrenadores. Quizá fallamos nosotros en el campo, pero estamos hablando de un nivel tan alto.

Hay un partido, en esa primera temporada, que es considerado el origen del Superdépor. Una victoria con remontada en Riazor contra el Real Madrid. ¿Fue ese partido clave?
Ricardo Rocha nos echó un cable con un gol en propia meta… Pero sí, fue clave ese partido, sin duda. Cuando llegué a España me llevé un susto porque un periodista me dijo: “Acostúmbrate a perder porque con el Depor vas a perder mucho partidos”. Pero aquel partido fue un punto de inflexión en la trayectoria con el Deportivo. Nos dio alas. Nosotros pensamos en ser capaces de hacer algo importante. Ahí nace el Superdépor y con la confianza pensamos en aspirar a ganar. Se produjo un cambio increíble en La Coruña que era una ciudad muy madridista. A partir de ese partido se creó un ambiente de hostilidad contra el Madrid que le hizo estar 17 años sin ganar en La Coruña. Recuerdo una entrada de Hierro a Fran en ese partido que hizo que la afición se echara encima. Riazor se torna un fortín inexpugnable desde ese momento. Se crea un ambiente terrible para los visitantes. Allí han caído todos. El PSG perdió después de ir 0-3 en 20 minutos… Pero sí, ese partido es el inicio.

La mayor gesta fue recuperarse al mazazo de perder la liga por un penalti en el último partido. El famoso penalti de Djuckic.
El momento más triste de mi carrera. Es que ganar la Liga con el Depor en el 94 después de liderar la competición toda la vuelta por un penalti. Sí, recuperarse de ese momento y ganar la liga en la 99/00… En aquel momento tuve muchas dudas de que pudiéramos volver a hacer cosas grandes.



Es que en ese momento, no erais grandes. Era una revelación de una temporada.
No, no lo éramos. Creo que Lendoiro y la afición… que en los momentos de sufrimiento une mucho. Salimos la siguiente temporada a por todas gracias al cariño de la afición. Cómo se portaron con Djuckic y con todos. Pensamos: merecemos darle una alegría a esa gente.

En tu carrera hay un partido muy característico que fue el Centenariazo. Revisando el partido, el narrador, José Ángel de la Casa, repite una y otra vez: “Mauro, otra vez Mauro, ahí está Mauro… ¿Quién si no? Mauro otra vez…”.
Es difícil decir que fue el mejor… Pero quizá fue el que más visibilidad tuvo. Estaba Blatter, José María Aznar, el rey Juan Carlos… Una fiesta organizada para el Real Madrid y nos salió un gran partido. Más contento con la victoria del Depor. Me alegra mi actuación personal y coincidió con el triunfo del equipo con una adversidad tremenda, el estadio, la entidad del rival, el público. Fue inolvidable por eso. El centenario, la familia real, la FIFA…

Y la anécdota de Flavio, que parece tan perfecta que incluso igual es un mito.
Fue cierto porque yo estaba con Djalminha en ese momento. Nos encontramos con Flavio y nos alegrábamos de volver a verle y fue todo muy espontáneo. “Flavio, nos vemos luego para cenar…” Y la respuesta de Flavio fue muy natural porque era impensable que el Madrid no ganara el partido. “Mira Djalma lo siento, es que hay una fiesta montada después, no puedo quedar con vosotros”. Entonces claro, Djalma que es muy pillo y muy listo le dijo: “Ah, ¿habéis ganado ya?”. Nos hizo gracia pero nos motivó mucho. En estos partidos yo no suelo salir al estadio desde el vestuario, pero salió Djalma y volvió y le pregunté: “¿Cómo está eso?”. Y me dijo: “Está toda La Coruña ahí fuera”. Había 25.000 personas. Lo cierto es que la parte de la afición del Depor nos ayudo mucho. E hicimos cosas bien como empezar la primera parte con Molina en la parte de la afición del Madrid y en la segunda parte estuvo respaldado por los nuestros. Estuvimos atentos a todo.

«Hay gente a la que no le gusta la política o la economía pero le gusta mucho el fútbol. Entonces el fútbol tiene que servir para darun buen ejemplo a la sociedad y mejorarla».

Hay otra anécdota de Djalminha, esa en la que le pedisteis algo especial en un partido contra el Madrid y la lió.
Fue en el túnel. Hablamos y le dijimos a Djalma que había que salir a por todas y hacer cosas especiales desde el primer momento para meter a la afición. Djalma: “Deja, deja… Ya me ocupo yo”. Y como está loco y nunca se sabe lo que va a hacer. No me lo esperaba pero claro el efecto que produjo, pero es que por increíble que parezca esos detalles pueden cambiar un partido. Aquella jugada desconcertó a todo el mundo. Incluidos a sus propios compañeros como era habitual. Djalma es un fenómeno. También pasaba contra el Celta y luego hacía esto con Mostovoi. Es un loco. Pero qué futbolista.



¿Fue el partido contra el Milan el mejor de todos esos años?
Kaka, Cafú, Dida… La remontada era muy difícil. Salimos a ganar el partido antes de pensar en remontar. Pero a los cinco minutos metimos el primero, el segundo llega poco después. El Milán salió con exceso de confianza y cuando se dieron cuenta el partido estaba 3-0. De ahí lo que hablábamos del fortín de Riazor y su magia. La anécdota de este partido es que Pirlo en un libro suyo dijo que estábamos dopados. (Mauro se parte de risa) Es que al acabar la primera parte que ganábamos 3-0 estábamos Pandiani y yo en un córner. Pitó el descanso y nos fuimos corriendo al vestuario. Entonces nos vieron el resto y también salieron corriendo. Los del Milan salían con paso cansino y nosotros corriendo al vestuario. Nosotros queríamos mostrar que podríamos jugar tres partidos seguidos. Pirlo pensó qué les pasa a estos tíos que corren 45 minutos y encima salen corriendo en el descanso… Hombre lo de Pirlo en su libro…

Has dicho en alguna entrevista que el jugador más difícil contra el que has jugado fue Maradona. ¿Cuándo os enfrentasteis?
En un Brasil contra Argentina. Jugué también cuando estaba en el Sevilla pero no era igual. Pararle en Buenos Aires era como hacerlo ahora con Messi. Y claro, mete un gol o da un pase de gol y la responsabilidad es tuya. Porque yo salía para anular a ese jugador. Lo dije porque uno de mis puntos fuertes era la intuición. Controlaba muy bien el patrón de juego de los futbolistas porque todos tienen un patrón definido. Algunos salen a derecha otro les gusta este regate, tirar a puerta desde esta posición… Y yo lo estudiaba mucho y sabía perfectamente las jugadas y regates de los jugadores. Pero a Diego no lo controlaba para nada porque tenía un repertorio tan amplio y tanta técnica que era imposible de parar. Por eso dije que era el más difícil de parar.

¿Cómo era tu método de trabajo? ¿Veías vídeos de los rivales o era pura intuición?
Vea muchos vídeos y tenía facilidad de verlo jugando. Sabía lo que iban a hacer en cada momento por mi posición y la manera con la que aprendí a jugar al fútbol. También creo que todo estímulo cognitivo que tienes desde la infancia te aporta. Porque yo empecé con el Guaraní que me pagó un curso de técnico de procesamiento de datos, mi madre quería que siguiera estudiando… Y creo que todo estímulo o cultura, te ayuda en el campo porque te estimula y desarrolla tu mente y partes del cerebro que toman decisiones cuando juegas. Tenía muy aguda esta capacidad de mirar a los jugadores y anticiparme. Quizá lo desarrollé de joven y lo aumenté jugando. Pero tenía un punto muy fuerte porque tenía un porcentaje de acierto muy alto adivinando los movimientos de los rivales.

¿Existe una relación de esas virtudes con tu infancia?
Sí, lo tengo absolutamente claro. Nosotros en Brasil hablamos ahora de una formación integral. Formar a un futbolista no solo es formarlo técnicamente. Si le formas académicamente, culturalmente estás formando una persona mejor. Si además es un niño, más desarrolla y más mejora. Cuanto más inviertes en el hombre mejor va a ser el futbolista. Va a manejar mejor a los medios, va a aprender un idioma, va a ser mejor compañero…

Pero hay excepciones. Valdano dice que Maradona jamás surgiría en Japón. Y por ejemplo, Djalminha tenía un talento muy intuitivo.
Esto también es escuela que es en Sudarérica. Aquí en el regate somos los mejores. El Barça tiene buenos jugadores pero en los últimos metros está la escuela suramericana de Neymar, Suárez y Messi. Quizá es más divertido jugar aquí que en Alemania e Inglaterra. Ese talento está bien, pero si inviertes en la cultura de esa persona habrá mejor futbolista. Estoy convencido de que lo que hizo mi madre obligándome estudiar me ayudó a ser un futbolista mejor y pasar 13 años en una ciudad donde me relacioné con la Universidad, el Ayuntamiento… Sin esta formación no habría podido.

He visto en tus redes sociales y en tus últimas actividades que eres muy amigo de Raí, precisamente el jugador sacrificado de la alineación de la campeona en EEUU 94.
El ejemplo de Raí es bueno porque era el capitán y probablemente la estrella del equipo. Y salió del equipo porque no estaba rindiendo bien, llegó después de dos años sin vacaciones y no estaba bien. Salió del equipo y ni una mala palabra ni un mal gesto, apoyando al grupo… Nada. Entró Mazinho e hizo el equipo más defensivo pero también para dar el último pase a Romario y Bebeto. Rai demostró que éramos una piña y después de 24 años sin ganar teníamos que tener cuidado. La selección del 82 encantó pero no ganó. Y con un poco de atención defensiva podría haber ganado. Y Parreira sabía cuál era el objetivo y aunque éramos defensivos, ganamos y demostramos que el futbolista brasileño que tenía fama de indisciplinado tácticamente también sabe jugar en equipo al estilo europeo. La clave es poner el equipo encima de los intereses personales. En el fútbol el ego está muy presente porque hay grandes estrellas, pero sin los intereses del equipo no hay nada.



Dices que Raí era la estrella pero aquel equipo era un ladrillo con Romario arriba. ¿Cómo consiguió estar tan en forma ese Mundial?
La gran estrella era Romario y también Bebeto. Teníamos a Muller y Ronaldo, con 17 años, en el banquillo. Romario es especial porque es difícil controlarle, sale por ahí, va de fiesta… pero tenía una determinación por ganar tremenda y eso a veces es lo importante. Porque podemos ser todos muy buenos chicos pero necesitas a alguien que salga y meta goles y eso Romario lo hacía mejor que nadie. Entonces le cogimos y le dijimos, mira Romario por favor contrólate, no te líes no hagas nada… Le tuvimos muy motivado y a su aire como era típico de él pero dentro del campo tenía un compromiso y determinación tremenda.

¿Qué pasa con la selección actual? ¿Cómo es posible que exista esa sequía de talento?
Lo que pasa es que siempre hemos sido muy buenos dentro del campo. Hemos ganado cinco mundiales formando a los jugadores en la calle. Pero hoy con la urbanización de las ciudades, no hay tanta calle. Es un fenómeno mundial. Yo tenía de niño un balón y una bici como mucho. Hoy en día tiene un macbook, un spmartphone… tienen otros atractivos. El fútbol tiene muchos competidores hoy. Antes los formábamos en la calle pero después en la categorías de base, en las escuelas, no había gente cualificada… No solo los entrenadores, sino tener toda la formación necesaria en administración, técnica… Nosotros como ganábamos igual, creíamos que no era importante y cuando faltan los jugadores es cuando te das cuenta de las carencias de Brasil en administración.

«Podemos ser todos muy buenos chicos pero necesitas a alguien quesalga y meta goles y eso Romario lo hacía mejor que nadie. Entonces le cogimos y le dijimos, mira Romario por favor contrólate».

¿De ahí las quejas por el derroche de dinero en el Mundial? ¿Se ha perdido una oportunidad?
La gente ha disfrutado mucho. Pero hacer 12 estadios… Creo que con ocho sedes estaba bien. Hay Estados de Brasil con menos equipos profesionales donde un estadio es una inversión muy alta y ahora pasado el mundial, ¿qué haces?. En Rio, Sao Paulo, Porto Alegre… sí, pero ¿Brasilia? Se podría haber utilizado el dinero en formar personas. Pero hay que aprender de los errores y hacerlo mejor. Ahora se empieza un proceso en Sao Paulo, donde trabajo ahora en hacer un proceso de formación de otra manera, ayudar a los clubes a tener una gestión más profesional, que entiendan que la base no es gasto sino es inversión y esto hay que mejorar.


¿Piensas en volver a vivir en A Coruña? Creo que tiene un hijo gallego. ¿Ha salido futbolista?
No, está en Boston en la Universidad. Ya me gustaría que salieran dos fiera como a Mazinho (padre de Thiago y Rafinha). Marcharme fue difícil. 13 años con una ciudad que me ha dado tanto. Si hubiera tenido algún vínculo con el Depor me habría quedado pero como en ese proceso de transición no tenía nada pues me marché. ¿Echo de menos La Coruña? Por supuesto, a veces tengo dudas de si he tomado la mejor decisión. Pero es muy importante ser agradecido y mi madre me hado todo en la vida. Y ahora que tengo una posición de tranquilidad económica poder estar con ella emocionalmente es importante. Pero sí, fue difícil marcharme porque España y Coruña es mi vida y mi casa. Lo que me ha dado toda la gente, es… Di lo mejor en el campo pero cómo me trató la gente.… Porque elegir a Mauro el mejor de la historia en un equipo en el que han estado Rivaldo, Valerón, Fran… futbolistas, que te lo digo yo, mucho mejores que yo. pero la gente valora el carisma del compromiso, el comportamiento. Pero como futbolista Donato, Makaay…

Igual es que has rentabilizado muy bien el único gol que metiste en 13 años…
Es que no veías los entrenamientos. Mi fuerte eran los entrenamientos que metía muchos goles…

¿Y volver al Depor?
Estuve con Lendoiro y lo hemos hablado y siempre surgen conversaciones. También con Tino Fernández. Además del tema económico, necesito un proyecto que me motive. Ahora tengo un desafío muy importante en Sao Paulo. Tengo mucho trabajo y responsabilidad. Es un desafío como lo fue todo en mi carrera. Me encantaría, pero desde un proyecto para hacer cosas importantes. No quiero ser entrenador. Me gusta más la gestión y la administración. Siempre he tenido buena relación con Lendoiro y la directiva actual. Ahora trato de aprender mucho y nunca se sabe. Es el equipo de mi corazón. Si puedo echar un cable lo haré.