Alessandro del Piero: "Todo se decide ahora"

Ismael Monzón - La mesura, el ejemplo, la sobriedad, el talento y la victoria. Las características que definieron siempre al fútbol italiano se resumen en Alessandro del Piero. 

Llega a su agencia de representación en Turín a la carrera y lo primero que hace es cambiarse las deportivas por unos zapatos blancos y negros, aparentemente a la moda. Va con prisa porque una hora más tarde debe coger un tren a Milán, donde le espera otro compromiso con la televisión italiana. Por suerte, la estación de ferrocarril de Porta Nuova está a dos pasos del estudio escogido por Alessandro Del Piero para la entrevista. Una galería de arte moderno, propiedad del futbolista convertido ahora en filántropo, donde se exponen fotografías con fines benéficos.

Esta vez los protagonistas inmortalizados son deportistas paralímpicos, pero ni con esas el espacio deja de ser de un blanco que hiela. Parece construido para –todavía- un joven de 42 años que no tiene un segundo, que alterna su vida en Los Ángeles con una visita mensual a Italia en la que combina eventos publicitarios y retransmisiones deportivas. Algo funcional, parece querer decir el lugar. Aunque Alessandro lo entiende como su casa, donde lo reciben su hermano Stefano, que actúa como representante, y una secretaria japonesa llamada Juri, que lo conecta con el mercado asiático.

Definitivamente no le ha ido mal al chico de Conegliano (localidad de 32.000 habitantes del Véneto), que pasó de dar las primeras patadas a un balón cobijado por su madre, limpiadora, y su padre, electricista, a lucirse jugando al golf en la presentación de la Ryder Cup en Minnesota junto a Michael Phelps o intercambiando canastas con Steve Nash.

Alessandro del Piero en la entrevista. Giulia Zucca

Su futuro empezó a cambiar recién cumplida la mayoría de edad. Apenas se había fogueado en el Pádova, a unos pocos kilómetros de casa, cuando la Juventus le propuso el salto de la clase media a la aristocracia. El respetabilísimo Gianni Agnelli confió en Del Piero como embajador de la Vecchia Signora y al desde entonces capitán le tocó abanderar la imagen de una Italia ambiciosa, vencedora y, sobre todo, rica.

No se permitió más rebeldía que su famosa lengua al viento, cual seguidor de Mick Jagger que acude a un concierto en Jaguar. Y ahora incluso niega ese gesto para la sesión fotográfica, como si su perfil de diplomático le hubiera devorado. Conoce el protocolo, se siente a gusto, bromea y conecta su rostro carismático para comenzar. Aunque cuando la respuesta no es automática, se permite unos segundos de pausa, baja el tono y se ve al chico que siempre se consideró el más tímido de la clase.

Cuando terminan su carrera muchos pierden la forma, engordan… ¿Tú qué haces para estar así, hay algún secreto?

Es que no he terminado mi carrera, estoy buscando un nuevo equipo [ríe]. No, estoy bromeando. He terminado hace poco y me sigo entrenando a menudo. Juego con los amigos, corro detrás de mis hijosDurante tantos años ha sido mi filosofía de vida y estoy feliz haciendo lo que me gusta. No podría llamar trabajo al deporte.

Siempre pareciste muy metódico. No eres de los que se metían en el barro a jugar con la pelota.

Empecé a jugar detrás de mi casa. Era una zona de campo y teníamos una cancha de fútbol. Cuando iba a casa de mis amigos, jugábamos en el cemento, en un callejón sin salida. En los pueblos juegas donde puedes. Me gusta recordar aquello, jugar en campos de 10 metros, donde tenías que pasar por debajo de una valla para entrar. Había quien jugaba descalzo, otros con zapatillas…

Pero no tienes cara de haber sido un niño malo.

No, yo era el más pequeño, el más tímido.

¿El niño bonito de la pandilla?

Tampoco fui nunca un niño guapo, ese era un amigo mío. El más simpático era otro. Yo era simplemente el que mejor jugaba al balón, el número uno del equipo.

¿Y buen estudiante?

Sí, nunca he repetido ningún curso. Me he dedicado siempre a los estudios con esfuerzo. Creo que el primer ejemplo de madurez te viene en la escuela. Cuando empecé a entrenarme de un modo más profesional por las mañanas, iba a la escuela por la tarde. Recuerdo estar muy feliz de poder hacer las dos cosas a la vez.

¿Fue el fútbol tu principal inversión?

El fútbol ha sido mi vida, mi pasión. Un niño siempre quiere ser futbolista, ganar torneos… pero para que se haga realidad, hay que ir lentamente. Depende de los otros, de tus elecciones, de lo que te digan en casa.

¿Qué te dijo tu madre cuando te fuiste a la Juve con 18 años?

Se puso muy contenta, sobre todo porque cumplí con la ilusión de mi padre que era juventino. Era una gran responsabilidad para un chico de 18 años, pero también un sueño que se hacía realidad. Yo ya estaba fuera casi siempre, por lo que las preocupaciones de mi madre eran las de cualquier otra madre, que su hijo estuviera bien. Sobre todo de una madre italiana...

Y siendo el más tímido de tus amigos, ¿te has sentido solo en un campo de fútbol?

Sí, el fútbol es un juego de equipo, pero al final te enfrentas a ti mismo. Mantienes siempre un debate interno por saber si has entrenado bien o si todo está en orden. Uno se siente solo en el fútbol.

Siempre pareció que dominabas la situación…
Las derrotas te dan un punto más. Te hacen preguntarte qué ha pasado, por qué no has conseguido un objetivo. Las victorias obviamente también tienen un peso específico en tu sabiduría, en ser ambicioso. Pero es un error cuando uno dice, ‘ya soy maduro y ya puedo gestionar todo
.

¿Qué piensas de jóvenes que llegan alto en el fútbol, hacen una fortuna y después pierden la cabeza?

Había alguno en nuestra época… y también ahora hay ejemplos, aunque no vamos a decir nombres. Por desgracia, no es fácil gestionar este tipo de situaciones. No es sólo el dinero, sino que hay que saber muy bien cómo comportarse con la familia, los amigos, entender su modo de pensar, cómo han crecido… Es algo muy complejo de ver desde fuera.

A ti el presidente te dio muchísima responsabilidad desde el principio.

Sí, el primer año estuve entre el primer equipo y el filial, pero el segundo ya jugué 29 partidos. Tuve una presencia importante y decidieron no renovar a Roberto Baggio, que era un ídolo para todos. Apostaron por mí, pero yo era sólo una promesa, un chico de 19 años que había jugado una temporada en Serie A. Nunca me consideré sustituto de Baggio.

¿Quién eras tú en aquella Juve?

Un aficionado al fútbol, que jugaba siempre al balón y que consiguió convertirse en futbolista.

Del Piero, tras la final de 1998 contra el Real Madrid. Getty

Pero no en uno cualquiera.

Obviamente tengo una historia única en esta sociedad. He tenido la fortuna de hacer una carrera larguísima y ganar todo con este equipo. He tenido también la oportunidad de abrir otro capítulo en Serie B y ayudar al equipo a resurgir. Después de tantos años, es lógico que se produzca esta conexión fortísima con la gente.

¿Por qué no traicionaste nunca al equipo, ni siquiera en aquel descenso?

Fue una decisión espontánea. Era un momento de gran dificultad para un equipo que me lo había dado todo, del que era aficionado y capitán. Me parecía algo natural. Cuando el presidente me preguntó qué pensaba hacer, yo le dije: ‘aquí estoy.

Para entonces ya te habías ganado la confianza de los Agnelli, la familia propietaria del club. ¿Cómo fue tu relación con Gianni Agnelli, ‘Il Avvocato’?

Él se definía como un aficionado especial. Representaba de un modo extraordinario a este equipo, pero nunca dejó de ser un aficionado. Es difícil hablar de la relación con una persona así de increíble. Tenía la capacidad de asombrar en cada decisión que tomaba. Fue muy bonito haber compartido este momento de la historia con él.

A ti te definió como Pinturicchio, como el pintor. ¿Te consideras más un artista o un obrero?
Por el tipo de juego, creo que me puedo definir como un trabajador. En el fútbol que ya se jugaba entonces y que sigue dominando ahora no vale sólo el talento, sino que es fundamental la integración táctica.

¿Cómo era Zidane? ¿Hizo alguna vez alguna broma en los cinco años que pasasteis juntos?

Era un chico por el que tengo mucho respeto. Era simpático y sí, bromeaba. Fuera del campo siempre ha dado un aspecto más hermético, pero en realidad era muy sencillo y buena persona. Era muy inteligente, se podía hablar de cualquier cosa con él.

¿Celebraste su primera Champions como entrenador?

Claro, me alegré mucho por él. Debo decir que ya lo había advertido, pensaba que podía hacerlo. Zizou fue un gran compañero en el campo, pero sobre todo una persona a la que siempre he admirado. Creo que tiene la calidad necesaria para hacer una gran carrera de entrenador. La calidad humana marca la diferencia, además de su historia de excelencia absoluta como futbolista.

¿No fue entonces casual?

Los éxitos nunca son casuales. Está en el principio de su carrera y es cierto que empezar ganando una Champions crea muchas expectativas para el futuro. Pero digamos que comienza de entrenador como lo fue cuando era futbolista, como un vencedor.

¿De qué se hablaba en aquel vestuario que estabais ambos?

Había quien tenía una carrera y otros que sólo jugaban a videojuegos. Yo puedo decir que he tenido la suerte de estudiar y no jugar tanto a los videojuegos.

¿Cuál es el último libro que has leído?

Lo último, La Gazzetta dello Sport.

Ah, ése se lee rápido.

Depende de si hablan de ti o no. No, en serio. El último libro en el que me he involucrado es uno que ha escrito la persona que ha seguido mi condición física durante los últimos 10 años. Estuvimos mucho tiempo juntos y le he ayudado a escribirlo. Se trata de algo muy técnico, pero la preparación física es algo que siempre me ha preocupado. [Codice Del Piero, escrito por Roberto Piga y editado por Mondadori].

¿Cómo es Noel Gallagher? Creo que sois amigos.

Como otros tantos artistas, es alguien que te regala emociones. Aunque no es que nos veamos todos los días, él vive en Inglaterra y yo en Los Ángeles. Nos encontramos varias veces y tuvimos una simpática historia en el Mundial, que él siempre recuerda (Del Piero es fan de Oasis e invitó a Gallagher a ver la semifinal del Mundial 2006 de Italia contra Alemania. Del Piero le dijo en el hotel que estaba disgustado por ser suplente pero que saldría del banquillo y metería un gol. Como se cumplió su deseo, le pidió a Noel que fuera también a la final, pero con la condición de llevar exactamente la misma ropa que ese día. Noel siempre lo resume así: “Me convertí en la mascota de la suerte de Italia”). Aunque él y su hermano sean así de particulares, es un chico más normal de lo que parece. Le gusta hablar mucho de deportes y es apasionado del fútbol, del Manchester City.

Del Piero celebrando el Mundial de 2010. Getty

Tú perfil es el de un triunfador. Pero también has perdido varias finales, entre ellas la de Ámsterdam en 1998 contra el Real Madrid. Vosotros erais favoritos entonces…

Si hubiese sido un campeonato, probablemente habríamos ganado. Pero una final está llena de aspectos emotivos, de la casualidad… Aquel año el Real había ido muy mal en la Liga y nosotros acabábamos de ganar nuestro campeonato. Su gol fue además en fuera de juego, pero al final debes reconocer con amargura que ellos fueron quienes ganaron y darles la enhorabuena. Las finales que he ganado me han dado cosas increíbles, pero las que perdí… En fin.

 

Años más tarde, sin embargo, jugaste en el Bernabéu, marcaste dos goles y te marchaste del campo ovacionado.

Me gusta definir aquel momento como completo. Recibir un homenaje de este tipo en uno de los cinco lugares más envidiados del mundo, con un público tan refinado, que ha visto a tantos campeones triunfar en su propio estadio, es un motivo de gran orgullo. En ese momento, dices: ‘Ha pasado algo extraordinario y tú has sido el protagonista, por lo que debes sentirte muy feliz.

En España siempre se te comparó con Raúl. ¿Sois los últimos representantes de un fútbol ligado a un escudo?

Se ve menos esta figura, pero sigue habiendo jugadores que están jugando toda la vida en su equipo. Lo que tengo en común con Raúl es que fuimos creciendo a la vez. Representábamos a nuestro equipo y fuimos capitanes. Creo que él, como yo, ha demostrado siempre un corazón y una determinación única.

Totti también estaría en este capítulo. El año pasado se especuló con su retirada y ahí sigue.

No me gusta hablar de esto porque es algo muy personal. Pero creo que él representa a la Roma y representará un mañana que no se volverá a repetir. Creo que son situaciones distintas, aunque cuando pienso en Totti pienso en la Roma. En esto sí somos iguales.

¿Has sentido envidia por algún jugador?

La envidia es una palabra fea. Pero si me preguntas si me habría gustado estar en el puesto de alguno, sí.

¿Por quién te habrías cambiado?

Cada día, por cualquiera que gana o que ha tenido éxito. Lo primero que pienso es: ‘La próxima vez, me toca a mí’. Mi espíritu era muy competitivo. Es un momento lo que he deseado, no una carrera o el puesto de nadie. Estoy orgulloso de lo que he hecho.

¿Nunca has hecho nada malo?

Sí, pero no te lo voy a decir. Sería tonto.

Probemos. ¿Has salido de fiesta alguna vez antes de un partido?

¡No!

¿Nunca?

En Italia hacemos la concentración incluso en casa. Después de los partidos, sí. He salido con mis amigos, mis compañeros o incluso solo.

¿Sentiste rabia con Capello?

Rabia no. Tuvimos problemas, pero los conseguimos superar. Me lo encontré hace no mucho en una cena con Raúl, en la que también estaban Puyol y Desailly. Siempre es bonito encontrarte con gente con la que has coincidido tanto, pero con la que no has tenido tiempo de profundizar.

¿Qué le ha pasado al fútbol italiano? No parece que haya mucho más allá de la Juve

En los últimos años, la Juventus ha acumulado una gran ventaja gracias a un proyecto claro, la estabilidad de la sociedad, la solidez económica y también gracias a un precioso estadio en propiedad. La competencia que hoy puede parecer lejana, mañana puede acercarse. Pero es cierto que la Juve ahora mismo es la más fuerte y ha sabido garantizarse un futuro.

¿Está preparada para el asalto a la Champions?

Coincido con Allegri en que si en la fase de grupos no ha sido brillante, hablaremos a partir de marzo. Todo se decide en primavera.

En la selección hicisteis un grandísimo equipo que llegó a ser campeón del mundo, con Totti, Cannavaro, Pirlo, Buffon… Faltaba Maldini. No te pregunto quién era el mejor de ese equipo, sino el más guapo de todos.

¿El más guapo? No lo sé. Gattuso, quizás.

¿Estás seguro?

De verdad. No veo el momento de escucharle y ver su cara cuando lea esto. Seguramente me llamará y empezará a insultarme…

¿Le pasa un poco lo mismo a la selección que a la liga italiana? Hay algunos jugadores jóvenes, pero no está claro que esté lista para volver a ser la que fue.

La fase de grupos en la clasificación para el Mundial es dificilísima, sobre todo por enfrentarnos a España. Pero por primera vez tenemos un grupo de jóvenes que pueden formar un grupo de alto nivel. Sobre la base de Conte del Europeo y los nuevos que ha traído Ventura, tengo confianza en que se llegue a reconstruir un equipo que nos vuelva a dar alegrías.

¿Cómo viviste esa victoria en la Eurocopa contra España?

Como un tifoso, muy feliz por los azzurri, que han jugado un Europeo fantástico y sólo se han visto superados en los penaltis. Creo que si hubiésemos ganado a Alemania, hubiéramos llegado hasta el final. Todavía tengo compañeros en el grupo, por lo que aún me siento un poco partícipe. La camiseta azzurra es siempre la camiseta azzurra

¿Cómo recuerdas el último partido con la Juve, como un momento triste o emocionante?

Las dos cosas. En realidad, el último partido fue la final [Coppa Italia 2012: Nápoles 2 – Juventus 0], pero el último partido que todos reconocen como mi despedida de Turín, en casa contra el Atalanta, sucedió algo que honestamente no podría describir. Se concentró el tiempo en unos pocos minutos, toda mi relación con esta ciudad, con los aficionados y con todo el mundo bianconero. Fue increíblemente bonito, mucho más bonito que ganar un título.

Tengo curiosidad por saber cómo es tu casa en Los Ángeles.

Creo que es algo temporal, pero nos encontramos muy bien. Tenemos una bonita casa, porque para nosotros eso es importante y estamos a gusto. Vengo cada mes a Italia a seguir con mi actividad.

¿Qué serías antes, entrenador o presidente?

Si me preguntas hace tres años si sería entrenador, te habría dicho seguramente que no. Pero ahora reconozco que ser entrenador me parecería algo totalmente intrigante. Ser presidente requeriría mucho trabajo y una gran responsabilidad. Me gustaría ser las dos cosas.

Hubo un rumor de que estarías en la dirección deportiva del Mallorca.

No es verdad, ni siquiera me lo ha propuesto nadie. Se dijo que iba a trabajar para el Mallorca, porque soy muy amigo de Steve Nash, uno de los miembros de la nueva propiedad. Es uno de los amigos con los que juego de vez en cuando al fútbol en Los Ángeles.

¿Conservas amigos de la infancia?

Sí, me veo con amigos con los que he ido a la escuela primaria y con algunos con los que jugué en mi primer equipo en juveniles.

¿Te sientes bien ayudando a la gente con proyectos benéficos?

Es algo que siempre ha sido parte no sólo de mí, sino de la Juventus. Creo que es necesario mirarse a uno mismo y ver qué es lo que te hace sentir bien. A mí me lo proporciona ayudar a las personas. Nosotros somos privilegiados, debemos saberlo reconocer.

 ¿Crees que el salario de un futbolista es justo?

No podría serlo si lo comparamos con el trabajo de un policía o una persona que arriesga su vida con su propio trabajo. Pero no son estas las comparaciones que se deben hacer. Hablamos de empresas privadas, con determinados presupuestos y determinados modos de actuar, que deben hacer inversiones acordes al volumen de sus negocios. Son muchas personas las que ganan mucho dinero y hacen un trabajo menos visible y también su sueldo podría ser sometido a juicio.

¿Qué consejo le das a tus hijos?

Que deben merecerse las cosas, es nuestro primer desafío como familia. Desde un punto de vista económico, nosotros los subvencionamos. Por eso debemos hacerles ver que cada cosa requiere un sacrificio y un trabajo. Deben ser conscientes de la suerte que tienen para que las decisiones importantes de su vida las tomen con inteligencia y teniendo siempre en cuenta a las personas que tienen a su alrededor.