Un jurado de 16 expertos en fútbol argentino elige a los mejores en una lista histórica que decide finalmente entre Maradona y Messi, inmortaliza a los clásicos como Di Stéfano o Kempes y eleva a Di María entre los grandes.
España tiene un vínculo inestimable con el viejo y querido fútbol argentino. Jugadores, entrenadores y también periodistas han construido nuestro fútbol de manera radical desde los inicios.
El mediocentro argentino es un extraño mito del Real Madrid. No metía goles, dio muy pocas asistencias y menos declaraciones demagógicas. Sin embargo es un dios atípico del madridismo.
Hay futbolistas que juegan partidos, otros los habitan. Diego Pablo Simeone no sólo jugó en el equipo rojiblanco: lo poseyó. Fue el tipo que llegó con las botas manchadas de tierra argentina y el alma de ruido.
El enganche argentino luchó con éxito en Valencia contra la rigidez del fútbol táctico europeo. Su inteligencia y su inmenso talento le permitieron ser una leyenda de una Argentina entre dos genios.
Solo las leyes de Mendel pueden explicar que en la misma familia salgan cuatro centrocampistas profesionales. De menor a mayor: Xabi Alonso, Mikel Alonso, Perico Alonso Oyarbide y Eladio Mouriño Oyarbide.
Empezó como representante de Maradona en 1985. Es decir, vivió todo junto a él. Acabó siendo uno de los portadores de su ataúd. Entre medias mil aventuras al lado de la estrella.
El presidente argentino, que probó de niño en Chacarita Juniors, ha emprendido la sensible idea de privatizar los clubes recibiendo simbólicamente el rechazo de los hinchas de su viejo equipo.
El regreso del Fideo ha sido uno de los últimos episodios románticos a los que el fútbol argentino está acostumbrado. Jóvenes estrellas que emigran y vuelven más de una década después a rendir tributo y a veces, a ganar torneos.