Ansu Fati: «Cuando llegó Lamine con 15 años vi que era un crack»

El exjugador del Barça fue el primer jugador de familia migrante, nacido en África, que acudió con España a un Mundial. Una historia de película que se produjo gracias a un alcalde comunista y un padre luchador. 

Diego Barcala.- Sale de la cocina un olor delicioso a pollo al curry casero que nos acompaña en la visita guiada que el equipo de Ansu Fati nos ofrece antes de la entrevista. Es un aroma tradicional que evoca a una familia africana cualquiera pero en una urbanización entre pinos mediterráneos a media hora de Barcelona. Pisamos suelo estrenado por Samuel Eto’o en su etapa culé. Es un chalet más bien rústico construido en los 90 sobre una ladera con un enorme porche con piscina y vistas a la montaña de Collserola. En el piso bajo el porche hay una cancha de baloncesto y una pista azul de pádel que parecen bastante abandonadas. Nos cuentan que Ibai Llanos montó en la pandemia un reality de influencers que trataban poniéndose en forma. 

La familia Fati vive ahí desde hace algo más de un año, cuando su historia de cuento abrió un nuevo capítulo en Mónaco, donde Ansu ha sido feliz y su gran temporada sin lesiones ha estado a punto de llevarle al Mundial por segunda vez. A sus 23 años su vida ha sido tan vertiginosa que muchos aficionados han olvidado que Luis Enrique seleccionó al joven talento del Barça para ir al Mundial de Qatar hace cuatro años. Aquella no fue una convocatoria deportiva sin más. Fue un hito histórico para la sociedad española porque Ansu Fati (Guinea Bisáu, 2002) fue el primer jugador de familia migrante y nacido fuera de España que acudía a un Mundial con la selección.

¿Eras consciente de ser el primer hijo de migrantes que iba a un Mundial con España?
Ansu Fati (A.F.): Sí, también estaba Nico Williams y [Alejandro] Balde pero ellos no nacieron fuera como yo, aunque ellos también son de familias emigrantes. 

Para la charla elige la sombra del cenador junto a la piscina. Ve la mesa de madera muy vacía y le pide a sus padres que traigan un parchís con fotos suyas. No para de jugar con los dados y el cubilete mientras recomponemos las piezas afectivas y biográficas de su vida gracias a sus recuerdos y los de sus padres, sentados junto a él en la mesa. Durante una hora de tertulia aparecen lágrimas, sonrisas y confesiones de amor. “Él [dice señalando a su padre] emigró aquí y dejó cuatro hijos en Guinea. Podía haber llegado aquí y olvidarse, hacer sus cosas, encontrar a otra mujer, porque he visto muchos casos de padres que dejan a su familia ahí, vienen aquí, se casan con una blanca o lo que sea y ya está. Haber enviado dinero a mi madre y ¿los hijos?, ya los iré a ver. Pero no hizo eso, se trajo a cuatro hijos en una situación muy difícil, ¿Cuánto cobrabas, ni 1.000 euros? (“950”, responde su padre). Pagar aquí y allá para los papeles… Yo ahora soy consciente y lo valoro, quiero que el mundo conozca cómo me ayudó. Él me sacó de África. A mí y a mis hermanos. Porque hay muchos Ansu Fati ahí. Si mi padre me hubiera dejado ahí, nadie me conocería”. 

Bori, ¿qué se siente cuando un hijo habla así de ti?
Bori Fati (B.F.): Me causa mucha emoción, pero es que aunque me lo repita… él lo demuestra con hechos. Realmente estoy viviendo donde estoy viviendo gracias a Dios pero es gracias a ellos. Si él no está contento yo no estoy contento y trato de que esté feliz.
A.F.: Siempre le digo que si él está contento, se notará en el campo. 

FAMILIA» Ansu junto a sus padres en su casa de Barcelona. Foto. Jerónimo Álvarez

En el intercambio cariñoso de elogios aparece la clave del ecosistema de la familia Fati. Podría ser una de tantas familias que llegan de abajo y gracias al talento de un niño futbolista alcanzan el desahogo económico para varias generaciones pero en el caso de los Fati hay una gran novela detrás que comienza con el cabeza de familia. “Soy Fati”, sorprende el progenitor al presentarse. No se presenta como Bori Fati, solo utiliza el apellido por el cual todo el mundo lo conoce. Ejerce de padre de familia dentro y fuera de casa donde suele protagonizar titulares encendidos en defensa del talento de su hijo. “Estamos bien con tanto espacio en esta casa porque así puedo ver qué hace cada uno. Así puedo tenerlos controlados”, explica este hombre menudo y fuerte. Es un exfutbolista nacido en el 66 que probó en el fútbol portugués en los años 80 pero no le dio el nivel para quedarse. “Jugué contra Figo y algunos más, pero no me daba y tuve que volver”, explica en el sótano de la casa, convertido en un equipado gimnasio lleno de máquinas que Ansu se ha acostumbrado a utilizar a diario. Bori Fati llegó a ser internacional con Guinea Bisáu en su juventud y después, con cuatro hijos, decidió volar a la península ibérica en busca de trabajo. 

¿Tu primera intención fue trabajar en Portugal o viniste directamente a España?¿Cómo fue ese primer viaje, emigraste en barco?
B.F.:
Fue en 2003, Ansu acababa de nacer. En avión gracias a Dios, tuve suerte en esto. Fui a Portugal porque allí si tú pides el visado, te lo conceden por ser de Guinea Bisáu, de cultura portuguesa, no es como la gente que viene en patera. Y desde allí ya vinimos a España.*

*Lee el resto de la historia en Líbero 57. Pídela aquí