Líbero.- Antes de que el smartphone reuniera tantas formas de ocio en un solo dispositivo, los desplazamientos y las concentraciones de fútbol dejaban largos periodos de espera. No existía una única rutina para todos los equipos, pero actividades compartidas como conversar, leer, escuchar música o jugar a las cartas podían encajar bien en esos espacios.
Una baraja resultaba práctica en ese contexto: ocupaba poco espacio, admitía partidas con grupos distintos y podía convertir una mesa de hotel o una zona común en un punto de encuentro durante una espera.
HOTELES, ESPERAS Y ACTIVIDADES COMPARTIDAS
Las concentraciones siguen formando parte del fútbol profesional. En grandes torneos, las selecciones se alojan en bases que combinan hotel y campo de entrenamiento. El catálogo de bases de la Eurocopa de 2024 elaborado por UEFA incluía, entre otros servicios, salas de juegos y otras instalaciones de ocio. Esa documentación confirma la existencia de espacios recreativos, aunque no permite asumir una misma rutina para todas las plantillas.
Antes de que el acceso móvil fuera omnipresente, una baraja podía ser una forma sencilla de ocupar una espera sin depender de conexión o equipamiento especial. También podían aparecer otros juegos de mesa, pero su presencia variaba según el equipo, la época y las preferencias de los propios jugadores.
Tampoco conviene interpretar esas actividades como una herramienta de cohesión o de rendimiento por definición. En muchos casos, su función podía ser mucho más sencilla: compartir una pausa o hacer más llevadero un desplazamiento largo.
DE LAS ACTIVIDADES COMPARTIDAS A LA PANTALLA PERSONAL
La generalización del smartphone amplió las opciones disponibles durante viajes y concentraciones. Mensajería, música, vídeo, redes sociales, videojuegos o información deportiva pueden concentrarse ahora en un solo dispositivo, de modo que una parte del tiempo libre ya no requiere que varias personas coincidan alrededor de una mesa.
Eso no significa que los juegos compartidos hayan desaparecido. Algunos siguen practicándose de forma presencial y otros cuentan con versiones digitales. El cambio más visible está en que una espera puede ocuparse tanto de manera colectiva como individual, según el contexto.
También conviene separar los juegos sociales de los productos de juego con dinero. Una partida informal entre compañeros no pertenece a la misma categoría que el blackjack online: este último es una modalidad de casino con riesgo de pérdida económica y sometida a un marco regulatorio propio. En España, la Dirección General de Ordenación del Juego señala que únicamente los operadores con licencia están habilitados para ofrecer juego online legalmente y que la comprobación de identidad y edad se utiliza para impedir el acceso de menores.
LO COMPARTIDO Y LO INDIVIDUAL
El móvil ha simplificado numerosas tareas de los desplazamientos deportivos, desde la comunicación hasta la consulta de horarios o noticias. Al mismo tiempo, permite que cada persona gestione una parte de sus pausas de forma individual, incluso cuando comparte hotel o transporte con el resto del equipo.
Una partida de cartas compartida implica presencia simultánea, reglas comunes y cierta interacción. Una pantalla, en cambio, permite mantener una actividad privada dentro de un entorno colectivo. Son maneras diferentes de ocupar una espera y pueden coexistir sin que una sustituya necesariamente a la otra.
La diferencia ayuda a explicar por qué las concentraciones actuales pueden conservar espacios comunes y, a la vez, ofrecer muchas más opciones individuales que hace unas décadas.
LA VIDA ENTRE PARTIDOS TAMBIÉN FORMA PARTE DE LA HISTORIA
La historia del fútbol suele contarse a través de partidos, estadios y grandes figuras, pero los viajes, los hoteles y las concentraciones también forman parte de la experiencia cotidiana de una plantilla.
Las cartas y otros juegos de mesa podían encajar bien en esos intervalos por su sencillez y por el poco material que exigían. Hoy el repertorio de opciones es mucho más amplio, pero la baraja conserva una característica propia: para jugar juntos sigue haciendo falta compartir el mismo tiempo y la misma mesa.•