Conociendo a Diego, entendiendo a Maradona

Un año después de su desaparición analizamos al personaje preguntando a personas que estuvieron cerca del genio. El objetivo es psicoanalizar su poliédrica figura. Su preparador físico, su biógrafo, su fotógrafo, su capitán, su etapa en Barcelona… Anécdotas e historias imperdibles del 10.

D.Barcala | N.Gómez Cal.- Líbero publicó hace un año una revista monográfica dedicada en exclusiva a Diego Armando Maradona, fallecido pocos días antes con la consiguiente conmoción mundial. Era el momento del homenaje. Aquí venimos a aplaudir, nos dijimos para seleccionar imágenes, textos, historias y leyendas del 10. Un año después hemos digerido la pérdida y aunque la fascinación por el personaje permanece intacta, es momento de abrir la reflexión y el análisis a través de los testimonios de aquellos que vivieron de cerca su carrera.

La selección de estas anécdotas o reflexiones son extractos de las entrevistas que dieron lugar al podcast ‘Año I después de Diego’, elaborado por Líbero para el periódico Mundo Deportivo que se puede escuchar íntegramente en la plataforma Ivoox.

Fernando Signorini. Preparador Físico.

«Todos tenemos esa cosa kafkiana de que somos uno pero somos muchos porque ahora mismo no somos los mismos que si estuviéramos tomando el sol en la playa, seríamos otros y utilizaríamos otra terminología y en Diego era mucho más marcado por la exposición que tenía. Yo lo descubrí sobre todo una noche que fuimos a cenar cerca de Nápoles, a las afueras. Llegamos al restaurant y a los dos minutos era imposible, parecía una colmena llena de avejas que zumbaban para todos lados de aquí para allá, empujando a uno a otro hasta que llegaban a nosotros y me empujaban a mí porque querían llegar a Diego y a Diego le agarraban del pelo y se volvía loco porque no le gustaba que le tocaran y bueno… pasamos una noche horrible en ese sentido.

GORDOPELOTA» Una de las obras del artista argentino Martín Kazanietz que representa la utilización del fenómeno Maradona. 

Y al día siguiente íbamos en el coche al entrenamiento, Diego iba manejando su Mercedes, y en un momento me dice: “¿Qué quilombo anoche no?”. Y le dije, sí Diego, de eso quería hablarte. Mita de verdad que no me invites más, no voy nunca más con vos, porque así no se puede, mira yo con Diego voy al fin del mundo pero con Maradona no voy a la vuelta de la esquina, hacete cargo vos. Entonces me mira y me dice riéndose, si tenés razón pero si ni fuera por Maradona todavía estaba en Fiorito.

Entonces, Diego era el de su intimidad, su familia, sus amigos, en su casa pero adentro, ahora cuando ponía el pie fuera de ella, casi se vio obligado a crearse ese personaje, ese disfraz que era Maradona para soportar estar a la altura de todo lo que le exigían tipos que, cuando vivía en Fiorito no solo lo ignoraban sino que lo despreciaban porque era un negrito de mierda, un villero. Él lo sabía perfectamente. No hubo nunca un presidente que fuera en la época de Fiorito a ayudar a Tota y Chitoro ante tanta miseria que tenían, ningún Papa le invitó a El Vaticano. Ahora cuando volvió con la Copa del Mundo lo llevaban por las avenidas, lo subieron al balcón de la casa de Gobierno en una clara instrumentalización del éxito de estos chicos. Yo lo sabía perfectamente y por eso era Diego en casa y Maradona fuera. Uno adorable y el otro insoportable». •


Daniel Arcucci. Biógrafo.

«Soy de los que no está de acuerdo con el apodo Dios. Creo que le hizo mucho daño. Pero como van trascendiendo todas estas historias que comienzan con “a mí me ayudó aquella vez…”, “a mí me ayudó…”, “a mí me ayudo…”, vamos camino de una santificación popular, de esos santuarios que se ven por la ruta, que en Argentina es muy común. Voy a eso porque hay otro tipo de “milagros” que no tienen que ver con cuestiones materiales sino con estar. Diego, en esta actitud tan provocativa que tenía, en general se acercaba a la gente en la derrota. A gente que no era cercana a él, por ejemplo gente de River como a Ángel Cappa, al que llamó en su peor momento en River solo para apoyarlo.

ICONO» Maradona en el 86. La efigie divina. 

O la que es más conocida y también la más dramática, la de Pedro Damián Monzón, su compañero en el seleccionado argentino en Italia 90 que en medio de una depresión estuvo literalmente al borde del suicidio y quien se le apareció en un pequeño departamento donde estaba tirado en el piso fue el propio Maradona. Entonces, sí, estas cuestiones de generosidad trascienden de las contradicciones que tenía Maradona que son totalmente lógicas y que muchas de esas contradicciones tienen que ver con su cuestión de conciencia de clase. Por decir la más banal y la más tonta, aparecer en un aeropuerto con su tapado de piel, sus dos relojes y demás… que no tenían que ver con aquello de, mirá luego dice que si es de izquierdas, que si el barrio… No tiene que ver con eso, sino con aquello de decir, mirá, los que salen de donde salí yo no pueden usar o comprar esto. ¿Saben qué? Yo sí.

Esta no la conté muchas veces porque es demasiado reciente. Al respecto de la conciencia de clase y de hacer lo que mucha gente no puede hacer nunca, quizá lo viví en la noche previa a la final del Mundial de Rusia 2018 en el hotel más caro de todo Moscú, en el Hotel de la FIFA -se había peleado con todos los de la FIFA pero iba al hotel de la FIFA- donde estábamos cenando, con Diego muy lúcido, haciendo proyectos como que se iba a presidir un club de Bielorrusia, muy bien, hasta que en un momento pide brindar. Y ese pedido del brindis era el paso previo a uno de sus abismos. Y yo percibí que parte también de esa imposibilidad de detener esa situación que todos sabíamos que iba a suceder, la situación en que tras una copa para brindar, venía otra copa, y otra copa, y otra copa… y el camino iba a ser el que fue hasta una escalinata en la que entre varios tuvimos que ayudarle a bajar.

Pero antes de ese momento se produjo una escena en la que él pide el mejor champagne. Viene el maitre con cara perturbada sin hablar inglés y le dice que ese champagne no lo tienen, que no existe, que no lo tienen en el hotel. Entonces Diego agarra la carta y sin mirar mucho señala, este, este y este, tres botellas y le devuelve la carta y el mitre vuelve a estar perturbado y le devuelve la carta señalando el precio, que era realmente demasiado caro. Diego le vuelve a agarrar la carta, la estruja y la da vueltas y le dice con una voz bastante irreconocible: “Hace muchos años yo tomaba Talacasto -un vino muy barato de Argentina- ahora me puedo tomar todas las botellas de esto que tengas en el hotel”, y le tiró la carta. Eso no es un gesto de prepotencia para mí. Es un gesto de esta lucha constante de yo puedo hacerlo. Después pasó lo de tener que ayudarlo y es muy triste porque ya en esa época no tenía resistencia, por las pastillas, se tomaba una y ya no podía. •

El resto de anécdotas como la de Ricardo Alfieri, su fotógrafo personal, su excompañero Tente Sánchez o el representante que le llevó a Barcelona y Sevilla, José María Minguella, se pueden leer en el nuevo número de Líbero. Pide aquí tu edición. Gracias