Cuando los futbolistas eran gordos

El periodista Alfredo Relaño rescata de su inmenso baúl de recuerdos la antigua laxitud del fútbol español antiguo con los futbolistas pasados de peso. El michelín del veterano Di Stéfano o la rotunda panza de Puskas eran bien vistas frente a la delgadez de Amancio o Cruyff.

Alfredo Relaño.- En una bocacalle de la Gran Vía había una ‘Tabernita de Hemingway’ que yo frecuentaba cuando trabajé en la SER. De una de sus paredes colgaba la foto de la delantera del 7-3 al Eintracht, en 1960: Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento. De pie, posando para el fotógrafo. Un joven compañero joven me preguntó si era la foto de un partido de veteranos. Le dije que no:

-Antes los futbolistas eran así.

Mi compañero no lo podía creer, pero así era. Hasta los setenta abundaban los futbolistas fondones. Se defendía que en un deporte de choque y carga alguien demasiado delgado tendría desventaja. De hecho, cuando Amancio llegó al Madrid, y durante toda su carrera, existió la preocupación de que no cogía peso. Era el mejor del equipo, pero nadie pensó que la falta de peso mejorara su velocidad de movimientos, sino que le restaba poderío.


CHILE» Di Stéfano, Gento y Puskas con la selección española en 1962.

Cuando Kubala llegó al Barça era macizo y musculoso, pero en la segunda mitad de su carrera ya era algo más que eso. Lo mismo que Eulogio Martínez, un delantero uruguayo genial y goleador. En el Madrid, Di Stéfano tenía su michelín desde que pasó los treinta, y también Santamaría, central uruguayo.

En el Madrid, Di Stéfano tenía su michelín desde que pasó los treinta, y también Santamaría, central uruguayo.

Fuera de concurso estaba Puskas, ‘Cañoncito Pum’, cuya inigualada precisión con el pie izquierdo y su gran visión del juego le permitieron prolongar la carrera hasta casi los 39 años, cuando ya su gordura era excesiva hasta para la ‘vida civil’. Puskas había llegado al Madrid con 31 años, después de dos parado porque se fugó del Hungría cuando los tanques de Kruschev invadieron el país; lo mismo que Kocsis y Czibor. Eso les tuvo parados hasta que la FIFA les levantó la sanción. Bernabéu fichó a Puskas contra el criterio del entrenador, Carniglia, que al conocer la decisión por vía del gerente, Antonio Calderón, se insolentó: “¿Sí? ¿Y qué hacemos con los 12 kilos que le sobran?” Era cierto que le sobraban, pero Calderón fue inflexible: “Los kilos se los quita usted, que para eso está”.


36 AÑOS» Puskas contra el Oviedo, luciendo una figura redondeada.

Cuatro goles en la final de Glasgow (la del 7-3 de la foto), tres en la de Rotterdam, que perdió el Madrid 5-3 ante el Benfica. Ahí queda eso, más sus pichichis. Pero quizá lo más destacable fueran los cuatro que le hizo al Feyenoord en la Copa de Europa 65-66, justo antes de caer en la suplencia. Cumplidos ya los 39, su gordura era ya estrepitosa, pero si se le descuidaba un instante soltaba un cañonazo de fuera del área con precisión de cirujano.

Cumplidos ya los 39, su gordura era ya estrepitosa, pero si se le descuidaba un instante soltaba un cañonazo de fuera del área con precisión de cirujano.

El primero que en España abordó la cuestión fue Helenio Herrera. En las temporadas 58-59 y 59-60 hizo campeón de Liga al Barça atormentando a sus jugadores con la preparación física y el control del peso. Kubala dejó de jugar fuera de casa porque le faltaba movilidad. Los jugadores de aquel Barça tenían mejor línea que los demás, pero aun así nadie los llamaría delgados si contemplara una foto con la perspectiva actual. 

Helenio Herrera fue entrenador de la Selección en el Mundial de Chile. En la lista había cuatro gordetes, convocados por su extrema calidad: Santamaría, Puskas, Eulogio Martínez y Di Stéfano, para los que la concentración fue un castigo. Comían lo que todos, pero su cena se reducía a una manzana. Por la noche bajaban a la nevera de la cocina del hotel a buscar algo pero se encontraban un vigilante insobornable. Di Stéfano siempre achacó a su pérdida de peso en aquel mes la descompensación en la espalda que aparte de dejarle sin jugar un solo minuto en el Mundial le amargó el resto de su vida.

Di Stéfano siempre achacó a su pérdida de peso en aquel mes la descompensación en la espalda que aparte de dejarle sin jugar un solo minuto en el Mundial le amargó el resto de su vida.

Siempre a partir de ese año tuvo unas molestias (la temporada 62-63 fue la primera en la que faltó a varios partidos, todos por dolor en la espalda) que nunca resolvió a pesar de sucesivas operaciones.

PUSKAS» En Glasgow, en el mítico 7-3 al Eintracht. 

No se piense que España era caso extra: fue tónica general. En Argentina aún se hablaba con orgullo de que ‘El Charro’ Moreno se comía un puchero de gallina hora y media antes del partido, y en la mismísima Alemania era llamativa la redonda figura de Uwe Seeler, el gran goleador nacional de aquellos años. 

La tendencia sólo cambió cuando apareció el Ajax de Cruyff, con sus delgadísimos melenudos, veloces como el viento, con su incesante cambio de posiciones. Chocaba aquella delgadez. Cuando el Barça fichó a Cruyff, la foto de su reconocimiento médico, torso desnudo cubierto de cables para la prueba de esfuerzo sobre la bicicleta estática provocó comentarios. Se dijo que parecía una sardina, que con ese físico no podía ser futbolista. Pero lo era. Y el mejor de todos.

CRUYFF» El flaco entrenando con el FC Barcelona en Inglaterra en 1973.

Hoy los jugadores que pasan de los treinta se obligan a perder un kilo por cada año que van cumpliendo. Lejos está la época en la que en vez de perder uno ganaban dos. •