Editorial. Líbero 35

¿Por qué nos fascina Maradona? Su muerte ha desatado todo tipo debates sobre su vida, sus contradicciones, su comportamiento social público y privado e incluso su posición política. Pero ningún debate deportivo. Es el mejor jugador del siglo XX para aquellos que aman el fútbol. La pregunta queda respondida. Si los aficionados se fascinan por los jugadores es comprensible que amen al mejor. Pero aunque nos parezca impensable hay millones de personas para las que el fútbol es intrascendente y no entienden la trascendencia de Maradona. A estos disidentes del fútbol el amor al juego les sabe a poco. Y cuando buscan respuestas más allá del deporte solo hallan confusión.

Maradona convivió toda su carrera con el debate sobre su ejemplaridad deportiva. Indisciplina, relaciones difíciles con la profesionalidad y un positivo por cocaína que le expulsó del deporte oficialista. Pero el fútbol, pese a todo, a través de sus excompañeros, rivales y aficionados le reconoció como el mejor y el más querido. Pero insistimos en que al ajeno al fútbol no le vale con decirle que jugaba muy bien para explicar el calificativo de D10S, ¿Por qué Maradona y no Cruyff o Pelé?, se preguntan. Y acuden a su relevancia por ser icono de un país. Pero esa identidad nacional podría explicar su deidad solo en Argentina, que no es precisamente un país imperial en el mundo. Y sin embargo, la veneración por Diego sí es planetaria.

¿Por qué Maradona y no Cruyff o Pelé?, se preguntan. Y acuden a su relevancia por ser icono de un país. Pero esa identidad nacional podría explicar su deidad solo en Argentina, que no es precisamente un país imperial en el mundo. Y sin embargo, la veneración por Diego sí es planetaria.

Entonces ¿dónde está la clave? El que necesita una explicación a la admiración que despierta Maradona acude al Diego del pueblo, al representante de los pobres frente a los ricos, al sur contra al norte, la resistencia al poder. Es decir, Maradona como ser político. Sin embargo, en ese campo encontramos figuras bastante más representativas y con menos fisuras en sus mensajes políticos que Maradona.

Entonces ¿qué es lo que tiene que maravilla al mundo? Es sencillo. Maradona es el fútbol. Nada más. Y nada menos. Habrá quien ame al 10 por elegir a Fidel Castro de padrino político, por haber resuelto una vergüenza nacional como el episodio de las Malvinas o por enfrentarse solo contra la poderosa FIFA. Pero lo que explica la fascinación es que Maradona representa lo que cualquier niño desea cuando empieza a jugar al fútbol: dominar la pelota como nadie. La pelota obedecía a los pies de Diego mejor a ningún otro. Y a ese talento añadió el dominio colectivo con dosis artísticas a máxima velocidad. Adornó con sutileza cada una de sus carreras. Y derrochó un sentido épico y carismático a su competición contra rivales y contra sí mismo. Es decir, en términos futbolísticos fue, es y será imbatible.

Entonces ¿qué es lo que tiene que maravilla al mundo? Es sencillo. Maradona es el fútbol. Nada más. Y nada menos. Habrá quien ame al 10 por elegir a Fidel Castro de padrino político, por haber resuelto una vergüenza nacional como el episodio de las Malvinas o por enfrentarse solo contra la poderosa FIFA

Entendemos la dificultad de separar al jugador del hombre autodestructivo. Pero para millones de personas que le admiraron como el dios de la religión futbolística lo que Diego hizo tras su retirada es sencillamente irrelevante para celebrar a Maradona.

• El pibe de la portada
Tiene apenas 17 años y un físico de máximo nivel. Apenas lleva unos meses en Primera pero es la estrella. El Gráfico quiere saber cómo entrena y manda a uno de sus mejores fotógrafos, Ricardo Alfieri, a retratarlo. “Era la cancha auxiliar de Argentinos Juniors”, recuerda el autor, 10 años mayor que el protagonista. “A Diego si le entrabas bien, te ganabas su respeto y le tenías para siempre. Yo me convertí en su amigo y su fotógrafo personal para los cumpleaños o las fiestas”, recuerda Alfieri, recién jubilado. “De aquellos años recuerdo que era un tipo bárbaro, carismático, entrador, buen hijo, adoraba a su papá, a su mamá, a los hermanos… con muy buenos valores, con carácter, no era débil, sino con personalidad”. Y así lo retrató sobre el barro y con la pelota.