El crimen que dio nacimiento a las barras bravas argentinas

Esta es la historia de un joven fanático de Boca, una invitación inesperada para concurrir a un partido de River, graves incidentes que se suceden y una muerte más en la historia del fútbol argentino, que sacó a la luz por primera vez a las famosas barras bravas. Sucedió un 19 de octubre, hace seis décadas.

Texto Javier Szlifman Fotografía Agencias.- A veces la tragedia forma parte del destino. Eventos casuales que se suceden y combinan para dar lugar a una desgracia. Hace 60 años, Alberto Linker trabajaba en un comercio de Buenos Aires y estudiaba en la facultad. Hincha de Boca, aquel domingo 19 de octubre de 1958 escuchó por radio a la mañana el empate 2 a 2 entre el club de sus amores y San Lorenzo. Luego almorzó con su familia para festejar el día de la madre. Un vecino de su casa, en el barrio de Villa Crespo, lo invitó a ver el partido entre River y Vélez, en Liniers. Linker tomó su radio portátil y juntos partieron al estadio. Antes del partido la policía había advertido cierto clima hostil entre los fanáticos, por lo que solicitó el apoyo especial del Cuerpo Guardia de Infantería. Aun así, las fuerzas de seguridad no pudieron evitar que se produjeran algunos enfrentamientos antes del encuentro. Pero lo más grave llegaría hacia el final del partido, cuando la Guardia de Infantería llegada especialmente al estadio entraría en escena.

En el segundo tiempo, Vélez se imponía por 1 a 0. Furiosos, los hinchas de River comenzaron a arrojar piedras contra Roque Marrapodi, el arquero del equipo ganador. A cuatro minutos del final, una navaja lanzada desde la tribuna impactó en el brazo izquierdo del portero, provocando una herida que emanaba mucha sangre. En ese momento, el árbitro Luis Ventre decidió dar por finalizado el partido. Parecía que la historia terminaría allí, pero las crónicas deportivas darían paso a los hechos policiales. Enojados por la suspensión, los simpatizantes de River comenzaron a invadir el campo de juego con la intención de agredir al arquero. Todo se convirtió en un campo de batalla.

A cuatro minutos del final, una navaja lanzada desde la tribuna impactó en el brazo izquierdo del portero, provocando una herida que emanaba mucha sangre. En ese momento, el árbitro Luis Ventre decidió dar por finalizado el partido.

Empezaron a llover piedras desde la popular, por lo que el Cuerpo Guardia de Infantería ingresó al campo de juego y disparó hacia la tribuna millonaria con sus pistolas lanzagases. Se sucedieron las escapadas y los empujones entre los hinchas, que buscaban guarecerse de las agresiones de los uniformados. Cuando la tribuna empezaba a quedar vacía, se vio a un hombre tirado en el suelo, víctima del impacto de una bomba de gases en su cabeza. Alrededor, todo era sangre. Murió unas horas después en el hospital Salaberry, de Buenos Aires. Era el joven Alberto Linker. Sin embargo, los incidentes no concluyeron allí. Después de los gases, los hinchas quemaron butacas y lanzaron piedras en respuesta a los ataques policiales.

Afuera del estadio, los simpatizantes millonarios comenzaron a cantar contra la policía, que volvió a cargar contra la multitud. Un conductor al mando de un camión quiso huir de los incidentes y atropelló a varias personas. Un coche de bomberos fue atacado y varios locales comerciales y viviendas fueron destrozados. Algunos hinchas rompieron parte de la estación Liniers del ferrocarril y una formación que se hallaba allí detenida. En total, fueron 25 los detenidos y 4 los policías heridos.

LAS NUEVAS BARRAS
“Fue la tarde de la irritación y el rencor. Una intolerancia casi colectiva tiñó de rojo y negro a ese peldaño y a la vergüenza deportiva” se leía en el diario argentino La Nación, debajo de la foto que mostraba el cuerpo de Linker sobre la tribuna. El episodio fue calificado por el diario Clarín como “bochornoso” y atribuido a un “pequeño grupo de exaltados” (20/10/1958). La versión policial que reprodujeron ambos matutinos sostuvo que las fuerzas de seguridad quisieron utilizar las mangueras de bomberos para dispersar a los hinchas que causaban los incidentes, pero que éstas se habían vuelto inutilizables por el accionar de los fanáticos. Por ese motivo, se utilizaron los lanzagases que causaron la muerte de Linker.

En un comunicado oficial, las fuerzas del orden culparon a los fanáticos por los incidentes. Para el titular de la Policía Federal, Ezequiel Niceto Vega, la tragedia fue causada por gente que concurría al estadio “dispuesta a cometer incidentes” 

En un comunicado oficial, las fuerzas del orden culparon a los fanáticos por los incidentes. Para el titular de la Policía Federal, Ezequiel Niceto Vega, la tragedia fue causada por gente que concurría al estadio “dispuesta a cometer incidentes” y Linker habría fallecido no por culpa de la Policía, sino por el impacto de un objeto contundente lanzado desde las tribunas (Clarín 24/10/1958). La versión policial reflejada por los periódicos cuestionaba las conductas agresivas de los hinchas y circunscribía la violencia al lenguaje agresivo de los simpatizantes y a los objetos lanzados por ellos.

Las crónicas periodísticas y los comunicados oficiales hacían hincapié en el grado de organización que demostraron los hinchas y en la coordinación en su accionar, algo que resultaba novedoso para la época. El diario La Razón mencionó la existencia de “barras fuertes”, públicas y conocidas. La gravedad de los incidentes ocurridos en Liniers modificarían drásticamente las presentaciones que se hacían de los hinchas en la prensa argentina. Por primera vez se afirmaba que existirían grupos de hinchas con jerarquías y cierta organización interna, que por sus rasgos se separan en las crónicas de la masa de hinchas que concurría a los estadios. Un nuevo actor entraba en el escenario futbolístico argentino. Ya nada sería como antes.

La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se hizo cargo del sepelio de Linker e impartió instrucciones a los clubes para “restablecer la normalidad en los espectáculos deportivos”. El Tribunal de Disciplina de la AFA le dio el partido por perdido a River ante Vélez y clausuró su estadio por cuatro fechas. Ante las críticas recibidas, la policía se negó a prestar servicios nuevamente en los estadios. El domingo 26 de octubre de 1958, todos los partidos del campeonato argentino se jugaron sin custodia policial. No hubo ningún incidente.

El domingo 26 de octubre de 1958, todos los partidos del campeonato argentino se jugaron sin custodia policial. No hubo ningún incidente.

El equipo millonario protestó por la sanción y el domingo siguiente no presentó a su equipo en el estadio de Ferro, donde se había trasladado el encuentro que debía disputar ante Huracán. Los árbitros y los jugadores de Huracán saltaron al campo de juego, aguardaron 15 minutos pero nadie llegó. River salió a la cancha en su estadio sin rival. “Bien entendemos que es una minoría la que provoca hechos bochornosos. Pero también es cierto que tales hechos van adquiriendo cada vez perfiles más definidos; la violencia, la agresividad, la intemperancia, asumen caracteres alarmantes” se leía en un editorial de Clarín el 21 de octubre de 1958.

Linker se convirtió en la víctima 16 por la violencia en el fútbol argentino. Hoy, 60 años después, las víctimas fatales suman 323 y las barras bravas continúan plenamente vigentes.

Aquel año, la Selección Argentina disputó el Mundial de fútbol de Suecia, donde fue eliminada en primera ronda. El fracaso deportivo influyó significativamente sobre el fútbol local y dio lugar a un nuevo paradigma de organización. Nació entonces el llamado “futbol-espectáculo”. Los clubes serían considerados empresas, que debían fichar grandes figuras para atraer espectadores a los estadios. Estas nuevas inversiones trajeron mayores movimientos de dinero y dieron lugar a manejos espurios de los dirigentes. Esta época coincide con la aparición cada vez más frecuente de la violencia en el mundo futbolístico argentino. Linker se convirtió en la víctima 16 por la violencia en el fútbol argentino. Hoy, 60 años después, las víctimas fatales suman 323 y las barras bravas continúan plenamente vigentes.