El equipo ideal de bigotudos del fútbol: De Seaman a Schuster pasando por Carmelo

Guille Galván, compositor y guitarrista de Vetusta Morla, es autor del poemario 'Desconocernos' (Planeta 2020). En su equipo de futbolistas con bigote hay menos lírica que en su obra o no, igual es un equipo de pura poesía.

MI ONCE MÁS SEIS

por Guille Galván

Portero David Seaman
Podría ser el trompetista guiri que toca en el Popular un miércoles por la noche pero el destino le tenía preparado comerse un Soyuz de Nayim y brindarle la Recopa a la Virgen del Pilar. Portero ramplón, que heredaba los trajes de su hermano mayor, seis tallas más grandes. Mi favorito siempre fue Grobbelaar.

Central Izquierdo Ricardo Rocha
Bigote tupido, ojeras de túnel y los pies siempre por delante, como el anuncio de una funeraria. Su timbre de voz era lo único dulce del brasileño. Nació para carnaval de Recife y acabó de chirigota en Tenerife.

Central Derecho Carmelo
El Káiser del Carranza. Enjuto y bregado con alma de secundario del cine español, el especialista en escenas de ación del Tato Abadía. Probablemente el cromo más repetido de finales de los ochenta.

Lateral Izquierdo Sánchez Jara
Dejarse mostacho a mediados de los noventa indicaba una clara confianza en sí mismo. Francisco Javier era un funcionario de ventanilla recorriendo equipos y ciudades. Le llamó Cruyff para la reconstrucción post Atenas, pero aquel equipo acabó como el Partenón.

Lateral Derecho Bernd Schuster
Iba sobradísimo de técnica y carácter; lo mismo hacía una peineta como renunciada a jugar con su selección. Decían que era alemán pero yo nunca le vi vestirse con los teutones. Durante muchos años, si tenías melenilla lisa y rubia, eras Schuster. Lo del bigote era opcional, había un Schuster en cada barrio. Años después, los Schusters pasarían a ser Redondos y Gutis.

Mediocentro Defensivo Martín Vázquez
Su bigote conmocionó al madridismo más que su marcha al Torino. Clase total e intermitente por los cuatro costados, el Antonio Vega del volante izquierdo. Le metió un gol al Castellón que debería enseñarse en los colegios.

Mediocentro Uri Stielike (foto principal)
Cuando era niño, mi tío José me regaló un cerdo de juguete y me dijo que se llamaba Stielike. A día de hoy me resulta difícil recordarlo solo como un jugador de fútbol.

Mediocentro John Lauridsen Bigote danés de este lado del telón de acero. Tridente low cost junto a Losada y Valverde. Estuvieron a punto de hacer muy grande al Espanyol. Clemente aún se mirará al espejo para explicarse por qué lo dejó en la grada Con un 3-0 a favor en la final del 88 contra el Leverkussen. Palmaron por penaltis, como todas las grandes tragedias.

Mediocentro Ofensivo Valderrama
En representación de toda una quinta de futbolistas colombianos a un bigote pegado. Calidad extrema, visión de juego y pelazo mitológico. Tuvo la mala suerte de hacerse más famoso por lo que le hicieron que por lo que hizo.

Delantero Rudi Voeller
El típico listillo que se cuela en una fiesta ajena para liarla. Casi le estropea el día a Maradona en la final del 86. Probablemente el mostachón más repelente del área chica. Años más tarde, se comió el escupitajo de Rijkaard, otro bigotudo, cuando Holanda dejaba de molar tanto.

Delantero John Aldridge En la Real de los ochenta había más bigotes que en una historieta de Asterix. El pelirrojo que me enseñó que Irlanda también se decía Eire. No recuerdo muy bien cómo jugaba, pero el tío era simpático de narices. Siempre sonriente, galán del Hollywood clásico, como Ian Rush.

Entrenador Xavier Azkargorta
El Werner Herzog de los banquillos. Llevar a Bolivia al Mundial del 94 fue épico. Camiseta Holanda en la Euro 88 Imbatible. Y no ha habido nada más funky que la de Zaire del 74.

Periodista Quique Guasch
Dueño y señor del pie de campo. Deberían poner su nombre en el túnel de vestuarios.

Árbitro Ramos Marcos
El kilómetro cero de los mostachos, había días tan tupidos que cubría el silbato.

Presidente Eduardo Galeano Si hubiera tenido una franquicia, le hubiera propuesto presidirla a el.

Estadio El campo de Cotorruelo
En Carabanchel, cuando era de tierra, donde veía mis primeros partidos con mi padre y mi abuelo