El fútbol en tiempos de 'Braveheart'

El ilustrador Amédée Forestier publicó en 1905 en Ilustrated London News esta escena del fútbol en el siglo XIV, cuando Eduardo II prohibió jugarlo en las calles.

» Fotografía: EARLY DAYS OF FOTTBALL (1905)
© Ilustrated London News. Amédée Forestier.

Diego Barcala.- Los tenderos de Londres en 1314 estaban hartos de que ese juego tan popular que estaba convirtiendo las calles en un campo de batalla les destrozara sus productos y espantara la clientela. Los jóvenes de la ciudad arrasaban con todo con tal de apoderarse de la pelota del dichoso juego de moda. Acudieron al rey Eduardo II que fue tajante en una procalamación real: “Debido al gran ruido en la ciudad causado por el lanzamiento de pelotas grandes y furiosas y las malas consecuencias que provocan, Dios mediante ordeno prohibir en nombre del Rey, con pena de prisión, este tipo de juegos en la ciudad para el futuro”. Se acabó el fútbol callejero. Había cosas más importantes en las que pensar en la Inglaterra de la época. Entre otras cosas, cómo frenar a los escoceses liderados por ese fiero guerrillero llamado William Wallace.

Eduardo II ocupaba su tiempo cortesano en salvar la cabeza de su protegido Piers Gaveston, acusado de mil y una conspiraciones por parte de enemigos algo homófobos, como no podía ser de otra manera en la sociedad de hace 700 años. A estas alturas, pocos serán los que no hayan recordado la escena de Braveheart en la que el padre de Eduardo II entra en la alcoba del príncipe y tira por la ventana al amante de su débil y afeminado hijo. La realidad no fue tan cinematográfica, pero el resultado fue similar para Gaveston, I Conde de Cornualles, que fue decapitado dos años antes de que Eduardo II prohibiera el fútbol en la calle. Ese era el ambiente londinense que describe esta acuarela de 1905 del ilustrador Amédée Forestier publicada en un suplemento de la revista Ilustrated London News. ‘Los primeros días del fútbol: el molesto juego en la calle de Londres en la epoca de Eduardo II’, dice el pie de ilustración de la edición del 16 de septiembre. En el texto se decribe la historia del pronunciamiento del rey y se añade un nuevo suceso histórico de la animadversión real contra ese juego popular.

‘Los primeros días del fútbol: el molesto juego en la calle de Londres en la epoca de Eduardo II’, dice el pie de ilustración de la edición del 16 de septiembre. 

Esta vez fue en el siglo XVI cuando Jacobo I escribió un tratado de gobierno para su hijo y sucesor en el que alaba los deportes pero hace una excepción y condena al fútbol: “A partir de aquí rechazo la rudeza y la violencia de un ejercicio como el fútbol que no relaja a los que lo practican”. Forestier (París 1854 - Londres 1930) fue uno de los ilustradores más destacados de la histórica Ilustrated London News. Esta revista fue la primera del mundo en utilizar ilustraciones copiadas de las fotografías y figura como una de las publicaciones que inspiró a Vincent Van Gogh pero podía haber inspirado a multitud de generaciones de pintores puesto que se publicó desde 1842 hasta 1971. La historia, la ciencia, la cultura y también el fútbol eran sus temas principales.

Esta revista fue la primera del mundo en utilizar ilustraciones copiadas de las fotografías y figura como una de las publicaciones que inspiró a Vincent Van Gogh pero podía haber inspirado a multitud de generaciones de pintores puesto que se publicó desde 1842 hasta 1971.

Las ilustraciones futbolísticas de Forestier formaron parte de la colección que el periodista Harry Langton acumuló en su tienda de antigüedades futbolísticas de Camden hasta que la Federación Inglesa decidió catalogarla en los 80. Hoy es la base del Museo Nacional del Fútbol de Manchester donde se expone esta ilustración junto con obras futbolísticas de otros artistas como Picasso. Por cierto, Langton también era el apellido del tesorero que informó a Eduardo I de la relación homosexual de su hijo con Gaveston. Quién sabe si ese Langton del siglo XIV era un loco del fútbol y se inventó esa acusación en venganza contra el tipo que quería prohibir el juego que tanto le gustaba y que tanto apasionó también a su descendiente Langton, el coleccionista de objetos de fútbol en el siglo XX. •