El gran Sao Paulo de Telê Santana

Un equipo español y un brasileño se vuelven a ver las caras en una final del Mundial de Clubes. Cuando este torneo solo enfrentaba a sudamericanos y europeos muchos fueron los momentos para el recuerdo. Para muchos, el mejor equipo del mundo tiene en el Sao Paulo de 1992 la respuesta. Cruyff así lo reconoció y Telê Santana fue su arquitecto y responsable.

*Luismi Hinojal.- Tras unos años de ostracismo y algunos periodos en clubes brasileños, Telê se empeñó en resucitar a un gigante en horas bajas: el Sao Paulo. Algunos privilegiados estadios españoles fueron testigos directos de un nuevo milagro que redefinió los cánones del fútbol sudamericano. Aquel equipo paseó su elegante porte por los trofeos veraniegos más prestigiosos, en tiempos en los que no había internet ni antenas parabólicas para evaluar el juego que se estilaba al otro lado del Atlántico, y cuando el fútbol estival todavía aseguraba enormes partidos de alto voltaje y la posibilidad de descubrir a grandes jugadores. El Sao Paulo derrotó por 4-1 al Barça de Cruyff en el Teresa Herrera del 92, y en esa misma gira al Real Madrid (por 4-0) en el Carranza.

¿Seguro que las finales no se juegan, sino que se ganan? El fantástico Sao Paulo de Telê ganó en esos años dos Copas Libertadores manejando un enorme carácter competitivo y un fútbol de seda. En diciembre del 92 se midió de nuevo al Barcelona, que acababa de coronarse por primera vez en Europa, por la Copa Intercontinental en Tokio. El gol inicial de Stoichkov fue contrarrestado por dos tantos de Raí: uno rematando un centro con la barriga en un escorzo imposible y otro con una bellísima falta directa. Raí, hermano del gran Sócrates, con el que compartía genes y una mirada profunda sobre el juego, era el inspirador del festival de toque tricolor que amenizaba gente como Cerezo, Cafú, Muller o Palinha. Desde el banquillo blaugrana Johan Cruyff capituló con elegante admiración: “Si tienes que ser atropellado, mejor que sea por un Ferrari. El Sao Paulo ha jugado como el legítimo campeón del mundo que es”. Al año siguiente la víctima fue otra potencia peculiar en el mismo escenario: el Milan de Fabio Capello, aquel técnico con mentón de legionario romano que siempre mantuvo que lo único importante era la victoria. 3-2 para el Sao Paulo con un agónico gol en el minuto 88 anotado por Müller, que se lo dedicó a la cara a Costacurta al grito de “¡es para ti, bufón!”… Una anécdota eclipsada por el bellísimo juego del Sao Paulo que el boquiabierto público nipón celebró como el aterrizaje de un comando extraterrestre. Detrás de un equipo que otorgaba sentido al término “grandeza”, estaba la pasión de un técnico que amaba tanto el fútbol que se paraba en cualquier esquina para ver pelotear a unos críos o una “pelada” callejera. Tras el brillo de los triunfos se escondía el carácter y las convicciones de un obseso del trabajo y de la mejora constante. Transformaba jugadores medianos en piezas eficientes. Y en aquel fantástico grupo de futbolistas que colocó al Sao Paulo en el mapa futbolístico internacional todos multiplicaron su potencial. Telê modeló el elegante fútbol de Raí. Rescató el juego imprevisible de Müller. Fue determinante para que Toninho Cerezo cada día jugara mejor al fútbol.



Adiestró a Cafú durante mil horas hasta convertirlo en uno de los mejores laterales de la historia y el único futbolista que ha disputado tres finales de la Copa del Mundo consecutivas… Aquellas glorias del cuadro paulista contribuyeron decisivamente a que la Copa Libertadores se convirtiera en una obsesión para los clubes brasileños. Por Sao Paulo circulaba una broma reveladora: el rumor apuntaba a que el Papa Juan Pablo II estaba preparando una encíclica para excomulgar a miles de seguidores del Sao Paulo y prohibirles la entrada en las iglesias. ¿El motivo? El sacrilegio colectivo que tomaba forma cuando los sacerdotes elevaban el cáliz en el momento de la consagración.

“Si tienes que ser atropellado, mejor que sea por un Ferrari. El Sao Paulo ha jugado como el legítimo campeón del mundo que es” Johan Cruyff. 

Los fieles no podían más que evocar la figura de Raí, el gran capitán del Sao Paulo, levantando la Copa Libertadores. Y ante esa visión celestial los feligreses entraban en trance y se arrodillaban entonando no un salmo, sino las estrofas del himno del club: “Salve o tricolor paulista, amado clube brasileiro…”. Lo cierto es que los clubes brasileños tienen 17 títulos de la máxima competición continental, pero sólo cinco fueron obtenidos antes de que Telê Santana le recordara a toda América que es posible ganar sin traicionar la herencia de los ancestros. Eso es lo que hizo aquel Sao Paulo, de cuyo banquillo tuvo que abdicar el maestro a mediados de los años 90 tras sufrir una isquemia. Su salud fue debilitándose hasta que el 21 de abril de 2006 falleció en Belo Horizonte rodeado de su familia. Su hijo René dice vivir para preservar y difundir la historia y el legado paternos: “Su importancia traspasa cualquier conquista. El reconocimiento está muy por encima de una mera victoria. El triunfo tiene otra expresión, otro sentido. Para él lo importante era trabajar para acercarse más cada día a la perfección. El buen juego no es una garantía para vencer. Es el camino para vencer”. Telê Santana fue enterrado con su féretro cubierto por las banderas de todos los clubes en los que militó. El gigantesco reconocimiento que su obra recibió en esos días engrandece más si cabe su leyenda. El entonces presidente brasileño Lula da Silva destacó entonces que “Telê siempre se caracterizó por defender un fútbol practicado con arte, técnica y respeto por el adversario. Y ese fútbol arte seguirá vivo, como ejemplo para las próximas generaciones”. Y todos los que en algún momento fueron sus pupilos no regatearon en elogios sinceros y sentidos: “Era exigente, amante de la disciplina y hasta un poco pesado, pero todo un padrazo con los jugadores a los que nunca negó una palabra amable”, recuerda el lateral Leonardo de Araujo. “Procuraba hacer de su trabajo una escuela de vida. Quería cambiar el mundo y lo hacía con pasión”. Palabras de Raí, que consideraba a Telê como un segundo padre.

*artículo completo sobre la carrera de Telê Santana en nuestro número 17