Diego Barcala.- Del Portbou que conoció la pintora Ángeles Santos (Portbou, Girona 1911 - Madrid, 2013) de niña quedan pocas cosas. Todas fundamentales. La frontera con Francia, la estación de tren, la playa, el mar y el campo de fútbol. Todos estos elementos tan característicos de esta peculiar población arrinconada frente al mar protagonizan la precoz obra maestra ‘Un mundo’ (1929) que guarda una de las historias más inquietantes de la pintura española de las vanguardias.
Ángeles Santos era la primera hija de un funcionario de aduanas que fue destinado a Portbou a principios de siglo. Durante toda su infancia y adolescencia sufrió las constantes mudanzas de su familia por las localidades fronterizas con Francia pero también Huelva y Valladolid, donde con 17 años decide pintar qué es para ella el mundo que ha vivido hasta entonces. Su padre, bastante motivado con el talento de la niña, monta un lienzo enorme, de tres metros por tres metros y la niña prodigio da rienda suelta a su imaginación. Tanto que se despierta con frecuencia por las noches a representar sus sueños en la tela. El resultado final es un planeta cuadrado donde la luz ilumina con más fuerza la estabilidad de los veranos familiares en Portbou y oscurece los edificios de la castellana Valladolid. Este universo es iluminado por las estrellas que encienden unas niñas con velas. La pintura estremece a todo el mundo cultural de Valladolid y Madrid de 1929 que no se explican semejante modernidad de una adolescente que apenas ha entrado en contacto con el expresionismo alemán a través de algunas revistas ilustradas.
'UN MUNDO'» Ángeles Santos, 1929. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Federico García Lorca se va a conocer a esta joven deslumbrante a Valladolid y el escritor Ramón Gómez de la Serna se enamora de ella. Sus exposiciones en Madrid impactan de manera salvaje. El éxito y circunstancias vitales por resolver llevan a la pintora a una crisis emocional, un supuesto intento de suicidio en el río Pisuerga y la decisión de su padre de ingresarla en un psiquiátrico. “Fueron años oscuros. Solo quería pintar”, es lo máximo que llegó a recordar la pintora en sus últimas entrevistas. A su salida del ingreso de mes y medio vuelve a Cataluña a recuperarse y ya nunca volvió a pintar los cuadros surrealistas que le habían puesto todos los focos encima. “No, a la ficción nunca volví”, explicaba de anciana, siempre quitando importancia al misterio de su genialidad interrumpida pero que prometía incluirla en el grupo de las grandes pintoras de vanguardia como Maruja Mallo, Remedios Varo, María Blanchart o Leonora Carrington, que también fue ingresada en un psiquiátrico en plena vena creativa. O quien sabe, como el propio Lorca auguraba, “mejor que Dalí”, el gran surrealista ampurdanés como ella.
Lo cierto es que en la Arcadia infantil de Angelita aparece el campo municipal del Club Esportiu Portbou, fundado en 1915 y que está situado desde entonces en el mismo sitio junto al muro que sostiene la vía del tren.
Lo cierto es que en la Arcadia infantil de Angelita aparece el campo municipal del Club Esportiu Portbou, fundado en 1915 y que está situado desde entonces en el mismo sitio junto al muro que sostiene la vía del tren. “Mi padre recuerda haber jugado de niño en ese campo pero no tenemos información del partido que aparece en el cuadro”, reconoce Paula Grau, nieta de la autora. El Portbou ha lucido siempre de verde y blanco y los chicos que juegan en el cuadro van de rojiblanco y albiazul. Pocas pistas nos dejó Ángela. Pero la valla blanca que delimita el verde, o una muy similar, sigue estando en pie hoy día para acoger los partidos de Tercera Regional Catalana del equipo local y la ‘revella’ (verbena) de Santa María cada verano. Quizá por ser de los pocos espacios planos y multidisciplinares del pueblo Ángela lo incluyó como parte fundamental de Portbou. Las fotos históricas revelan que la situación del campo no ha variado en un siglo. El rectángulo deportivo fue convertido en cementerio de coches de los republicanos que huyeron del fascismo al final de la Guerra Civil.
C.E. PORTBOU» Entrada al campo que pintó Ángeles Santos en 1929.
‘Un mundo’ de Ángeles Santos es uno de los cuadros favoritos de los historiadores del arte, fascinados por su talento precoz y truncado. En el Museo Reina Sofía duerme cada noche junto al ‘Gernika’ (1937) de Picasso, en la sala de al lado. En la pared de enfrente la hermana de Dalí se asoma al Mediterráneo de Cadaqués en ‘Muchacha en la ventana’ (1925). Al mismo mar que cantó Federico, el amigo de los dos pintores gerundenses, también en los años 20: “El mar es el Lucifer del azul, el cielo caído por querer ser la luz”. Federico también cantaba en ese poema, ‘Mar’, al “Paraíso Perdido” que en caso del mundo de Ángeles Santos podría ser la de los juegos infantiles en Portbou, también con un balón de por medio. •
Artículo publicado en Líbero 55. Pide aquí tu edición.