Raúl Román*.- Cuando hacía una broma algo cabrona, Luis Fermoso, uno de los tíos más divertidos que nadie podrá conocer jamás, decía mientras sus interlocutores reían: "Tengo ya una parcelita con mi nombre en el infierno". Esas bromas eran pocas. La mayoría eran tan para todos los públicos como las que nos hacía a los espectadores en sus vídeos. Los clásicos recordarán a Tittyshev y la Gravesinha. Los más fanáticos, a una pareja de holandeses que grabó borrachos y desnudos en un Mundial, y a los que, siempre ingenioso, bautizó como Dirk y Klaas en un par de piezas memorables. Tenía un don con las historias; para elegir el tiro, para mostrar luego la patita hasta donde quería, y para rematarte algo más tarde. Muchas veces terminabas por su culpa con un nudo en la garganta, pero la mayoría lo hacías con una sonrisa.
Fermoso es el periodista con el que más tiempo he coincidido en cualquier programa. Mi carrera ha ido por detrás de la suya. Ha sido un intento de ponerme en paralelo a él mientras chupaba la rueda de su gracia. Y cuando digo gracia, no me refiero a su sentido del humor, negro zahíno cuando tocaba. Hablo de su ángel, su esencia como persona. Luis nunca tuvo necesidad de que se le prestara atención, lo que resulta extraño si se le compara con algunos de los que compartimos su oficio. La calidad y originalidad de su trabajo eran más grandes que su ego.
Luis nunca tuvo la necesidad de que se le prestara atención, lo que resulta extraño si se le compara con algunos de los que compartimos su oficio. La calidad y originalidad de su trabajo eran más grandes que su ego.
Ellos ya lo saben, Luis, pero escucharte hablar en los últimos tiempos a corazón sacado de lo maravillosos que han sido Bea, Javi y Lucas y de la fortuna que era para ti tenerlos cerca, ha sido una de las cosas hermosas de este último año nefasto. Menudo viaje con Bea, juntos desde que os recordabais, una historia tan perfecta que parecía de cuento. Sabes mejor que nadie que ni vuestra eterna pandilla de Salamanca, ni tu querido hermano Javi el de la batería, les van a soltar la mano.
En mi cabeza aún apareces en cuclillas muchos años atrás, presentándome al Javi, como tú decías, antes de un viaje nuestro a un partido. Recuerdo su cara de susto y tu sonrisa. Cuesta creer que hoy va a partidos con algunos de los cámaras con los que íbamos nosotros. Con qué orgullo contaste, mientras nos olvidábamos de que lo tuyo avanzaba, que había estado con Pimoulier en Pamplona. El mismo Pimu junto al que el escalofrío de la noticia de tu marcha me ha pillado en México. También estaba Porres, otro que tuvo la suerte de disfrutar y de multiplicar tu talento. Tres vasos de tequila se entrechocaron a tu salud esa noche en la terraza de una taquería.
Es horroroso que alguien se marche con tu edad, con tu sensibilidad, con tu filosofía vital. Al menos nos has dado algo de tiempo para decirte lo que te queríamos. La primera vez que lo hice en este tiempo fue a través de Bea, nada más salir de tu operación. Recuerdo que me dijo: aquí está despertando, se lo he dicho y sonríe. Con eso bastó.
Qué mal jugábamos en la liguilla de la tele, chanfaina mecánica, pero tú no te cansabas. Será porque nunca te excedista más allá de tus cervezas, pero eras capaz de correr más kilómetros cuantos más años cumplías.
Se viene mucho frío, de ese que te la soplaba: ¿alguna vez llevaste ropa de abrigo? En ese cuerpo pequeño había algo muy fuerte. Qué mal jugábamos al fútbol en la liguilla de la tele, chanfaina mecánica, pero tú no te cansabas. Será porque nunca te excediste más allá de tus cervezas, pero eras capaz de correr más kilómetros cuantos más años cumplías, o de hacer cumbre en bicicleta en la Peña de Francia. Menuda bestia, pensé, cuando desde el asiento del coche vi lo que eras capaz de subir en tus veranos, bizipoz charro.
Las risas que acompañan a tus recuerdos ayudarán un poco a entrar en calor. Tus coñas hasta el último día, como con aquella médico asalvajada a la que bautizaste como Doctora Muerte, o la del artefacto que te tocó llevar un tiempo en la cabeza, cuando decidiste presentarte como El Arrebato. Qué gracia has tenido, joder. Así se juega cuando hay malas cartas.
No hay parcelita en el infierno con tu nombre, es imposible. Y si la hubiera habido, habrías roto el cartel de la entrada, habrías salido con aquella mochila vieja y habrías enganchado a algún cámara para ver, grabar y contar el averno. Y ojo, que si al final ha sido así, si ya estás acabando “el churro”, vete guardando todo, que no queremos perdérnoslo. Ni tu inseparable Larraza, ni Juanjo, Pablo, Taranki, el Xiquet, Nacho, Menchu... Ay. Lo va a pasar mal tu Menchurraca. Te echará de menos en algunos conciertos, igual que Polo, Joan o Primicia en otros. Mientras suene la música, tu idolatrado Sabina, tus Queen o tus Airbourne, te imaginaremos en una mesa con El Inglés. Porque tal vez sea eso, que no podía aguantar demasiado sin su Fermoso, su mano derecha, y te ha tocado regresar a los días de gin-tonic y sobremesa interminable, aferrado a tu paciencia y a tu birra.
Perdóname, Luis, si alguna vez no estuve a la altura que merecías o si no supe entender tu posición. Y tantas veces gracias. Por defender nuestros temas, aquellos en los que creíamos, pese a que otros te apretaran las clavijas y no entendieran tu criterio, que era el nuestro. Gracias por cuidarme cuando estuve jodido. Y gracias también por enseñarme cosas. Como que, aunque no seamos los más altos, los conciertos se viven en pista. Y que las historias se respiran y narran con la sensibilidad que tú lo hacías. Las de Lágrimas por Londres (quizá mi favorita), Manute, Semenova, Enke, pero también la tiritona de Chendo en un banquillo de Soria, la de Tittyshev o la Gravesinha.
Tú contaste que algunos tuvieron la suerte de ver jugar a Nate Davis. Nosotros contaremos que tuvimos otra suerte inmensa. Porque pudimos reír junto a Luis Fermoso, aunque ahora nos toque llorarle, solo por un tiempo, para volver a recordarlo por siempre entre risas. Sólo un último favor, Luis: guárdame allá, por dónde estás ahora, una parcelita cerca de la tuya. •
*Periodista de Informe Plus en Movistar.