Finlandeses en la tierra de Chiquito

Entre El Boquetillo y el barrio de Los Pacos en Fuengirola se gestó la primera peña finlandesa de un equipo español. La colonia de 20.000 nórdicos en la Costa del Sol es fría como el Ártico pero La Rosaleda y unas botellas de licor les convierte en malagueños casi de cuna.

Texto Néstor Cenizo | Fotografía Miguel Heredia.- La primera vez que Kalle Pernu fue a La Rosaleda el Málaga ganó al Sevilla 4-2. Pocos resultados más gozosos para un aficionado blanquiazul, así que a Kalle, un tipo simpático con bigote engominado que vestía la camiseta malaguista, le pitaban los coches. Él decidió participar de la fiesta, entró en un bar y profirió contra el rival de la capital algún grito irreproducible que le ganó muchos aplausos. Aquel día Kalle se hizo socio del Málaga. “¡Debí hacerme socio de un equipo mejor!”, bromea hoy, cuando el equipo se hunde en puestos de descenso. En ese caso, Kalle no sería parte de la única peña finlandesa de un equipo español. La Peña Finlandia tiene sede en el puerto deportivo de Fuengirola. Angeleri y Pawlowski la inauguraron en noviembre de 2013 y sus fotos firmadas presiden el despacho como si fueran un trofeo.

Han pasado cuatro años y ninguno sigue en el equipo, que ahora ve muy lejos la hazaña de llegar a cuartos de final de la Liga de Campeones, como ocurrió cuando lo dirigía Pellegrini. Sin embargo, el Málaga sigue siendo caviar para los finlandeses, cuya selección nunca se ha clasificado para un Mundial o una Eurocopa. Su mejor jugador de siempre es Jari Litmanen. “Hay 120 países por delante de nosotros en el ránking FIFA. ¡Incluso países que están en guerra nos superan! Así que nuestra broma es: estamos boicoteando al Mundial porque no queremos jugar por la corrupción de la FIFA”, cuenta Lauri Pietikäinen, el presidente de la peña. De paso, confirma las vagas descripciones de sus paisanos: son autocríticos y tienen un particular sentido del humor que combinan con una forma propia de inexpresividad. Volveremos sobre esto.

GUIRI ARMY
El Málaga tiene alguna peña de extranjeros bien conocida, como la histórica y bulliciosa Guiri Army que forman unos 50 británicos, pero llegado este punto quizá el lector se pregunte qué pinta una peña finlandesa en La Rosaleda. Diremos que en Fuengirola hay un barrio llamado Los Pacos cuyo centro es la Plaza Suomi, a la que se llega bajando la Avenida Finlandia. En Los Pacos hay una freiduría típicamente malagueña, un puesto de kebabs, y luego un puñado de negocios: una panadería-leipomo, una ferreteríarautakauppa, una clínica de fisioterapia-kuntoutus y un médico-laakari. Casi todos se anuncian en español y suomi. Un poco más adelante está el único colegio finlandés en España y hay también una iglesia luterana cuyo pastor fue piloto de aeroplano y grabó un disco de country góspel. Los Pacos es el origen y el centro neurálgico de una comunidad muy asentada en el municipio. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que 6.489 de los 11.108 finlandeses censados en España en 2016 viven en la provincia de Málaga. De ellos, 5.213 están empadronados en Fuengirola, según el Ayuntamiento.

Casi todos se anuncian en español y suomi. Un poco más adelante está el único colegio finlandés en España y hay también una iglesia luterana cuyo pastor fue piloto de aeroplano y grabó un disco de country góspel.

Otros muchos no se inscriben porque sólo pasan una temporada o el año sabático, pero se cree que en Fuengirola viven a tiempo parcial otros 10.000 finlandeses, de unos 20.000 en la Costa del Sol. Hay un par de periódicos en suomi y se puede encontrar cualquier producto del país nórdico. Para muchos finlandeses, Málaga es “el estado más sureño” del país. La televisión prepara una serie policiaca ambientada en Fuengirola y la última semana de octubre un equipo de la tercera división finlandesa vino a entrenar y a jugar contra Los Boliches, último clasificado del Grupo VI de la Primera Andaluza. Perdieron los finlandeses, 2-1. Otto Pihkala comenta que una de las claves es que en España los niños juegan en la calle: “En Finlandia no se puede. No hay cultura de fútbol y sólo se juega de abril a octubre”.

CARNE DE RENO
Así que en el restaurante de Lauri, donde se sirve carne de reno estofada y está la sede de la peña, cuelgan más camisetas de hockey sobre hielo que de fútbol. Aquí vienen los finlandeses a hacerse con su entrada para el fútbol. Cada día que el Málaga juega en La Rosaleda la Peña Finlandia de Fuengirola envía cuatro autobuses, con picos de diez en algún encuentro de la temporada pasada. Disponen de 400 abonos reservados y hay unos 2.000 inscritos. Tiene un punto fascinante escuchar a Lauri Pietikäinen, serio y educado, recordar con acento indefinible el origen de la peña: “Mi primer bar se llamaba Tribuna Gol, y estaba en El Boquetillo.

Cada día que el Málaga juega en La Rosaleda la Peña Finlandia de Fuengirola envía cuatro autobuses, con picos de diez en algún encuentro de la temporada pasada.

Vi que había muchos bares, pero todos tenían teles pequeñas. Así que puse teles grandes en mi restaurante y en 2011 empecé a ayudar a los finlandeses a conseguir entradas”. Es domingo 29 de octubre, y el Málaga se la juega contra el Celta de Vigo. No ha ganado un solo partido en nueve jornadas de Liga. Un par de horas antes de que salgan los autobuses Sonja Rintamäki ya ha instalado el tenderete con las bufandas y los gorros de la peña y Lauri se anima como puede: “Creo que bajaremos si perdemos hoy, pero no es el fin del mundo: a veces bajar es para mejor, porque se nace de nuevo como el Ave Fénix”. Kalle también le ve el lado positivo, aunque está equivocado: “Si bajamos podremos beber cerveza en los estadios”. El muchacho del bigote de punta cree que en la última temporada el Málaga ha perdido a sus mejores futbolistas (Camacho, Fornals, Sandro) y ha fichado “las sobras”. “¡Al Thani vete ya!”, grita en castellano. “Es que no es culpa de Míchel, sino del jeque”, se suma Otto Pihkala. Así que hoy se ve lejos la gesta de bordear las semifinales de la Liga de Campeones. “Aquello lo celebramos antes de tiempo. Abrimos ocho botellas de champán, y tres minutos después estábamos llorando”, recuerda Juke Kataja-Rahko. El viaje en autobús es sobrio y sólo lo animan un par de españoles sentados en la última fila.

Al llegar a La Rosaleda algunos deciden comprar unos botellines de licor en una tienda. Vemos el partido en el Fondo Sur, en una grada repleta de rubios pero al lado de un malagueño inagotable. “Métele ahí; ahora no le vayas a pegar la patada para que te saquen amarilla como siempre; ¡voleón!”. Los finlandeses no dicen ni mu, pero cuando Recio convierte el penalti (2-1), Kalle, Juke, Otto y hasta Lauri lo celebran con alegría genuina. El Málaga no ganaba en La Rosaleda desde el 7 de mayo, también contra el Celta. Nos preguntamos si hay algo más diferente que un finlandés y Chiquito de la Calzada. “¿En qué se distingue un finlandés de un malagueño?”, le preguntamos a Lauri. El hombre reflexiona profundamente. Consulta. Vuelve a pensarlo. Y dice: “Somos tímidos. No animamos mucho, a no ser que hayamos bebido”. Antes ya nos había dado un anticipo: “Ya sabes: a vosotros os faltan tres vocales… pero nosotros no sabemos jugar al fútbol”. •