Florencio Amarilla, un futbolista de Spaguetti Western

El paraguayo le metió dos goles a Francia en el Mundial de 1958, jugó en la Liga española en Primera en los 60 y cuando llegó a Almería su sueño estaba por cumplir: hacer películas del oeste. Por supuesto, lo cumplió en 100 filmes como jefe indio.

José Quesada.- En una pequeña caja metálica de tabaco. Ahí es donde guardo todos mis tesoros. Lógicamente, para alguien que se levanta todos los días a las 6 de la mañana, los metales preciosos y las joyas escasean en ella. Un par de llaveros, alguna foto, un puñado de cromos y varias entradas de fútbol. Poco más. Entre todas esas baratelas se esconde un billete de dólar. Falso, claro. Aunque eso lo desconocía cuando me lo eché al bolsillo siendo apenas un crío.

A veces, cuando tengo un poco de tiempo o me siento un tanto melancólico, abro mi caja y me zambullo en mis recuerdos durante unos minutos. Ahí está la caricatura de Butragueño, la entrada del partido que jugó Maradona con el Granada y el dólar falso. Siempre ese dólar falso. Cuando llego a él me transporto a aquella excursión que hice a Almería y repaso en mi mente como llegó ese billete falso hasta mí. Seguramente mis recuerdos estén tamizados por el paso del tiempo, pero quiero imaginar que ese papel salió volando magistralmente, dibujando tirabuzones bajo el implacable sol almeriense hasta caer sobre el albero ante mis pies. Recuerdo bien el camino de vuelta a casa, temeroso y a la vez ilusionado, palpando el papelito a través del bolsillo del pantalón, fantaseando con que quizá habría formado parte de algún copioso botín en alguna de las películas de Sergio Leone… Vete tú a saber.


PARAGUAY» Amarilla en una foto de archivo con su selección.

Más de 300 westerns se rodaron en el desierto almeriense en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, recreando con sus áridos paisajes el peligroso oeste americano. Aunque, eso sí, de una forma mucho más barata. ‘El bueno, el feo y el malo’, ‘La muerte tenía un precio’ o ‘Por un puñado de dólares’ son solo algunas de las películas más famosas en las que participaban actores como Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Yul Brynner o Charles Bronson. Entre todos estos grandes nombres que cierran cada uno de los filmes prácticamente a pantalla completa, rara vez se escapa en un tamaño netamente inferior el de Florencio Amarilla, un olvidado actor secundario que protagonizó –con un balón de fútbol de por medio- una historia personal digna del mejor de los largometrajes.
Florencio Amarilla llegó al mundo cine de casualidad.

Nacido en 1935 en Coronel Bogado, una pequeña ciudad que se levanta a los pies del río Paraná (Paraguay), arribó a Almería a finales de los 60, estirando una exitosa carrera futbolística que le había llevado a convertirse en un ídolo en su país natal.

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