Granada en los 70 quizá no fuera Vietnam

"Jugar en Los Cármenes es como ir a la guerra", dijo Asensi para la historia. Veteranos del Granada de los 70 se rebelan contra el estigma y reivindican los logros de aquel equipo: "Parece que ganábamos los partidos porque estábamos con metralletas".

Fotografía Archivo de Antonio Lasso

Néstor Cenizo

Una frase redonda puede dejar una marca imborrable. "Jugar en Los Cármenes es como ir a la guerra", dijo Asensi en tiempos de Vietnam, y la etiqueta se quedó pegada al Granada CF, como si aquel equipo custodiase la fórmula secreta de las patadas. Va otra, atribuida a Rexach al pasar por la plaza de toros, camino del estadio de fútbol: "¡Qué suerte tienen los toreros!". Aquel equipo fue, probablemente, el mejor de la historia del Granada CF. Acumuló ocho temporadas consecutivas en Primera y logró dos sextos puestos, pero es recordado sin remedio como un equipo rayano en lo criminal. La acreditada solvencia de matagigantes, la mala fama que arrastraba Aguirre Suárez y la lesión de Amancio dieron pábulo a una leyenda que tenía algo de verdad, pero que no era toda la verdad. He aquí algunas obviedades: el fútbol de los años 70 era duro y sucio; no se queda sexto sólo pegando trompazos; el Granada tuvo hasta un pichichi, Enrique Porta.

Acumuló ocho temporadas consecutivas en Primera y logró dos sextos puestos, pero es recordado sin remedio como un equipo rayano en lo criminal.

"Éramos agresivos, pero no con mala intención", concede hoy Rafa Jaén, que fue capitán de aquel Granada, y atribuye la leyenda al fichaje de Aguirre, que formó con el uruguayo Montero Castillo y el paraguayo Pedro Fernández la zaga más temida de la Liga. "Aguirre destacaba sobre todos. Era temible en el campo, muy duro… Hablaban de Aguirre Suárez y dicen que temblaban los delanteros", rememora Antonio Lasso, historiador del Granada CF y autor de una enciclopedia sobre el club. Aguirre ya falleció y Montero (padre de Paolo Montero), que sólo duró una temporada, regresó a Uruguay. En cambio, Pedro Fernández se retiró en Granada, donde reside. Hoy recuerda con algo de sorna que los rivales caían lesionados justo antes de sus duelos con el equipo que entrenaba Joseíto. "No quería venir nadie a jugar allí. No sé por qué, tenían miedo".

El paraguayo admite que habían perfeccionado algunas fórmulas para amedrentar a los delanteros. Por ejemplo, Jaén había coincidido con Marcial y Rexach en la selección olímpica, y una vez aprovechó el encuentro en el túnel de vestuarios para cuchichearle a Marcial: "¿Qué le has dicho al argentino que está tan cabreado?". También simulaban pelearse entre sí. "Nos miraban y decían: ¡Estos están locos!", rememora Fernández, que le pedía sus compañeros: "¡Déjame que pase alguno, que yo también juego!". Alguna vez despacharon una nariz rota tal que así: "Che, ¿qué le pasó al chico? ¡Se ha mareado!".

"¡Déjame que pase alguno, que yo también juego!". Alguna vez despacharon una nariz rota tal que así: "Che, ¿qué le pasó al chico? ¡Se ha mareado!".

SIN PERDÓN
"Excepto dos, todos íbamos al balón", comenta Falito, que llegó a disputar todos los minutos durante cuatro temporadas seguidas. Santiago Antonaya, Santi, también admite que aquellos tipos eran gente dura. "Pero es lo que se llevaba entonces", nada muy distinto al par de defensas aguerridos que tenía cada equipo. Además, todos marcan una línea entre Aguirre Suárez y el resto. "Era duro, muy temperamental. Tenía mala idea. Si podía hacer daño te lo hacía. En cambio, Pedro Fernández era fuerte, entraba duro, pero buscaba siempre el balón", cuenta Santi. El portero Javier Izcoa corrobora esa impresión: "Fernández no era leñero, era duro. Decía que había que pelear como locos porque venían por la comida de nuestros hijos. Aguirre era más leñero, más bicho. No perdonaba a nadie. Y si eran argentinos, menos todavía". Izcoa relata que en una ocasión metieron a un lesionado del Valencia en la caseta local. "Vino Aguirre Suárez, cabreado como siempre, lo vio en la caseta, y echó al médico y a él. Se armó un cristo tremendo".

 "Fernández no era leñero, era duro. Decía que había que pelear como locos porque venían por la comida de nuestros hijos. Aguirre era más leñero, más bicho. No perdonaba a nadie. Y si eran argentinos, menos todavía"

A Suárez le precedía la fama. Con Estudiantes de La Plata ganó tres Copas Libertadores y la Intercontinental de 1969 al mando de una de las zagas más marrulleras de la historia del fútbol. Era duro hasta para los estándares de la dictadura argentina: pasó varias semanas en la cárcel por decreto del general Onganía, después de un espectáculo grotesco contra el Milan, en el que Aguirre pisoteó la cara a Combin. El presidente Cándido Gómez Álvarez aprovechó la sanción para contratar al defensa. Como otros de los llamados oriundos, que podían jugar en España por tener ascendencia española, es posible que se recurriera a la trampa. Una vez preguntaron a Aguirre si su padre era navarro. -"¿Navarro? No, es de Pamplona", replicó. El caso es que los oriundos aportaron carácter a aquel equipo. "La gente cree que eran sucios y violentos porque se entregaban al máximo. Y no. Salían al campo sin darle ventaja a nadie", comenta el expresidente....

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