«Ha perdido el Zaragoza y mañana es lunes»

Esta semana (19-09-2010) se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de José Antonio Labordeta, uno de los políticos más carismáticos de la democracia española. Su dos pasiones estaban muy claras; Aragón y el Real Zaragoza. Tal era su vínculo con el club de La Romareda que jamás dejó de renovar su abono.

Texto Patricia Peiró Ilustración Denís Galocha .- Labordeta era un auténtico zaragocista que vivía su pasión como casi todo en la vida: con rotundidad, pero otorgando a la victoria y a la derrota la importancia justa y una buena dosis de ironía. No tenía segundos equipos, solo era del Zaragoza. Hasta los últimos años, se agarraba al recuerdo de una historia gloriosa. En los 60, vio a los Magníficos de Juan Seminario, el único zaragocista que consiguió ser pichichi del campeonato y en los 70, saboreó el subcampeonato logrado por los Zaraguayos.  Desde 2008, cuando la enfermedad cada vez le limitaba más la actividad de este hombre inquieto, veía los partidos desde casa, aunque los nervios le obligaban a cambiar de un canal a otro. En esa casa recibió apenas tres semanas antes de morir la Medalla de la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. Entonces, el Real Zaragoza todavía estaba en Primera.

 “Siempre sostuvo que era gafe y que cada vez que iba al campo, perdían”, bromea una de sus hijas, Ángela Labordeta, hoy política y miembro del partido al que perteneció su padre, Chunta Aragonesista. Fue el “tío Miguel”, su hermano, el que lo enamoró de este equipo de sufridores. Miguel, mucho más mayor que José Antonio, le llevaba al campo de Torrero, en el que el equipo jugó sus primeros años de historia antes de mudarse a La Romareda en 1957. “Papá siempre recordaba una frase de mi tío: ‘Ha perdido el Zaragoza y encima mañana lunes’, como para indicar que todo estaba fatal”, cuenta Ángela.

No fue hasta muchos años después cuando decidió abonarse. Lo hizo junto a muchos de sus amigos, intelectuales aragoneses todos ellos, y formaron una peña de amigos que simplemente quería disfrutar del fútbol. Se autodenominaban Los Militos. Era la época en la que Gabi y Diego triunfaban en las filas blanquillas. A este grupo pertenecían Félix Romeo, Ignacio Martínez de Pisón, Miguel Mena, el culpable de la lluvia de mejillones, José Luis Melero, y el omnipresente Luis Alegre, entre otros.

Este último no recuerda haber compartido con Labordeta un partido en el que el Real Zaragoza ganara. “Fuimos en el 87 a ver el partido contra el Real Madrid en La Romareda. Nos metieron siete goles y salimos completamente deprimidos. Después estuvimos dos veces invitados en el palco del Bernabéu, la primera por Mercedes Gallizo (entonces Directora General de Instituciones Penitenciarias y también zaragozana), y otra junto a José Luis Borau. Por supuesto, también perdimos”. En el descanso de uno de esos encuentros, Labordeta y Alegre coincidieron con otro insigne aragonés: Federico Jiménez Losantos. Ante el estupor generalizado, el periodista y el cantautor se saludaron con un caluroso abrazo. “Tras su muerte él mismo lo contó, pero en esa época muy pocos sabían que José Antonio había sido su profesor en Teruel, y Federico siempre le tuvo mucho cariño y admiración”, cuenta. En casa de Alegre compartió también mantel con Pep Guardiola, cuando él era un veinteañero: “Se habló poco de fútbol, porque a Pep le gustaba poco hablar de eso fuera del campo”.

Cuando fue elegido diputado de CHA por Zaragoza y se veía obligado a pasar cada vez más tiempo en Madrid, tuvo la tentación de darse de baja como abonado. Entonces llegó Melero, que por aquel entonces ya era consejero del club, y le espetó que no podía hacer eso: “Pero ¿cómo vas a hacer eso ahora que eres diputado por Zaragoza? ¿Tú te imaginas a los de Esquerra sin su abono del Barcelona o a los del PNV sin el suyo del Athletic?”. Los argumentos parecieron convencer al entonces Labordeta político, que mantuvo su abono hasta el último día. Su amigo Félix Romeo fue el que más utilizó el carnet de Labordeta