Indonesia, partidos de pies descalzos

Un tapón de plástico sirve de moneda arbitral para elegir campo o saque. En cualquier esquina del país asiático se multiplican los campos improvisados. Viaje por el fútbol puro del paraíso que albergan las islas indonesias

Texto y fotografía Nieves Facorro.- ¿De dónde sois? -España - les contestamos. -¿España? ¿Del Barça o del Madrid? Suena a tópico pero no deja de sorprender que a 12.800 km del Paseo de la Castellana, los clubes de fútbol españoles sean el mejor vehículo de comunicación. Indonesia es uno de los últimos países en sumarse a la locura futbolística. Nos referimos a la pasión por los clubes profesionales, las camisetas de las estrellas y los partidos televisados a todas horas para que sus 255 millones de personas repartidas en 17.000 islas disfruten de las grandes ligas europeas. La locura del fútbol puro, como el juego simple y fabuloso que consiste en dar patadas a cualquier cosa, no siempre tiene que ser un balón, para introducirlo en tres palos, no siempre con aspecto de porterías, viene de lejos.

Los campos se cuentan por cientos en Indonesia, allá donde pisamos, aparece uno, bien tras unos cocoteros o junto a una base militar, ahora convertida en una escuela de aviación. Son las cinco de la tarde de la tarde y 27 niños que sueñan ser el nuevo Neymar o el nuevo Ronaldo, se agolpan a pelotones en dos equipos en un campo de futbol de Karimunjawa, da igual los que se junten hoy, todos ellos se repartirán en dos equipos para que nadie se quede fuera del partido. La única regla es es jugar hasta que la luz -impresionante sobre el marlo permita. En el centro de la cancha Neymar y Rooney se disputan el saque lanzando al aire el tapón de una botella de plástico, su moneda arbitraria, que les hará saber quien dispondrá el honor del saque inicial. Ellos no tendrán la suerte de sus ídolos europeos, juegan con los pies desnudos y la ilusión alivia
el dolor de las entradas y pisotones.

El país cuenta con una liga potente a nivel local que hace unos años tuvo la tentación de dar un salto internacional con la contratación de jugadores latinoamericanos. Llegaron cerca de 80 jugadores pero la experiencia resultó dramática. Un jugador paraguayo murió en un hospital sin medios y los jugadores encontraron instalaciones precarias e impagos constantes en una liga muy seguida, pero poco preparada. Tras un reñido partido en el que no llevan la cuenta de los goles, varios para Rooney, alguno de Neymar e incluso alguno de un Ronaldo poco afortunado en el día de hoy, suena el salat del ocaso (oración del anochecer), el partido llega a su fin, los equipos se disuelven y el sol se pone, mañana será otra final, mismo estadio y quien sabe si más estrellas de las ligas europeas
convocadas en un partido multitudinario en una isla perdida del sudeste asiático. •