Javi Roldán.- Cuando éramos los mejores (pero no ganábamos nunca) es una crónica sobre la selección española de México ‘86 publicada por Debate hace poco más de una década. Se tituló así porque refleja el sentimiento que los españoles tuvimos al acabar aquel torneo y también durante los siguientes, cuando decíamos padecer la maldición de los cuartos de final. Hasta que ganamos en 2010, nunca perdimos por equipo y por juego, sino por circunstancias ajenas a nuestra responsabilidad. “Me voy con la satisfacción de haberlos barrido. Por desgracia vuelvo a casa, como en Estados Unidos, tras un gran partido”, se lamentaba Clemente en el 96, eliminado ante Inglaterra. Porque siempre éramos los mejores, eso estaba claro.
El punto álgido de la teoría llegó en 2002, donde para justificar la derrota ante Corea del Sur hicimos sangre de Al-Ghandour. “Por circunstancias arbitrales totalmente partidistas”, recordó Camacho, “es uno de los partidos marcados por la historia”. Caer contra la anfitriona en una eliminatoria arbitrada por un egipcio venía al relato que ni pintado, a qué negarlo. Mientras calificamos el partido como el robo del siglo, no obstante, el seleccionador rival expuso un revelador “podemos hablar lo que se quiera del arbitraje, pero España debe mirarse al espejo y preguntarse por qué no ha sido capaz de superar a un conjunto sin experiencia”.
RAÚL» El 7 entra por Villa en el Mundial de 2006.
Si observamos a aquella Selección desde la acertada sentencia de Hiddink, la cosa da para cuestionar algunos mitos para ahuyentar tanto la soberbia como el victimismo cuando volvamos a perder contra selecciones como Bélgica o Yugoslavia, empatar ante Irlanda y Corea del Sur, o nos remonte Italia. Desmitificar lo referente al nivel de un equipo es donde convergen todos los caminos. *
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