La extraña pareja de Cruyff y el Levante UD

La historia detrás de la rocambolesca etapa grandota de Johan en Segunda División. El fichaje en febrero comenzó con la insignia de oro y brillantes y acabó a mitad de tabla.

Cayetano Ros.- Brillaban los ojos de los jugadores más jóvenes del Levante UD, en febrero de 1981, cuando vieron entrar por la puerta del vestuario del Nou Estadi, entonces en Segunda División, a Johannes Hendrick Cruyff. No solo había sido el mejor futbolista del mundo en la mayor parte de los setenta, el más elegante, el más fino, el de una personalidad apabullante, sino que poseía trucos inimaginables como fumarse un cigarro en la ducha, ya desnudo, sin que se le mojara el pitillo. “No nos lo podíamos creer. Era como si ahora entrara por la puerta Messi o, antes, Maradona”, dice, 45 años después, Vicent Latorre, de 65, leyenda granota y en aquella época un jovencito de 21 entusiasmado con la presencia del tres veces Balón de Oro (1971, 73 y 74). Los críos de ese vestuario [Latorre, Gómez, Óscar, Loran, Garrido y Campuzano] lo mitifican: “Yo me fumaba un pitillo con él”, sonrió, orgulloso, el melenudo delantero Campuzano. 

“Desplazaba el balón 50 metros con el exterior sin coger carrerilla”, agrega Latorre. “Lo mejor era la arrancada y la parada: dejó sentado al mediocentro del Granada en Los Cármenes, el campo más grande de Segunda. Otro partido, en Cádiz, se lo pasó charlando con su lateral derecho, Luque, y ninguno de los dos tocó el balón: jugamos 10 contra 10”, continúa Latorre, un media punta zurdo con mucho gol y mucho atrevimiento. “Un día, en un entrenamiento, le dije a Pirri (el utilero): ‘¡Gordo, voy a hacerle un caño a Johan!’. Y me salió. Me quería matar”. En ocasiones, Johan ponía los pies en un barreño de agua caliente y se sentaba junto al banquillo a ver a sus compañeros entrenar. Al Nou Estadi, actual Ciutat de València, acudía con un Citroen CX Palace largo con dos perros dóberman en su interior. Su mejor amigo en el vestuario fue Floro Garrido, exjugador del Burgos en Primera, de la cantera madridista, y amigo a su vez del mítico Juanito. “Fue al primer jugador al que vi fumar en el descanso de un partido”, continúa Latorre. Vivía con su familia en un chalet de L’Eliana, según estipulaba un contrato leonino a su favor, que luego veremos. *

*lee el resto del artículo en la edición 56 de Líbero disponible en este enlace.