Ramiro Barreiro.- Dicen que las palmeras simbolizan cuatro valores: la victoria, el triunfo, la paz y la vida eterna. Sin embargo, existe una que peleó durante varios años contra la muerte, aunque ya se ha ganado un lugar eterno en el corazón de miles de aficionados de un modesto pero emblemático club del fútbol uruguayo. Se trata de la palmera del club Danubio, una dama que adornaba la tribuna visitante del estadio que lleva el nombre de otra mujer, María Mincheff de Lazaroff, madre de origen búlgaro de los fundadores del club, aunque todos conocen al recinto como “Jardines del Hipódromo”.
La palmera fue plantada a finales de 1950 por un grupo de hinchas. El árbol sobrevivió inviernos y veranos, además de la posterior construcción de la tribuna y un par de intentos de incendio. En 2024, se debatió entre la vida y la muerte por la aparición de un insecto que hizo estragos en Uruguay: el picudo rojo. Sus ramas crecieron viendo los progresos de este club de primera división con cuatro campeonatos de Primera división y las semifinales de la Copa Libertadores de 1989 como mayor logro internacional.
2024» La palmera en sus últimos días en la grada visitante. Foto. Ramiro Barreiro.
Carlos Mena sabe lo que es salvar a la palmera de Danubio. Incluso, podría considerársele uno de los padres. Se trata del vicepresidente del club, aunque es mucho más que eso. Es quien abre el estadio cuando hay partidos, lleva y trae pelotas e indumentaria en los distintos predios que tiene el club, y hasta pesca nuevos talentos en el Uruguay profundo, allí donde no llegan los grandes, Peñarol y Nacional.
“Esa palmera la encontramos en un basurero detrás de la tribuna donde se encuentra hoy. La ingresamos en los primeros días de diciembre, con la intención de cubrirnos del sol, porque era un sol bastante apreciable, y allí la plantamos”, recuerda para este reportaje.
“Esa palmera la encontramos en un basurero detrás de la tribuna donde se encuentra hoy. La ingresamos en los primeros días de diciembre, con la intención de cubrirnos del sol, porque era un sol bastante apreciable, y allí la plantamos”, recuerda para este reportaje.
Por ese entonces, la palmera era una pequeña planta con poca altura, y ni siquiera asomaba detrás de los taludes que formaban la tribuna. Incluso, y aunque aún no se la veía, estuvo presente en el primer campeonato uruguayo que conquistaron los bohemios.
La palmera no sólo es un símbolo del club, también lo es del barrio de la Curva de Maroñas, distrito alejado del centro de Montevideo, en el que viven familias de trabajadores y también conocido por el hipódromo.
SÍMBOLO» La palmera desde fuera del estadio. Foto. R.B.
“Cuando se hizo la tribuna nueva, el dueño de la empresa de construcción, que fue un expresidente de Danubio, decidió dejarla”, recuerda Mena.
En ese primer logro, las tribunas eran de pasto y tierra, por lo que podría considerarse que la palmera también fue testigo de la construcción de las gradas -en 2001- que hoy pueden recibir unos 4.000 asistentes, destinados al público visitante. Allí el sol da de frente y es necesario dibujarse una visera con la mano para poder ver el partido.
DOS ATAQUES
La palmera (o lo que queda de ella) celebró el pasado mayo el vigésimo aniversario de un intento de asesinato. Cómo decimos los humanos, fue un día el que “nació de nuevo”. Danubio recibía a Cerrito como líder de la clasificación, que terminaría ganando invicto, para luego llevarse también el uruguayo. Se trataba de una suerte de derby de cercanías, aunque el odio que profesa el auriverde no es correspondido por los de la franja. Tal vez ese desplante, o la derrota por la mínima de esa tarde, fue lo que enardeció a un grupo de hinchas de Cerrito, que intentaron prender fuego a la histórica palmera. Los propios hinchas de Danubio y, luego, los bomberos, sofocaron las llamas.
Tal vez ese desplante, o la derrota por la mínima de esa tarde, fue lo que enardeció a un grupo de hinchas de Cerrito, que intentaron prender fuego a la histórica palmera. Los propios hinchas de Danubio y, luego, los bomberos, sofocaron las llamas.
A los pocos días llegaron las disculpas por parte de los dirigentes de Cerrito, que en una formal esquela, afirmaron: “Más allá del simbolismo representado en esa palmera, está el principio instransferible que tenemos las instituciones de cuidar y consolidar nuestro patrimonio”.
Pero la hinchada de Cerrito quiso tomar revancha, y mucho tiempo después llevó una camiseta de Danubio gigante para ponérsela a la palmera y provocar otro incendio. Claro, no contaban que en las gradas estaba el propio Mena, esta vez, en su rol de neutral, como veedor de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). “Me dijeron que en el entretiempo la iban a prender fuego. No a la palmera, sino a la camiseta, pero podía prender todo. Y bueno, yo informé las pretensiones que había, y en el entretiempo estaba la policía preparada”, cuenta Carlos en pose de héroe.
CARLOS MENA» El vicepresidente del club. Foto. R. B.
Para él, la palmera tiene un significado adicional. La ve como un homenaje que Danubio hace a las mujeres. “Nosotros tenemos uno de los pocos estadios que tiene un nombre de mujer. No creo que haya muchos. Y fue la que nos dio el nombre de Danubio porque ella es de origen búlgaro y era el río que cruzaba por su zona donde nació. Pero tenemos también un ser femenino que es nuestra palmera”, se emociona.
En agosto del año pasado esa fémina vegetal que resistió a las llamas y al progreso comenzó a perder su vigor, las frondosas hojas duras y verdes, se pintaron de sepia, y perdieron su fuerza, hasta caer.
En agosto del año pasado esa fémina vegetal que resistió a las llamas y al progreso comenzó a perder su vigor, las frondosas hojas duras y verdes, se pintaron de sepia, y perdieron su fuerza, hasta caer.
La palmera de Danubio es de la especie canaria, oriunda de las islas que llevan el mismo nombre y de donde vino una gran corriente migratoria mayormente instalada en el departamento de Canelones, pegado a Montevideo, cuyos habitantes son denominados ‘canarios’, en referencia a sus antecesores europeos.
No obstante, se comprobó que el insecto también ataca a las autóctonas Butiá y Pindó. Picudo rojo es el nombre común que recibe el Rhynchophorus ferrugineus, una especie de coleóptero de la familia de los gorgojos, originario del Asia tropical, de entre dos y cinco centímetros y de color rojo óxido, que parece presagiar el peligro que conlleva. En pocos meses, una colonia de estos insectos puede acabar con una palmera entera. En la de Danubio, se encontraron larvas a unos 80 centímetros hacia abajo, dentro del tronco.
ORGULLO» Pintada en el interior del estadio. Foto. R.B.
Penetran por la única yema de crecimiento, ubicada en la cima de la palmera y su detección temprana es dificultosa, por lo que cuando los síntomas son claramente visibles, muchas veces, es demasiado tarde para realizar el control químico con insecticidas y la palmera finalmente muere.
Todos los danubianos sabían que ese iba ser el final inevitable de su querida palmera, en especial Carlos Mena, por lo que ya barajaron alternativas para que la leyenda continuara. Plantar una nueva palmera, sana, o reemplazarla por una escultura que celebre a la original o un monolito son algunas de las opciones.
“Cortarla sería perder un pedazo de la vida, del corazón de la novia, ¿no? Nos da una pena enorme tener que cortarla porque vivió muchos años. Como ser vivo, creo que fue el único testigo de los cuatro campeonatos. Es el único ser vivo que está permanentemente en nuestro estadio, desde el año 57, que fue inaugurado. Entonces, este estadio no está solo. Hay un ser vivo ahí que estuvo todo el tiempo. Y queremos que siga estando”, se esperanza Carlos, y todo un barrio. •