'La leche, el voto y la bola' por Antoni Daimiel

La Bola de Cristal trataba a los niños como adultos, despertaba el espíritu crítico, daba rienda suelta al atrevimiento y la creatividad, incitaba a cuestionar autoridades de inercia, a dudar de lo aparentemente correspondiente u obligatorio.

Antoni Daimiel.- No sé si la tensionada coyuntura y este forro polarizado que nos abriga sigue permitiendo a muchos ciudadanos repetir el tópico simplista de “Soy español, a qué quieres que te gane”. El éxito patrio nos une socialmente en la diferencia y la diversidad con un margen temporal homenaje a Nick Nolte y Eddie Murphy, “Límite 48 horas”. Lo que sí parece indiscutible es que ciertos colectivos que representan a España en deportes de equipo siguen cosechando triunfos a los que hasta hace 20 años no estábamos acostumbrados.

En 20 años hemos ganado tres Eurocopas, dos Mundiales de fútbol y un oro olímpico mientras hemos sido dos veces campeones del mundo y cuatro de Europa en baloncesto, dando tiempo también a dos platas y un bronce olímpicos. La base de la España campeona del mundo de baloncesto en 2006 fue la llamada “generación del 80” (fueron campeones del mundo junior en 1999). La plantilla de la España campeona de la Eurocopa de fútbol del 2008 tenía una edad media de 27 años, por lo que podríamos situar su origen medio en 1981. Una curiosidad socio-genética me empuja a la concepción de la mayoría de aquellos “ganadores” en los años 1979 y 1980. ¿Qué pasó ahí? No creo en algún tipo de modificación líbero-sexual, pese a que las películas categoría S (eróticas) se empezaron a estrenar en los años 77 y 78. Algo cambió, algo nuevo empezó a ocurrir y a condicionar para bien a padres y niños que no acontecía antes. Como curiosidad, digamos que fue el momento en el cual ya se generalizó la comercialización de la leche uperizada, en brik. Hasta entonces, y lo recuerdo perfectamente, se vendía la leche en unas bolsas de plástico y vencía en 48 horas. Además aquellos fueron los años en los que la composición de la leche para  bebés progresó en variedad de valores nutritivos y en regulación de su composición.


MUNDIAL» El éxito de 2010, la culminación de una generación de deportistas. 

Los niños de los ochenta contemplaron con uso de razón y cierta consciencia preadolescente que su entorno, su gente, sus conciudadanos se convirtieron en una referencia del deporte mundial con la organización de los JJOO de Barcelona 92 y con los magníficos resultados cosechados en ellos por parte de la delegación española. Desde mediados de los ochenta se incrementaron las inversiones públicas en infraestructuras con los Juegos y la Exposición Universal de Sevilla como referencias y se creó el Plan ADO que multiplicó exponencialmente la inversión en deporte. Fue la época en la que comenzó la relevancia de las empresas en patrocinios deportivos de alto nivel. Económicamente España aceleró el crecimiento de su PIB, redujo la deuda pública, redujo la tasa de desempleo del 24,4% al 15% en 3 años y redujo la inflación por debajo del 3%. 

Los niños de los ochenta contemplaron con uso de razón y cierta consciencia preadolescente que su entorno, su gente, sus conciudadanos se convirtieron en una referencia del deporte mundial con la organización de los JJOO de Barcelona 92 y con los magníficos resultados cosechados en ellos por parte de la delegación española.

Busquemos otros indicios: en marzo de 1979 tuvieron lugar las primeras elecciones generales constitucionales y un mes después, las primeras municipales en democracia. Sentir la capacidad de decisión y participación es empoderarse, y de esa manera, revalorizar tu papel social. El programa infantil de televisión Barrio Sésamo se estrenó en España (solo había dos canales) en diciembre de 1979. Caponata primero y luego Espinete y Don Pimpón fueron denominador común en la formación de nuestros niños pero me cuesta concederles responsabilidad. El pistoletazo de arranque del movimiento músico-cultural de la Movida Madrileña fue el concierto homenaje a Canito en la Escuela de Ingenieros de Caminos en febrero de 1980.

*Lee el resto del artículo de Antoni Damiel en la edición 58 de Líbero.