La maldición de Zakarías que persiguió 50 años al Lille

Un joven desaliñado se presentó ante la directiva del flamante campeón de Francia, el Lille, ofreciendo sus servicios. Decía ser Zakarías, compañero de Puskas en el reciente Mundial de 1954, huido de la dictadura comunista de Hungría. Así comienza la rocambolesca maldición que persiguió 50 años al equipo francés.

Foto 1 (Archivo) - El verdadero Zakarias junto al cañonero húngaro meses antes de que intentaran suplantar su identidad. Zakarias es el tercero de pie

José Manuel Quesada Jiménez.- Finales del mes de julio de 1954. Un vagabundo deambula de madrugada por las solitarias calles de Lille. Su paso es tortuoso pero el objetivo muy claro: el número 15 de la Rue du Molinel. Guiado por las indicaciones de algún transeúnte se planta ante un apenumbrado edificio haussmaniano. Sobre la fachada, las parpadeantes luminarias públicas hacen destellar la figura dorada de un molino de viento. No hay duda, ha llegado al Moulin D’Or. Nervioso, cruza la ornamentada puerta de cristal. El salón está prácticamente vacío, nadie repara en la presencia del forastero de aspecto mugriento que angustiosamente interpela por Gaston Davidson. El gerente del local y también directivo del Lille Olympique Sporting Club (LOSC), flamante campeón de fútbol francés, no tarda en descender por la señorial escalinata que preside la sala. Extrañado por el aspecto de su huésped le sirve una jarra de cerveza mientras este, en un apurado francés, intenta hacerse entender: “Soy Josef Zakarías, volante izquierdo del equipo húngaro. He elegido la libertad. Tras la Copa del Mundo de Suiza, decidí quedarme en Occidente. Pero quiero seguir jugando al fútbol y, si es posible, en un gran club como el Lille”.

Davidson no sale de su asombro pero se muestra receloso por lo estrambótico de la historia: ¿es posible que Zakarías, miembro del temible Equipo de Oro esté ante mí rogándome ser fichado? Este es el comienzo de la historia que caricaturizó la dramática situación en la que quedó sumida Hungría en los años cincuenta y en la que, en buena medida, el fútbol se erigió como espejo de la división de un país y del sufrimiento de un pueblo. Para contextualizar correctamente la historia es necesario retroceder años atrás. Debemos viajar hasta finales de los años cuarenta, cuando Europa intentaba recomponerse de los estragos que causó la Segunda Guerra Mundial. Al igual que casi todos los países centroeuropeos, Hungría había quedado asolada y a finales de la década vivía en un proceso de recuperación que discurría funambulescamente sobre un plano político-social caótico. Fruto de la trasformación que le llevó de ser miembro del Eje durante la guerra a emerger como República Popular Comunista tras la misma y que conllevó una severa represión sobre la población. Casualmente este periodo coincide con la imposición magiar en el mundo futbolístico.

Fruto de la trasformación que le llevó de ser miembro del Eje durante la guerra a emerger como República Popular Comunista tras la misma y que conllevó una severa represión sobre la población. Casualmente este periodo coincide con la imposición magiar en el mundo futbolístico.

Hungría era la auténtica potencia mundial e infundía pavor deportivo por todo el viejo continente, bajo el apodo del “Equipo de Oro” habían acumulado cuatro años sin una derrota, hasta la final del Mundial de Suiza donde cayeron derrotados ante la sorpresa de todos. En este ambiente desolador de mediados de la década de los cincuenta, la supuesta aparición de una estrella magiar en Lille entraba dentro de una triste lógica, pues no era más que otra huida de un personaje ilustre. Pero para Louis Henno, presidente del LOSC, era algo más. Había tenido la tremenda suerte de que una estrella de oro cayera directamente en sus manos.

Además, por si fuera poco, el joven comentó que sus compañeros Czibor y Toth venían tras sus pasos y estaban a punto de arribar al vecino puerto de Dieppe. Cegados por el fulgurante negocio nadie reparó en pedir ninguna documentación al joven, pero no importó, ¿quién sería capaz de inventar una historia de tal calibre? Henno agasajó a su invitado, hoteles de lujo, exquisitos restaurantes, sastrerías de caché y dinero por doquier. Zakarías disfrutaba de la buena vida y declinó participar en ningún entrenamiento alegando que tras la Copa del Mundo su estado de forma era superior al de cualquier compañero. Mientras, un emisario del propio LOSC esperaba en la ciudad vecina la llegada del buque ruso para recibir a las dos figuras de oro que supuestamente viajaban entre un cargamento de carbón. El presidente guardó celosamente su secreto, haría pública aquella gran sorpresa en la presentación del equipo para la nueva temporada. Eran las 11 de la mañana del 31 de julio de 1954. La impaciente prensa se agolpaba ante un improvisado escenario sobre el que Henno se entregaba totalmente al papel teatral de su soñada función. Tras él fueron apareciendo los jugadores que un par de meses antes se habían proclamado campeones de Francia. Pero eran solo diez, faltaba uno.

Eran las 11 de la mañana del 31 de julio de 1954. La impaciente prensa se agolpaba ante un improvisado escenario sobre el que Henno se entregaba totalmente al papel teatral de su soñada función. Tras él fueron apareciendo los jugadores que un par de meses antes se habían proclamado campeones de Francia. Pero eran solo diez, faltaba uno.

»WEMBLEY 1953 La mítica selección húngara que derrotó por primera vez a Inglaterra en su casa con Zakarias en el 11.

Llegado el momento un sonriente Henno gritó: “¡Os presento al undécimo jugador del LOSC: Josef Zakarías, finalista de la Copa del Mundo hace un mes!”, mientras retiraba una cortina que cubría al futbolista. Los allí presentes aún no habían salido de su asombro cuando tomó la palabra Zakarías. En un esforzado francés no rehuyó el parlamento para relatar sus aventuras. Había tenido que cruzar a pie Checoslovaquia, Alemania y Bélgica, en una dantesca travesía en la que incluso tuvo que vender un anillo de oro para poder sobrevivir. Continúo dando detalles de su juego con un punto cada vez más exagerado “Como saben, mi disparo es tan fuerte que es difícil siquiera de imaginar. Para que os hagáis una idea, un día chuté contra el poste y el balón reventó. Pero en otra ocasión fue peor, un portero quiso atajar mi lanzamiento con la mala fortuna de que el balón le golpeó en la cabeza, murió poco después”. Los periodistas se miraron entre sí, algunos recelaban, pero nadie se atrevió a alzar la voz.

 “Como saben, mi disparo es tan fuerte que es difícil siquiera de imaginar. Para que os hagáis una idea, un día chuté contra el poste y el balón reventó. Pero en otra ocasión fue peor, un portero quiso atajar mi lanzamiento con la mala fortuna de que el balón le golpeó en la cabeza, murió poco después”

EXPECTACIÓN
Al día siguiente, en la previa del primer partido de pretemporada que disputó el LOSC se levantaron las primeras voces dubitativas. El diario Voix du Nord emplazaba al momento en el que “con la pelota en el pie” se vería si “Zakarías [era] el bueno, el auténtico internacional húngaro”; por su parte la agencia norteamericana United Press directamente tachaba de “improbable que el internacional magiar Zakarías [hubiera] fichado por el Lille o cualquier otro equipo francés”. El viaje hacia SeineMaritime, localidad que iba a acoger el partido amistoso, sirvió para sembrar la duda entre sus propios compañeros. Recelosos, aguantaban las bravuconerías de la supuesta estrella: “Tenéis suerte, conmigo todos vosotros tendréis ocasiones fantásticas, marcaréis muchos goles. Pero si no lo conseguís, no pasa nada, pasadme a mí el balón y marcaré yo dos o tres”. Ya en el vestuario la duda y el recelo se convirtieron en incredulidad pues aquel presunto gran futbolista era incapaz de atarse correctamente las botas. Los más avispados empezaron a sonreír. El espectáculo que se avecinaba sería histórico. En las gradas la expectación era tremenda por ver a aquel as del balón que había tenido que huir del asfixiante yugo comunista.

 “Tenéis suerte, conmigo todos vosotros tendréis ocasiones fantásticas, marcaréis muchos goles. Pero si no lo conseguís, no pasa nada, pasadme a mí el balón y marcaré yo dos o tres”

El público aplaudió animosamente cuando los jugadores saltaron al terreno de juego. Sin embargo, en el palco el gesto empezó a torcerse, los directivos se pasaron unos a otros un telegrama sellado en Budapest y firmado por… ¡Josef Zakarías! El futbolista internacional había sido alertado de lo que ocurría en Lille y quería transmitir que nunca había abandonado su patria. Pero ya era demasiado tarde, para entonces el espectáculo era bochornoso. Aquel joven sobre el que recaía el foco del show era incapaz de controlar un balón. Henno estaba furioso, era el hazmerreír de todo el estadio. Los gendarmes registraron las pertenencias del futbolista y encontraron una foto vestido de militar y una carta: una orden de expulsión ministerial girada a nombre de Ladislav Vereb, un legionario checoslovaco desertor de la guerra de Indochina. El propio Henno ordenó parar el partido para que se detuviera a aquel impostor sobre el propio terreno de juego.

'LADRÓN'
“Pudimos asistir al evento más sensacional del año […] aquel pequeño ladrón cuyo desempeño futbolístico no puede disculpar talento alguno y que se comportó sobre el terreno de juego como un corredor común sin grandes condiciones atléticas […] entre dos gendarmes terminó la breve pero brillante carrera de este futbolista ladrón con fértil imaginación […] Afortunadamente el asunto que ha hecho que todos riamos intensamente”, publicaba la crónica del Voix du Nord el 2 de agosto de 1954. La estafa recorrió el país, no hubo punto en Francia en el que no se hablara del asunto. Vereb fue apresado por declaración falsa y violación de una orden de deportación. Basó su explicación en que sencillamente necesitaba ayuda en el momento más dramático de su vida, pero nadie se apiadó de él. Se había convertido en el enemigo público número uno.

La estafa recorrió el país, no hubo punto en Francia en el que no se hablara del asunto. Vereb fue apresado por declaración falsa y violación de una orden de deportación. Basó su explicación en que sencillamente necesitaba ayuda en el momento más dramático de su vida, pero nadie se apiadó de él. Se había convertido en el enemigo público número uno.

La prensa puso la lupa sobre la directiva del LOSC. Nadie se explicaba cómo no se habían dado cuenta del fraude y señalaron uno a uno todos los datos incongruentes que había ido ofreciendo aquel charlatán. Henno fue apartado de la dirección del club y el equipo entró en barrena en el campeonato francés. Aquel escándalo sumió al LOSC en una grave crisis institucional y deportiva que lo llevó al descenso de categoría. Todo el mundo en Lille cuchicheaba sobre una maldición, la que había lanzado el “falso Zakarías” y de la cual el club jamás se repondría. Aquel equipo maldito naufragó durante décadas entre la Segunda y la Primera división, muy lejos del glamour que disfrutó Vereb. El implacable transcurso del tiempo fue haciendo que el rastro del legionario checoslovaco se fuera diluyendo, como un susurro, como una leyenda, como una mentira. Tendría que pasar más de medio siglo, hasta 2011, para que el LOSC lograse recuperar el sitio que perdió en 1954, para que volviera a levantar el campeonato liguero, para que se sacudiera la maldición de Zakarías. •