Las porterías que dieron al Bayern la Copa de Europa de 1976

Son los años 70 y se enfrentan el Saint-Étienne contra el Bayern de Múnich con un inesperado rival: los postes de la portería. 40 años después, los aficionados se han olvidado de los alemanes, pero no han perdonado a los postes. La geometría también juega al fútbol.

*Eduardo Bravo.- Los Campos Elíseos han sido escenario de múltiples desfiles. Por la ancha avenida parisina han caminado héroes e infames hombres y mujeres que en unos casos han colaborado a engrandecer la historia de Francia y, en otros, han humillado los principios revolucionarios de Libertad, Igualdad, Fraternidad. Así son los desfiles de la victoria; las reglas las suele poner el que gana, aunque no siempre es así. El 13 de mayo de 1976, los Campos Elíseos acogieron otro de esos multitudinarios desfiles solo que, en esta ocasión, no celebraba un triunfo, sino una derrota. Los jugadores del Saint-Étienne regresaban a casa desde Glasgow. El día anterior se habían enfrentado en el estadio Hampden Park al Bayern de Múnich. Perdieron, pero fueron recibidos como héroes. Saint-Étienne es una pequeña localidad situada en sudeste francés. Capital del departamento del Loria, fue un importante centro industrial y minero especialmente castigado por las crisis económicas y las reconversiones de la segunda mitad del siglo XX. A pesar de su arquitectura, su pasado de dominación romana, sus museos y su esplendor como centro de producción metalúrgica y de armamento, Saint Etienne ha quedado tradicionalmente eclipsada a los ojos de turistas y medios de comunicación por la cercana Lyon.

Entre los muchos atractivos de la ciudad, destaca especialmente su equipo local. Ajeno a crisis, situaciones políticas y otras coyunturas, el A.S. Saint-Étienne ha sido uno de los clubes de fútbol más respetados del continente. Por sus filas han pasado figuras como Platini, Laurent Blanc, Amié Jacquet o Jacques Santini, cuya habilidad y talento han logrado una decena de campeonatos de liga, varias copas de Francia y la que, hasta el momento, es su gran gesta: disputar la final de la Copa de Europa de 1976. Les Verts, los verdes, como se conoce popularmente a los jugadores y la afición del Saint-Étienne, fueron, durante la década de los sesenta y setenta uno de los equipos más impotentes de Francia y unos habituales en las competiciones europeas. Partido tras partido, habían dejado en la cuneta del torneo de 1976 al KB de Dinamarca y al Glasgow Rangers. En un agónico encuentro de vuelta que se decidió en la prórroga, eliminaron al Dinamo de Kiev. En la siguiente ronda, se impusieron al PSV Eindhoven. Una victoria más y la copa viajaría con ellos a Francia.

El 12 de mayo de 1976, Les Verts regresaron al estadio Hampden Park donde habían eliminado al Glasgow Rangers. El objetivo era ganar su primera Copa de Europa e impedir que el Bayern de Franz Beckenbauer hilase tres triunfos continentales consecutivos. La alineación del Saint-Étienne, en la que estaban, entre otros, Ivan Ćurković, Osvaldo Piazza, Christian López, Gérard Janvion, Jacques Santini, Jean-Michel Larqué y los hermanos Revelli, dominó toda la primera parte. El equipo jugaba plenamente convencido de que podía ganar. La anulación de un gol de Müller, por fuera de juego, no hizo más que aumentar esa confianza. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos, el balón no entraba. Cada vez que el Saint-Étienne conseguía llegar al área contraria y disparar, cuando no era el portero, eran los palos los que atajaban la pelota. Primero un balón al larguero de Bathenay; cinco minutos después, un cabezazo de Sarramagna al poste. En la segunda parte, Franz Beckenbauer, en jugada ensayada tras una falta, combinó con Roth que venció a Ćurković y marcó en la portería francesa. A pesar de los esfuerzos, Les Verts fueron incapaces de empatar el partido. El Bayern de Munich fue el campeón 1975-1976. LOS PALOS CUADRADOS En el año 2013, después de más de una década de trabajo, el Musée des Verts, situado en el predio del estadio Geoffroy- Guichard, estaba a punto de abrir sus puertas.

Unos meses antes, Roland Romeyer, presidente de la entidad, anunció la adquisición de la que tal vez sea la pieza estrella una colección que repasa la historia del Saint Etienne desde su fundación. Se trataba de los postes de la final de 1976, a los que muchos aficionados culpaban de la derrota ante el Bayern. En esa época, en lugar de ser cilíndricos, los postes eran cuadrados. Según el saber popular, este detalle habría provocado que los balones que se estrellaron contra ellos fueran rechazados fuera de la portería, en lugar de alojarse en el fondo de la red. Los famosos «poteaux carres», los postes cuadrados, habían estado almacenados durante décadas en las instalaciones del Hampden Park, cuyos propietarios los cedieron al Saint Étienne a cambio de 20.000 euros. Un precio ridículo en comparación con el valor sentimental y emocional que estos postes tienen para los aficionados del club. “Son un pequeño símbolo de esa final de 1976, que creó un vínculo emocional entre el pueblo francés y el A.S. Saint-Étienne”, explicaba Roland Romeyer durante la presentación.

Los propietarios de Hampden Park cedieron los postes cuadrados
al Saint-Étienne a cambio de 20.000 euros.

A pesar de la leyenda, los protagonistas del encuentro son bastante escépticos acerca de su veracidad. Según Jacques Santini, “los postes cuadrados no tienen nada que ver con la derrota”. Su compañero Dominique Bathenay, es de la misma opinión: “Años después volví a ver las imágenes del partido y las jugadas para asegurarme que la memoria colectiva coincidía con lo que había sucedido. ¿Merecíamos ganar? Tuvimos varias oportunidades pero el Bayern también las tuvo. Nada nos asegura que, de haber sido redondos, hubiéramos podido marcar. Tampoco nadie puede asegurar que, de haber marcado, hubiéramos ganado el encuentro”. Sea como fuere, el mito de los «poteaux carres» continúa presente en el imaginario colectivo de los franceses. Con motivo del 40 aniversario de la final de Glasgow, Les Verts quisieron recordar la hazaña con un documental dirigido por Benjamin Rassat –en el que se incluían testimonios de buena parte de los futbolistas que disputaron ese partido–, una gran fiesta en la ciudad y una nueva línea de ropa deportiva de Le coq sportif compuesta por camisetas y sudaderas de estética retro, entre las que se encontraban réplicas de la equipación de esa memorable temporada. A pesar de ganar unos cuantos campeonatos más, entre ligas y copas de Francia, Les Verts no han podido repetir la hazaña de 1976. A los fracasos deportivos se les sumó algún que otro escándalo financiero e incluso problemas con los pasaportes de sus jugadores pero, como dice Kipling, eso es otra historia. La de hoy trata de cuando un grupo de hombres derrotados desfiló por los Campos Elíseos, fue aclamado por el pueblo francés y recibido por el presidente de la República francesa.

*artículo publicado en nuestro número 18