Las presas que juegan al fútbol

El Progreso es el equipo femenino de una de las saturadas cárceles de Buenos Aires. Evelina Cabrera, su entrenadora, lidera el valiente proyecto.

Texto: Federico Frau | Fotografías: Federico Peretti.- La mañana del 10 de agosto de 2018, Evelina Cabrera, entrenadora y exfutbolista argentina, tomó un coche para hacer los 20 km que separan la cárcel de su casa en el barrio de Núñez, en Buenos Aires. La entrenadora quería enseñar fútbol en el Complejo Penitenciario San Martín, ubicado en José León Suárez, en el conurbano bonaerense. El complejo, inaugurado en 2008, aloja 2.591 internos entre las tres unidades penales que lo componen: 46, 47 y 48, todas de una planta. Está entre un vertedero de 500 hectáreas que recibe 17.000 toneladas diarias de residuos y una autopista que lleva el nombre de “Camino del Buen Ayre”. El primer día tuvo todos los ingredientes para ser también el último. Cuando se abrió el cerrojo del portón de ingreso del pabellón 3 de la Unidad Penal 47 de José León Suárez, 15 presas caminaron hacia un patio donde iban a tener su primer entrenamiento.

El primer día tuvo todos los ingredientes para ser también el último. Cuando se abrió el cerrojo del portón de ingreso del pabellón 3 de la Unidad Penal 47 de José León Suárez, 15 presas caminaron hacia un patio donde iban a tener su primer entrenamiento.

Al otro lado de una de las alambradas, en otro patio, estaban las reclusas que jugaban al rugby. Apenas las vieron empezó una lluvia de insultos por peleas y rencores pasados y el alambrado evitó lo que hubiera sido una batalla campal. Como agravante, el canal ESPN estaba presente para filmar al equipo de rugby. En una cárcel, donde las pocas libertades y permisos se manejan según niveles de conducta, este escándalo podría haber sido el final de la aventura. Cuando las presas salieron a conocerla y comenzar el entrenamiento, pasó lo que pasó. En ese momento, Evelina supo que no se podía quedar quieta. “O me cagaban a trompadas o me hacían caso”, pensó. -La concha de la lora -gritó Evelina. Todas giraron sus cabezas y la miraron atónitas.

 

El impacto de ese grito fue como el pitido seco del silbato de un árbitro. Así se ganó su atención y Pato, una de las mayores y que lleva la mitad de su vida en cautiverio, empezó a tomarlas de la mano para que se concentraran en el entrenamiento. Empezaron a pelotear y el alambre de púa a la altura del suelo que rodea el terreno pinchó las cuatro pelotas que tenían. -Después me enteré de que algunas no salían del pabellón hacía un año. Ahí las entendí. Algunas tenían los ojos chiquititos, casi cerrados. ¿Cómo no van a estar enojadas? ¿Querés reinsentarlas en la sociedad y las dejas encerradas un año? Obvio que van a salir furiosas. ¡Yo saldría furiosa!, recuerda Evelina. Aquí no existe el famoso folclore del fútbol argentino, no hay banderas, no hay afición...

*El sábado envío de revista Líbero 27 a suscriptores, lunes en kioskos y todos los packs de Navidad se enviarán en 48 horas desde el viernes. Link aquí.