Xabier Rodríguez.- La realidad migratoria española ha llevado a Brahim y Achraf a jugar con Marruecos pero otros como Lamine y Nico Willians eligieron España. Antes fueron Curro Torres, Luis Cembranos, Mario Gómez o Philippe Senderos; los cuatro con orígenes españoles, nacidos en Alemania o Suiza quienes eligieron jugar para una u otra selección. España tiene una larga historia de emigración, pero corta como receptor de población extranjera. En la selección hace ya unos años que vienen jugando españoles inmigrantes de segunda generación y la realidad del país evidencia que su número ira creciendo. Mientras tanto, en las gradas o la prensa ya se han dado los primeros incidentes, frecuentes en países que viven este tipo de procesos y que describió el futbolista Romelu Lukaku en The Players Tribune: “Cuando las cosas iban bien me llamaban el delantero belga. Cuando las cosas no iban bien me llamaban el delantero belga de origen congoleño”. Igual que ha ocurrido con los belgas, la selección francesa, con más de cien años de historia, ha reflejado bien los riesgos y las ventajas de un proceso social inevitable.
LE FOOT RÉPUBLICAIN
En el siglo XIX, cuando el país vivió su revolución industrial, apoyada en el trabajo de miles de personas llegadas desde Polonia, Italia, Bélgica o España, la Constitución ya proclamaba los valores republicanos heredados de su propia revolución. Libertad, igualdad y fraternidad eran principios que debían primar por encima de cualquier diferencia. Tras el desastre de la I Guerra Mundial, el país pudo recuperar su actividad económica gracias a la llegada de cientos de miles de europeos del este y de jóvenes procedentes de las colonias francesas. Ya entonces, la selección de fútbol fue un reflejo de esta realidad y en los años 30 brillaron futbolistas como Vandooren, Di Lorto o Ben Bouali.

ACTUAL» Mbappé y el último campeonato de Benzemá.
Tras la II Guerra Mundial, la recuperación económica volvió a ser posible por la llegada de marroquíes, senegaleses o portugueses. Al mismo tiempo, el desastre de Dien Bien Phu ponía fin a la era colonial francesa en Asia y Argelia iniciaba la guerra por su independencia. En abril de 1958, 12 futbolistas de origen argelino huían de Francia para formar parte de la selección organizada por el FLN argelino. Hasta cinco internacionales con el país galo formaron parte del equipo, incluyendo a la estrella del Saint-Étienne, Rachid Mekhloufi y el central del Monaco, Mustapha Zitouni. Y mientras Francia se descomponía en Argelia y recurría al viejo héroe de la Liberación, Charles de Gaulle, para su reconstrucción, la selección alcanzaba las semifinales en el Mundial del 58 gracias a la dirección del jugador del Real Madrid, Raymond Kopa (Kopaszewski de nacimiento) y los 13 goles de Just Fontaine; a quien su madre, María Dolores Ortega, nunca dejó de llamar Justo.
Mientras Francia se descomponía en Argelia y recurría al viejo héroe de la Liberación, Charles de Gaulle, para su reconstrucción, la selección alcanzaba las semifinales en el Mundial del 58 gracias a la dirección del jugador del Real Madrid, Raymond Kopa (Kopaszewski de nacimiento) y los 13 goles de Just Fontaine; a quien su madre, María Dolores Ortega, nunca dejó de llamar Justo.
La llegada de esta población inmigrante había ido acompañada de una gran inversión en vivienda pública. Barrios enteros fueron construidos en la banlieue (periferia) de las grandes ciudades. Hasta que la crisis del petroleo de 1973 puso fin a tres décadas de fuerte crecimiento y desarrollo social, conocidas en Francia como Les Trente Glorieuses. Con menos inversión en integración, los problemas sociales se incrementaron.
En 1984, el ultraderechista Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen lograba un sorprendente ascenso en las elecciones europeas. Diez días más tarde, la selección ganaba la Eurocopa en el Parque de los Príncipes con un centro del campo formado por un jugador de Burdeos, uno nacido en Mali, otro de Tarifa y un número 10 de origen italiano: Alain Giresse, Jean Tigana, Luis Fernández y Michel Platini. *
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