Macarty, el primer homo cadista

El monumento a la afición amarilla levantado junto al estadio homenajea a uno de los seguidores más febriles del Cádiz, Macarty, un símbolo de la ciudad y de una de las aficiones más características del fútbol español.

Alberto Cabello.- “Ya están cayendo mijitas, ya están cayendo mijitas”. La advertencia provenía de la segunda fila de tribuna del antiguo estadio Ramón de Carranza (ahora Nuevo Mirandilla). Sin embargo, pese el aviso de lluvia del aficionado, el azul del cielo no vaticinaba precipitación alguna.


Desde el mismo sector de la grada comenzaba a llegar el sonido sostenido y rítmico, cada vez más cercano, de un llavero enganchado en la presilla de un pantalón. El ruido, clic, clic, clic, era el resultado del contacto de las llaves con la pierna de alguien que caminaba a ritmo vivo por la avenida principal de la tribuna, en dirección a la parcela en la que aquel espectador había lanzado tan misteriosa observación meteorológica.

El transeúnte era Macarty. Personaje habitual del ecosistema amarillo que acostumbraba a ir de punta a punta de la grada durante los partidos mientras se lamentaba o gimoteaba sobre alguna circunstancia que le sucedía al Cádiz en el terreno de juego.

MACARTY» Personaje inevitable junto al foso del Carranza. Foto. Joaquín Hernández Kiki

Con el tiempo, con los años y con los más que habituales disgustos que daba el equipo amarillo, quedó resuelto el misterio de las “mijitas”. Nada tenían que ver con asuntos del clima, sino futbolísticos. El aviso era el sinónimo a la gaditana de lo que hoy en día alguno de esos nuevos comentaristas, que han decidido dejar sin ficha federativa a los artículos determinados e indeterminados, calificaría como: “Empeño vigoroso destino portería local”. Vamos, que lo que el socio del Cádiz quería decir, es “cuidao, que nos va a caer el primer gol”.

El trasiego de Macarty tenía un significado similar. Cuando las cosas no pintaban bien iniciaba esos viajes. Farfullaba, miraba al cielo, se hincaba de rodillas a rezar, compartía queja con el que tenía más cerca, volvía la vista al campo con la esperanza de que hubiera mejoría, veía que la cosa pintaba igual de mal y reanudaba su letanía por su vía sacra del Carranza. Si la cosa acababa bien, el lunes dejaba pagado un ramo en la floristería de la Plaza de las Flores para que se lo llevaran a la Patrona, la Virgen del Rosario, a su iglesia de Santo Domingo.

SÍMBOLO» Junto a la plantilla del Cádiz de los 80. Foto. Joaquín Hernández Kiki.

También se detenía cuando se cruzaba por la calle con algún chaval, hijo de algún conocido. Te cogía los dos mofletes con sus dos manos de hobbit, te daba dos besos en la frente y te decía: “¿Cómo estás, sobrino?”. Podía tener alrededor de 6.000 o 7.000 parientes de ese rango, porque así llamaba a todos los hijos de sus amigos.

El reportaje completo de Macarty forma parte de la última edición de Líbero dedicada a los estadios y sus aficionados. Pídelo aquí a domicilio