Más de una década odiando los debates inanes del Balón de Oro

Corría el año 2007 y en Líbero rompíamos una lanza por el Ardaturanismo, el extraño fenómeno que hizo del futbolista turco del Atlético de Madrid un símbolo. ¿Un símbolo de qué? De algo que se parecía poco a los debates que mueven el balón de oro, así que publicamos aquella portada con un editorial incendiario contra el premio, lo más hortera y alejado del fútbol de toda la vida que existe en el panorama actual.

Líbero.- (Editorial Líbero 7, diciembre 2013) 

Hubo un tiempo en que el premio del Balón de Oro tenía un toque sofisticado. Uno se enteraba en diciembre y casi por sorpresa de que ‘France Football’ había designado a un jugador europeo como el mejor del año. No solía ocupar mucho espacio en la prensa diaria ni en las televisiones, pero venía bien para completar contenido en un mes con parón invernal. Entonces tenía un aire rebuscado y se permitía extravagancias como la de designar a Igor Belanov como ganador.


1971» Uno de los trofeos de Cruyff. 

En los últimos años en España se ha desatado una atención en el periodismo deportivo sobre el galardón que resulta una obsesión desmedida. Por parte de la prensa, además, implica una enorme falta de imaginación para ofrecer contenidos originales a su público. A lo largo de los meses previos se suceden una serie de comparaciones y debates inanes que ensalzan los méritos individuales por encima de los del colectivo, unos valores poco representativos de un deporte coral como es el fútbol. Los grandes futbolistas son recordados por los éxitos que lograron dentro de equipos míticos. 

Por parte de la prensa, además, implica una enorme falta de imaginación para ofrecer contenidos originales a su público.

Y es que son los triunfos que se logran en conjunto los que trascienden. Así lo entendió Nelson Mandela cuando decidió utilizar el rugby como herramienta para acelerar el cambio que necesitaba Sudáfrica. En el deporte en general y en el fútbol en particular está reflejada la sociedad. Negarlo es no querer ver la realidad. Los clubes y los combinados nacionales deben ser responsables y conscientes de la imagen que proyectan a sus millones de seguidores. Recientemente nos produjo un bochorno mundial ver como la selección española acudía avergonzada y sin dar explicaciones a un partido montado por un dictador como Teodoro Obiang. Parte fundamental de la caída del ‘apartheid’ vino por la presión internacional y el boicot, también deportivo, al régimen sudafricano. Si tanto alabamos el legado de Mandela, ¿por qué no aplicamos sus lecciones? •