«Me paraba como lo hacía Johan. Lo tenía en el subconsciente. Se lo había visto de niño»

Emilio Butragueño es uno de los ilustres admiradores de Cruyff. Llevó su 14 y el 9 en la selección como un homenaje al jugador que más inspiró su peculiar estilo de juego.

Julio Ocampo.- Aunque la entrevista es para hablar de Cruyff, es necesario precisar la magnitud de Emilio Butragueño (Madrid, 1963). Fue un futbolista soberbio sostenido por un físico menudo, enjuto, enmarcado a su vez por unos rizos rubios y una cara de niño que delataba su travesura con el balón y su afinidad a ocupar los espacios, dejando a su vez invisibles los puntos de referencia. Así desconcertaba a los rivales, los descuartizaba antes de volver a desaparecer del área. Efectivamente, era indetectable. Capaz de caminar por el agua. De soltar briznas de pan para después recogerlas.
El Buitre -icono de una Quinta inmortal- no corría, sino que levitaba. Su fulcro era el punto fijo desde el cual se soltaba toda su articulación futbolística. Porque sí, no fue solo un goleador. Más bien eso fue la consecuencia de un amplio catálogo: habilidoso, excelente manejo de ambas piernas, gran remate de cabeza, visión de juego, supina resolución en espacios cortos y excelentes desmarques. No es casual, ni un antojo, que fuera el sueño prohibido de Johan para su Barça.
Quien fuera uno de los mejores nueve de la historia madridista (también lució el siete y el totémico catorce), concede 15 minutos de entrevista por teléfono a Libero. Se encuentra en su oficina, donde ejerce de director de Relaciones Institucionales del Real Madrid. Su tono es educado, tranquilo y sereno. Sabe que no todos los amores son posibles, y quizás es mejor así. Imaginando lo que pudo ser y no fue, lo que fue y pudo no haber sido. 

Johan Cruyff se marchó prematuramente. Siempre le estimó como futbolista. Fue algo mutuo, en realidad ¿Qué perdió el fútbol, y la vida, sin él? ¿Qué legado deja?
Una pena lo de su fallecimiento hace diez años. Fue una figura central en el mundo del fútbol. Su contribución, extraordinaria. Tanto, que ha sido figura capital para que el fútbol sea lo que es precisamente hoy. Sí, el principal deporte del planeta, el que más seguidores tiene. Johan, en su momento, fue decisivo para que eso sucediera. Hablamos del mejor futbolista del mundo en su época. También porque lideró un cambio en la manera de entender el juego. Y es que hablamos de un delantero centro que venía a recibir. Era un constructor, con una personalidad extraordinaria. También una gran inteligencia para entender todo. Gracias a ese Ajax y la selección holandesa podemos decir que se abrió un nuevo capítulo. Uno importante, sí. Johan pertenece a la historia del balón, y todos los que amamos esto le tenemos que estar muy agradecidos. Eternamente.*

*lee el resto de la entrevista en la edición 56 de Líbero disponible en este enlace.