Hillsborough, nunca morirán sólos

Este 25 de mayo se cumple un nuevo aniversario de la quinta Copa de Europa conseguida por el Liverpool. Fue la primera después de la tragedia de Hillsborough en 1989. Un hecho que marcó las vidas de todos los aficionados del Liverpool para siempre y que dejó 96 muertos y 766 heridos de entre 10 y 67 años.

Amador Moreno (miembro de la Peña oficial del Liverpool Madrid Reds) .- Escribir sobre la tragedia de Hillsborough siempre es algo doloroso para cualquier aficionado del Liverpool, y seguramente, para cualquier aficionado al fútbol. ¿Hay algo más trágico que acudir a un estadio de fútbol a ver un partido -algo que hacen millones de aficionados cada fin de semana en todas las partes del mundo- y no regresar jamás con tu familia? Supongo que, para aquellos que no recuerden bien qué pasó aquel día, conviene hacer un resumen de lo ocurrido aquel sábado 15 de abril de 1989. Semifinales de la F.A. Cup. El Liverpool FC y el Nottingham Forest se enfrentan a partido único en campo neutral, como es tradición en el fútbol inglés. El estadio elegido es el de Hillsborough, propiedad del Sheffield Wednesday. Una serie de errores en la seguridad de los accesos al estadio y retrasos producidos por los atascos de tráfico hacen que, a la hora del inicio del partido, todavía haya muchos aficionados con entrada que no han podido acceder al campo. La presión por entrar hace que la policía decida abrir las puertas y permita el acceso a toda la gente que estaba en el exterior.

A las 15:06 hora local, seis minutos después de haber comenzado el partido, el árbitro decide suspender el encuentro ante lo que parece una invasión de campo de los aficionados del Liverpool. Pero lo que está pasando no es un caso de “hooliganismo”. Lo que en realidad ocurre es que hay decenas de aficionados que están siendo aplastados contra las vallas. Recordemos que, en aquel entonces, éstas rodeaban el terreno de juego en casi todos los estadios del mundo. Las imágenes que se producen a continuación son, aún hoy, muy duras de ver. A falta de autoridad competente, son los propios aficionados los que socorren a los hinchas que intentan escapar de la trampa, improvisando camillas con las vallas publicitarias. Las ambulancias tardan una eternidad en llegar. Sólo una consigue acceder al campo. Al terminar el día hay 94 fallecidos y 766 heridos, con edades comprendidas entre los 10 y los 67 años. Cuatro días después muere Lee Nicol, de catorce años. Y cuatro años después fallece la última víctima, Tony Bland, de 22, que había estado en coma todo ese tiempo. Entre los fallecidos, miembros de varias familias: un padre y su hijo, dos hermanas, tres pares de hermanos, dos aficionados a punto de ser padres y la víctima más joven, Jon-Paul Gilhooley de diez años, primo del que más tarde se convertiría en uno de los grandes capitanes de la historia del Liverpool, Steven Gerrard.

LOS TESTIGOS

Simon Howard, uno de los fundadores de la peña oficial del Liverpool “Madrid Reds”, estuvo aquel día en el campo. Había acudido a ver el partido con su padre. “Sí, estaba en el estadio con mi padre. Yo recuerdo ese día como si fuera ayer, porque era un chaval de 16 años que jamás se va a olvidar de lo que pasó. Llevamos tantos años intentando convencer a la opinión pública de lo que realmente pasó, que es muy duro”. Como las víctimas que estaban detrás de la portería, Simon y su padre entraron de los primeros: “Nosotros entramos en el campo una hora antes de que empezara el partido, porque queríamos ver el ambiente. Yo estuve en la grada lateral y tenía muy buena vista de lo que pasaba en la grada central. La policía decidió abrir una puerta, y la gente se agolpó en el centro y no en los laterales. Los que estaban detrás no sabían lo que estaba pasando delante, y la policía seguía mandando gente al mismo sitio”. Simon, como tantos otros aquel día, prefería pensar que, lo que veía, no estaba sucediendo: “Yo no sabía nada en esos momentos; cuando ves a la gente con los ojos cerrados, no sabes qué está pasando. Yo le decía a mi padre que parecía que estaban muertos, y mi padre, que debía imaginarlo pero seguramente quería protegerme, me decía que era imposible. Y cuando empezamos a salir, ya escuchamos rumores de que habían muerto cinco personas, diez… treinta”. A Dios gracias, Simon y su padre no sufrieron daños. Pero como testigos de lo ocurrido son, también, víctimas de aquel terrible suceso.

CULPABLES Y CONSECUENCIAS

Hasta aquí, la parte más triste e irreparable de la historia. Pero la parte más vergonzosa aún no ha encontrado reparación: hoy, 25 años después de la tragedia, nadie ha sido juzgado por estos sucesos. Falta justicia. ¿Cómo es posible que un hecho de esas características no haya tenido todavía una sentencia justa? ¿Cómo es posible que no haya ningún condenado, al menos de forma subsidiaria, por estos sucesos?

Comencemos por contextualizar la época. 1989. En Reino Unido, gobierna Margaret Thatcher, la apodada como “Dama de Hierro”, que lleva ya tiempo decidida a terminar con los problemas que el fútbol está ocasionando en su mandato. Cuatro años antes, se había producido la llamada “tragedia de Heysel”, donde 39 aficionados, en su mayoría italianos, habían fallecido como consecuencia de los enfrentamientos entre aficionados de la Juventus de Turín y del Liverpool, ocurridos durante la final de la Copa de Europa. Estos lamentables sucesos provocaron que los clubes ingleses fueran excluidos de las competiciones europeas por cinco años. Pero, y esto es sólo una opinión personal, éste no era el único motivo por el que a Margaret Thatcher no le gustaba el fútbol ni sus aficionados (mayoritariamente gente de la clase trabajadora). Conviene recordar, llegados a este punto, que en esa época el fútbol no es un fenómeno tan global como lo es hoy. El deporte nacional es el cricket. El de las clases altas, el rugby. Y el entretenimiento de la clase trabajadora, el fútbol. No es hasta los años 90, con la llegada de la Premier League y de las retransmisiones y programas de Sky TV, que empiezan a mezclar el emergente “brit pop” con los reportajes sobre futbolistas, cuando el fútbol se convierte en algo “cool”. En el sitio donde todo el mundo quiere estar. En ese contexto, y con Margaret Thatcher exterminando la fuerza de los sindicatos de izquierdas a todo lo largo del territorio británico, el fútbol es un enemigo más. Más todavía, si cabe, en lo que respecta a Liverpool, cuyo consejo de la ciudad (o ayuntamiento) ha sido dominado durante años por una rama del partido laborista llamada “Militant”, de ideología trotskista. ¿Tuvo todo esto algo que ver en la ausencia de responsables? Nunca lo sabremos. Esto no son más que opiniones que algunos aficionados británicos me han cuchicheado al oído, durante años, en los rincones de algunos pubs.

Pero conviene recordarlas porque, la máxima responsable de que ninguna autoridad fuera culpabilizada por esta tragedia es ella. Más, si cabe, cuando en 1990, una investigación oficial que se conoce como “Informe Taylor”, por el nombre de su responsable, Lord Taylor de Gosforth, dictaminase que la principal causa de la tragedia fue un fallo en el control policial. Dio igual. Varios diarios sensacionalistas sentenciaron a los hinchas desde el principio, destacando la portada que, el 19 de abril, publicaba el amarillo “The Sun” con el título de “la verdad”. En aquel diario se acusó a los hinchas de haber provocado una matanza. Pero no sólo eso. En sus páginas se afirmaban falsedades como que los “hooligans”, borrachos, habían aprovechado para robar a las víctimas (entre otras barbaridades que prefiero no detallar). Esa dolorosa mentira sirvió de coartada a las autoridades para explicar lo ocurrido y exculpar a sus cargos policiales, que a día de hoy, siguen sin haber sido condenados.

Y eso que en septiembre de 2012, la labor del llamado “Hillsborough Independent Panel” (un grupo que, instigado por el gobierno británico en 2009, fue elegido para investigar la tragedia y que contaría, entre sus miembros, con el obispo de Liverpool) dio sus frutos. Por fin salían a la luz los documentos que probaban que la policía había alterado 164 declaraciones y eliminado otras 116 que ponían en cuestión su trabajo y que servían para descargar las culpas de la avalancha sobre los aficionados del Liverpool. Documentos que, por cierto, el gobierno de Margaret Thatcher había decidido archivar, clasificar y ocultar, y que han tardado 23 años en salir a la luz pública. Esta desclasificación vino acompañada por un comunicado de la Casa de los Comunes donde el primer ministro David Cameron, además de pedir perdón a los amigos y familiares de las 96 víctimas, admitía que muchos de los fallecidos, alrededor de 40, habrían podido salvarse si el dispositivo de seguridad hubiera estado mejor organizado. Muchos somos de la opinión de que, si la policía hubiera actuado con responsabilidad y organización, nada de esto habría pasado. En la actualidad, el juez John Goldring ha reabierto el caso, y un jurado independiente compuesto por 7 mujeres y 4 hombres intenta, de nuevo, ofrecer justicia a las víctimas.

EL FUNERAL DE HILLSBOROUGH

Un mes después de la tragedia, se formó el “Hillsborough Family Support Group”, creado para ayudar a las 75 familias de las víctimas y, poco a poco, la campaña para pedir justicia fue haciéndose conocida en todo Reino Unido. Su cara más famosa fue Anne Williams, la auténtica “dama de hierro” de esta historia, una “madre coraje” que luchó toda su vida (hasta su fallecimiento en 2013) para demostrar que su hijo Kevin, fallecido con 15 años en Hillsborough, se habría salvado si hubiera recibido asistencia a tiempo. Para honrar a sus víctimas, el club inauguró un memorial en el décimo aniversario de la tragedia, junto a la puerta Bill Shankly, que honra de forma perenne a los fallecidos. Y todos los años, en Anfield, se celebra un funeral en recuerdo de las víctimas, retransmitido a todo el mundo, y cuyas fotografías ilustran este reportaje. Para muchos hinchas, acudir a este funeral es el acto más importante de toda la temporada. Juan Morán, aficionado del Liverpool y afincado en Cardiff, lo explica de la siguiente manera: “Para mí es mucho más que un partido. Lo tuve claro desde la primera vez que asistí en el año 2006. Desde entonces, siempre que he podido, he acudido para acompañar a las familias y el resto de víctimas”. Coincido con Juan y, sin haber vivido la experiencia, entiendo que estar en el campo debe ser de esas cosas que te tocan para siempre.

“Cuando sabes por todo lo que ha pasado ese gente lo único que quieres es estar ahí y darles las gracias por haberse convertido en las personas que mejor representan los valores que hicieron grande al Liverpool. Ellos son, desde mi punto de vista, los mejores embajadores que tiene el club”. Esto es algo en lo que él siempre insiste porque está muy convencido de ello. Tanto es así que el día en el que Suárez mordió a Ivanovic, incidente que resultó inaceptable para algunos aficionados, Juan aprovechó la ocasión para recordárselo a Margaret Aspinall, presidenta del mencionado “Hillsborough Family Support Group”. “Yo ese día estaba en uno de los palcos privados de Anfield invitado por una persona que conocía a Margaret. Allí coincidí con ella y, como el partido se dio como se dio, justo cuando me iba me salió del alma decirle que ellos eran los únicos que me hacían sentir orgulloso de ser del Liverpool”. Más allá del calentón del momento, algo de razón no le faltaba a Juan. Si hay algo que nadie puede poner en duda en el Liverpool, es la lucha y la dignidad de estas personas en su búsqueda por la verdad y la justicia. Ahora la verdad ya la sabemos. La justicia está por llegar. De lo que no tengo dudas es de que, aquellos seguidores que murieron una tarde de primavera intentado ver un partido de su equipo y sus familias, “nunca caminarán solos”.