Julio Ocampo.- Pedro Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1987) era hasta ayer el único futbolista declaradamente en activo de esa generación dorada que ganó el Mundial 2010 con España. Ellos fueron quienes, de alguna manera, derribaron la puerta del miedo. Lo que vino después, aunque difícil y complicado, fue mucho más llevadero. Los sucesores continuaron siguiendo esas migas de pan que aún quedaban en el pedregoso camino, otrora en Sudáfrica.
EURO2012» La celebración del europeo con Iniesta y Busquets.
Queda la mística del nombre, demasiado normal y puro, que de alguna manera usó para despistar a quienes no le tomaron demasiado en serio. Se escondió en él, lo usó como perfil bajo para irrumpir con más fuerza que nadie. Hoy Pedrito es algo así como Ulises, Sansón o El Cid. Nos costó verlo. Mucho… Demasiado, pero ahí estaba su contumaz gracia. Un juego de espejos si, después, reparabas en el apellido. Parecía insustancial, pero hoy es heráldica pura.
¿Dónde comienzas a jugar a fútbol? El primer campo de arena, su olor, su aspecto. Hagamos la autopsia a ese terreno de juego.
Mis inicios fueron en el polideportivo de Abades. Estábamos todos… Mi hermano y sus amigos. Nos pasábamos las tardes y los periodos de vacaciones escolares jugando al fútbol sin parar. Te recuerdo que siempre estaba con los mayores, quienes me dejaban porque veían que no tenía miedo a nada. Surgió la idea de llevarme a un club de la zona para entrar en la cantera.
El Club deportivo Raqui San Isidro para quemar etapas y anticipar los tiempos.
Realicé una prueba allí. Iván Rodríguez, mi entrenador en la etapa de formación, insistió mucho en que me hicieran la ficha desde el primer día. Yo era alevín. Ahí comenzó mi etapa de fútbol federado.
Hasta hoy ¿allí aprendiste a regatear?
Vamos a ver… El campo La Palmera de San Isidro era de tierra inicialmente. Muy complicado controlar el balón por las piedras que había. También por la zona en sí, demasiado ventosa. Eso nos ayudó a ir con todo, mejorar y perder el miedo definitivamente. Respecto a regatear, aprendí entre el polideportivo y la calle, con los amigos. Me vi obligado a suplir la diferencia física con regates y velocidad. Tuve que ir sorteando todo.

ESPAÑA» En un amistoso contra Chile en 2013 Foto. Wikimedia.
Hablemos de Tenerife aún. Tu infancia y adolescencia allí.
Fui un niño afortunado por poder hacer lo que más me gustaba, y en un ambiente familiar. Abades es un pueblo costero, muy tranquilo. Está al sur de la isla, donde podíamos echar partidos improvisados de fútbol. En la calle, principalmente, porque no pasaban coches. ¿El resto del tiempo? Playa, polideportivo, colegio… Fue un momento mágico. Aún conservo amistades de entonces. Alumnos y profesores. Recuerdos imborrables. Guardo con cariño todo ese periodo.
Está al sur de la isla, donde podíamos echar partidos improvisados de fútbol. En la calle, principalmente, porque no pasaban coches. ¿El resto del tiempo? Playa, polideportivo, colegio… Fue un momento mágico. Aún conservo amistades de entonces.
En 2004 dejas el San Isidro y vas a La Masia. Juegas en el C, luego el B, y así sucesivamente. ¿Notaste mucho el cambio?
La Masia fue determinante para mí. Al inicio, un poco compleja la adaptación, porque venía de una isla. Estar en el Barça y en Barcelona era un sueño. Supuso un cambio enorme para todos, pero con esfuerzo y dedicación -también familiar- conseguí adaptarme bien. Mis padres y hermanos me visitaban a menudo. Agradecido enormemente, porque suponía energía nueva para seguir. Mi sueño era jugar en el Barcelona.
La importancia de la familia siempre es clave.
Mis padres me inculcaron los principales valores. Me enseñaron la importancia del esfuerzo y la dedicación para que pudiéramos cumplir nuestros sueños. A nivel deportivo, ya en Barcelona, tuve suerte con los entrenadores que tuve. Grandes personas a mi lado para poder crecer.
No recordaba que debutaste con Rijkaard.
Sí, efectivamente. Le guardo un cariño enorme. A Pep también, por supuesto. Con él viví mi mejor etapa a nivel deportivo. Luego, claro, está Vicente Del Bosque, quien nos llevó a ganar el Mundial. Pero quiero recordar también otros menos conocidos, como Iván Rodríguez en la infancia. Trascendental también, por supuesto, Tito Vilanova. De todos he intentado aprender y quedarme con lo positivo, que era muchísimo.
De esa infinita materia prima salió el Pedro jugador total. Siempre sostenido por una matriz insondable: valores como la humildad, la solidaridad, ayuda y cooperación. De ahí nació tu fundación. ¿A qué se dedica? ¿Qué proyectos tiene?
La creamos en 2014. La idea era devolver a la sociedad canaria todo el cariño que recibí a lo largo de mi carrera. Quienes pudimos cumplir nuestros sueños en todos los sentidos podemos aportar algo, ayudar a los jóvenes. Sí, a las familias más necesitadas… Compartir, dar la posibilidad de que ellos tengan acceso a lo que nos tocó vivir. Creamos eventos solidarios como los Campus Pedro. No solo están enfocados en la tecnificación del fútbol, sino en un marcado acento social. Muchas plazas están becadas, y eso permite una accesibilidad mayor. Llevamos 14 años colaborando con hospitales, donando juguetes o reformando áreas de pediatría. Además, recientemente hemos desarrollado un proyecto ambicioso llamado Royal Elite Cup, un torneo internacional de fútbol alevín donde estuvieron Barça, Chelsea, Lazio y Tenerife, entre otros.
CHAMPIONS» Contra el Bayer Leverkusen en 2013. Foto. Wikimedia
Y el partido de fútbol de leyendas contra los amigos de Silva. ¿No?
El Legend Match. Un choque entre mis amigos y los de David. Una presencia importante de cracks ahí… Lo recaudado ayudará a la creación de un área multifuncional de pediatría en el Hospital de nuestra señora de La Candelaria (Tenerife).
Ahora que hemos hablando de David Silva, es inevitable volver a Sudáfrica. De alguna manera, estamos aquí por este motivo… Para chequear y desgranar un campeón como tú. Ver qué hay detrás. ¿Por dónde comenzamos? La trastienda, los rayos X de un grupo que tocó el cielo.
Hay cientos de anécdotas. La verdad, una experiencia única. Éramos un grupo enorme, de mucho talento individual y colectivo. Perdimos contra Suiza el primer partido, pero estábamos convencidos de que revertiríamos la situación. A nivel personal, me sentí muy bien. Venía de un gran momento en el Barça, y creo que aporté mucho. Di el máximo y estuve a la altura de los compañeros y las expectativas. Hicimos un gran Mundial, y el broche final fue de oro. Un sueño complicado. Una suerte estar allí.
La anécdota desternillante. Esa me interesa.
La noche de los cruasanes. La contaron mil veces mis compañeros, creo. Nos reunimos en la habitación de David Villa justo antes de la final para comerlos. Más que por saltarnos la dieta, creo que sirvió para hacer piña. Hablamos mucho, nos reímos… Sí, nos saltamos una restricción nutricional justo antes de la final de un Mundial, pero fue clave para logarlo. Al día siguiente ya éramos campeones del mundo. Sirvió para algo esa noche, ¿no?
Del Bosque no lo tuvo fácil para aliviar la fricción Madrid-Barça. ¿Cómo se forja un bloque? Estaba ungido en una polémica atroz que, en el campo, viró en determinación y carácter.
Don Vicente era un gran gestor de grupos. Te hablaba, te explicaba y te preguntaba. Involucraba mucho al futbolista. Era humilde. ¿Sabes? El gol de Puyol en semis contra Alemania fue una acción propuesta por Xavi y él, y que ya hacíamos en el Barça. Era un técnico abierto a todo. Eso le hace más grande aún.
Estábamos con lo de la rivalidad, de alguna manera instigada por Mourinho. Iker Casillas fue su cabeza de turco. El capitán de la selección, nada menos.
Es cierto que vivíamos los clásicos con mucha intensidad, y quizás afectó inicialmente a la convivencia con España. Los capitanes lo controlaron bien. Se habló y ya, para el Mundial, el talante era bueno. Se reflejó en la victoria final.
Salvando las distancias, ¿hay un cierto paralelismo con los nuevos campeones ‘americanos’?
Quizás sí. La unión del grupo. También con futbolistas de altísimo nivel individual, sin duda. Amalgamados con jóvenes de mucha proyección, y por supuesto con un óptimo gestor de grupos como De la Fuente. Él conoce a la perfección a muchos de ellos desde las categorías inferiores. Sabe, conoce, controla el estilo de España en los últimos tiempos. Estoy convencido de que también marcarán una época como también sucedió con nosotros.
«La noche de los cruasanes. Nos saltamos una restricción nutricional justo antes de la final de un Mundial, pero fue clave para logarlo. Al día siguiente ya éramos campeones del mundo. Sirvió para algo esa noche, ¿no?»
Rodri, Olmo, Cucurella, Lamine, Oyarzabal, Cubarsí… Ellos son la columna vertebral. De cara a los jóvenes que mencionas, ¿qué valores deben tener para presumir de una carrera tan longeva como la tuya? Quiero decir, ¿qué sostuvo siempre tus regates?
Esfuerzo y humildad. Después, a nivel deportivo, entran en juego factores como la suerte, también importante. He jugado en grandes ligas (Serie A y Premier también), y eso es imposible sin pasión o dedicación, constancia. Es innegociable.
¿Cómo entrenador quién te marcó más?
Quizás, por la importancia de mi etapa blaugrana, diría que Pep Guardiola. Capital para mí en todos los sentidos. Ganamos juntos, cambió mi forma de ver el fútbol y me enseñó conceptos que me gustaría transmitir a mis hijos. Dicho esto, de todos los técnicos traté de sacar lo mejor… Tito, Rijkaard por mi debut como culé, pero insisto con Iván Rodríguez en la infancia. Después, Mourinho, Luis Enrique, Conte, Del Bosque, Sarri…
Además de Pep, ¿qué destacas de los demás a grandes rasgos?
Guardiola fue quien más me enseñó. Del Bosque también, por esa capacidad que tenía de hacerte sentir importante. Mou me llevó al Chelsea, y de él me quedo con su forma de trabajar. Me ayudó mucho a entender ese fútbol rápido y vertical. Uno de los grandes también.
Volvamos a la victoria de La Roja en el último Mundial. Has hablado de ciertos paralelismos, aunque a mí me parece que no es tanto así. Hoy prima más el grupo respecto a 2010, con estrellas mundiales en todas las posiciones.
Puede que hubiera muchos capaces de marcar diferencias a nivel individual, pero remarco nuestro colectivo. Un Mundial no se gana solo con lo primero. En el grupo actual, veo equilibrio, pero cuidado con la aportación de Ferrán, Olmo o Lamine… Son determinantes, y se vio.
«El campo La Palmera de San Isidro era de tierra inicialmente. Muy complicado controlar el balón por las piedras que había. También por la zona en sí, demasiado ventosa. Eso nos ayudó a ir con todo, mejorar y perder el miedo definitivamente»
Ferrán, el nuevo Iniesta.
Ferrán Torres y Andrés Iniesta para la eternidad. Ambos, sí. Esos goles quedarán para la historia. Detrás, un vestuario sano y unido. Eso lo soporta todo. Afronta cualquier dificultad y alcanza imposibles.
¿El Mundial logrado contra Holanda fue el mejor momento de tu vida deportiva?
Mis mejores momentos fueron los años en Can Barça. Ganamos todo lo que un futbolista puede aspirar. Compartí vestuario con Leo, Xavi, Ibra, Andrés, Neymar… Algunos de los mejores futbolistas de la historia. Disfruté increíblemente, y conquistamos todos los títulos. La selección llegó en el tramo más dulce de mi carrera a nivel individual. Desde pequeño siempre sueñas con ganar un Mundial siendo protagonista. ¿Qué más puedo pedir? He marcado goles en finales importantes, también en los clásicos contra el Madrid… He vestido los colores de clubes importantes como Lazio, Roma, Chelsea o Barça, que es mi casa. Las Champions… El Mundial, que lo llevaré en el corazón, sin duda. Por cierto, me llena de orgullo haber cumplido mis sueños. También haber notado el cariño de la gente, el respeto que siempre tuve. Es otra gran victoria, y hoy quiero agradecérselo de verdad. A todos. •