Federico Frau Barros.- El fútbol ha demostrado varias veces una gran capacidad de convertir lo que no ocurrió en parte central de su memoria. El Mundial 78, disputado en una Argentina atravesada por una nefasta dictadura militar, no solo consagró a la selección local en medio de uno de los momentos más violentos de la historia del país sino que también instaló un relato alrededor de la ausencia de la estrella más importante del fútbol mundial de ese momento. Johan Cruyff, el capitán de una Holanda que llegaba como gran favorita tras el subcampeonato de 1974, sacudió al mundo con una decisión: no viajaría a la Argentina. Se suele decir que si hubiera estado en ese mundial, quizá la historia tendría otro campeón y Holanda podría tener hoy una Copa del Mundo.
Durante mucho tiempo se dijo también que Cruyff no había disputado ese mundial en repudio al gobierno militar que había tomado el poder en Argentina dos años antes y que usaba la organización de la Copa del Mundo como herramienta para vender una imagen próspera y de normalidad al mundo. El perfil rebelde e involucrado con la defensa de los derechos humanos de Cruyff, sumado al hecho de que un futbolista holandés, su compañero Wim Rijsbergen, fuera el único jugador que visitó a las organizaciones de familiares de víctimas de la dictadura, fueron algunos de los factores que contribuyeron a abonar la teoría.
AMSTERDAM» Viaje con el Ajax. Foto. Archivo Nacional Países Bajos.
Esa fue la más conocida pero no fue la única versión que buscó explicar su ausencia. Una de las más llamativas fue la de la solidaridad con su amigo argentino Juan Carlos Heredia, conocido como Milonguita. Milonguita Heredia fue futbolista e hijo de Juan Carlos Milonga Heredia, también futbolista, quien llegó a jugar en la selección argentina en la década del 40 junto a figuras como Adolfo Pedernera y el Charro Moreno. “Mi viejo me puso Juan Carlos, como él, porque tenía fe de que saliera jugador de fútbol", dijo Milonguita en una entrevista con el portal argentino Infobae.
Milonguita jugó 7 años en España en la década del 70 e incluso se nacionalizó español y jugó para la selección española. El primer año lo jugó en el Elche y luego fueron 6 temporadas en el Barcelona donde compartió equipo con Cruyff y formaron una gran amistad.
HEREDIA» En una imagen con River Plate.
Ya con Argentina bajo dictadura, un día Heredia recibió un llamado de sus padres en el que le contaron que habían entrado a su casa y habían intentado secuestrar a Milonga. Contó Milonguita, en esa entrevista con Infobae, que les robaron y los golpearon hasta que el militar que estaba a cargo del operativo se dio cuenta que era la casa de una figura del Barcelona. “Dieron vuelta la casa y vieron que mi vieja tenía posters míos en el comedor. Pensaron que eran fanáticos míos hasta que chequearon que eran mis viejos”, dijo. “¡Pídanle disculpas a esta gente porque no es la que buscamos!”, dijo el jefe del operativo.
Luego de eso, Heredia puso en duda su participación en el Mundial y le avisó al técnico de la selección española, el húngaro Ladislao Kubala, que no iría al Mundial. “Si por nada casi hacen desaparecer a mi papá, imagínate qué va a pasar si voy a jugar el Mundial con otra camiseta que no sea la argentina. Van a hacer desaparecer a toda mi familia”, le dijo.
En la entrevista con Infobae reveló la conversación que tuvo con Cruyff a la salida de un entrenamiento: “Salimos y me preguntó si era cierto lo que le había dicho Kubala, que no iba a jugar el Mundial con España porque habían intentado secuestrar a mi papá. Le respondí que sí y me dijo que a él no le gustaba la idea de jugar en medio del régimen militar. Yo le retruqué que él tenía que ir, que era la figura de la selección holandesa”.
Este es el diálogo que vino después, según cuenta Milonguita.
—¿Sabes una cosa, Milonguita? Me voy a solidarizar con vos. No voy a ir al Mundial. —Johan, ¿vos estás loco?
—Estaré loco, pero no voy a ir. Donde haya guerra y militares, yo no juego.
Lo que siguió fue una amistad que resistió años y distancia. Milonguita contó en otra entrevista, cuando murió Cruyff, que su amigo quería conocer su Córdoba natal. “Quiero recorrer Córdoba de punta a punta con Danny, vos y tu señora”, le dijo, algo que finalmente no se concretó por la lucha contra el cáncer que enfrentó el holandés en sus últimos años de vida. Milonguita recuerda que vieron juntos la final donde Argentina venció a Holanda por 3 a 1 en tiempo suplementario por televisión en una oficina del Barcelona en silencio: “Ninguno de los dos festejó los goles”. Cruyff, en cambio, recordó ese momento de otra manera en su autobiografía y dijo que comentó el partido para la cadena BBC desde un estudio de televisión y que lo pasó muy mal. Alguno de esos dos recuerdos será el verdadero o quizás ninguno y cada uno necesitó procesar esa noche a su modo.
Esas versiones —la del gesto político y la de la solidaridad con un amigo— fueron las más románticas. Pero el relato alrededor de su ausencia no se detuvo ahí. Como suele ocurrir cuando una figura de ese calibre toma una decisión que el mundo no termina de entender, las teorías se multiplicaron. Se habló de dinero y de que Cruyff no había llegado a un acuerdo con la federación holandesa por los premios correspondientes a la participación en el Mundial. Se habló de sponsors y de que su contrato con Puma le impedía usar la camiseta Adidas de la selección y que ninguna de las partes estaba dispuesta a ceder
Se habló también de un rencor futbolístico que venía de tiempo atrás. La única vez que Cruyff pisó suelo argentino para disputar un partido fue el 6 de septiembre de 1972 por la final de ida de la Copa Intercontinental entre su Ajax de Amsterdam e Independiente de Avellaneda. Anotó el primer gol del partido pero a los 25 minutos una brutal patada de Dante Mírcoli lo obligó a abandonar el campo. El ayudante de campo del equipo holandés, Bobby Haarms, estaba tan furioso que amenazó con suspender el encuentro. Cruyff, en cambio, se fue a sentar al banco de suplentes y encendió un cigarrillo. El partido terminó 1-1 y tres semanas después el Ajax ganó la vuelta por 3 a 0 para coronarse campeón del mundo.
DANNY» El matrimonio Cruyff en una concentración de la selección.
Ninguna de estas versiones llegó a confirmarse, pero todas revelaban algo sobre el mundo que rodeaba al fútbol de esa época: los intereses económicos, las tensiones entre clubes y selecciones, y la violencia que se permitía en el campo de juego.
La verdad, que recién se conoció más de 30 años después, no estaba en la política, ni en el dinero ni los sponsors. Estaba en su casa y tuvo que ver con un intento de secuestro que sufrió su familia en Barcelona y que por recomendación de seguridad le dijeron que no dijera nada públicamente.
En septiembre de 1977, un hombre armado irrumpió en la casa de los Cruyff en Barcelona. Durante varios minutos, su familia estuvo a merced de un secuestrador con un rifle. Fue Danny, su esposa, quien logró escapar aprovechando un momento de distracción del delincuente y pudo alertar a la policía. Después de aquella noche Johan decidió no jugar el Mundial.
La única vez que Cruyff pisó suelo argentino para disputar un partido fue el 6 de septiembre de 1972 por la final de ida de la Copa Intercontinental entre su Ajax de Amsterdam e Independiente de Avellaneda. Anotó el primer gol del partido pero a los 25 minutos una brutal patada de Dante Mírcoli lo obligó a abandonar el campo.
El secuestro fue el detonante, pero quizás no el único factor. El periodista Alfredo Relaño, en un artículo en el diario As, rescata el testimonio de los gemelos Van der Kerkhov, compañeros de Cruyff en la selección holandesa, quienes sugieren que la decisión tenía también raíces más íntimas. Según ellos, Danny le había hecho jurar a Johan que no volvería a un Mundial después de que, tras la Copa del Mundo de Alemania en 1974, trascendiera que los jugadores holandeses habían organizado una fiesta en la piscina de un hotel. Un periodista del diario alemán Bild estuvo presente y escribió un artículo que tituló: ‘Cruyff, champán, chicas y un baño fresco’. El secuestro, quizás, no fue la única razón pero sí la razón definitiva.
“En esa situación no dejas sola a tu familia durante ocho semanas, así que no había manera de que yo fuera a Argentina con el equipo holandés. Si juegas un Mundial tienes que hacerlo totalmente concentrado. Si no lo estás, o tienes distracciones o dudas o lo que sea, no debes hacerlo. Porque no saldrá nada bueno”, dijo Cruyff décadas después en su autobiografía en relación al secuestro.
En ese libro, él mismo teorizó sobre la posibilidad de que Holanda hubiera tenido mejor suerte con su presencia. “¿Podríamos haber ganado si yo hubiera estado allí? Sinceramente, creo que tal vez sí. Porque mis cualidades, incluso entonces, habrían sido un valor añadido. Incluso sentía que, como selección, habíamos avanzado respecto a 1974. Podría haberme unido a ella, pero decidí no hacerlo”, sostuvo el holandés. •