Pedro Zuazua.- Sacar de banda es una mierda. Se ponga usted como se ponga. Es la peor jugada del fútbol. Es probable que, si no ha jugado nunca de lateral en segunda regional, no sepa la mierda seca que es un saque de banda. Ni falta que le hace. Pero le doy mi palabra de que es así.
Cuando el balón salía por la banda empezaba el suplicio. Primero tenías que ir a por el esférico -que igual se pensaba que en segunda regional hay recogepelotas o algo parecido- que podía estar entre las ramas de un árbol o justo en el límite que marcaba la cadena que ataba al perro que vigilaba por las noches el campo de turno.
Ya con el balón en la mano -es una jugada tan poco futbolera que ni tan siquiera se juega con los pies- te acercabas a la línea de cal. Durante esos pasos ibas pensando en el marrón que tenías entre manos. Nunca mejor dicho.
DESMARQUE
Porque te asomabas de nuevo al campo y te encontrabas con 21 jugadores mirándote. Y con los 10 de tu equipo pidiéndote el balón. De repente una carrera hacia ti. Un instante de duda por tu parte. Carrera en balde. Un desmarque hacia la portería. Pero adónde va ese, si no la llego. Desmarque para nada.
Notabas cómo el equipo rival se iba relamiendo con cada segundo que el balón pasaba en tus manos.
La opción de jugar hacia atrás, en segunda regional, ni se contemplaba. Ni se sabe la cantidad de desgracias que han sucedido después de que alguien decidiera lanzar hacia su campo un saque de banda.
¿Dónde se la tengo que tirar para que le pille en carrera hacia la portería contraria? ¿Este era zurdo o era diestro? ¿No será mejor que me piten falta de saque y que se coma otro el marrón?
Empezabas a lamentarte de no haber estudiado un poco más de física en su momento. O al menos de no haber optado por latín y griego en cuanto tuviste opción. ¿Dónde se la tengo que tirar para que le pille en carrera hacia la portería contraria? ¿Este era zurdo o era diestro? ¿No será mejor que me piten falta de saque y que se coma otro el marrón?
Con ese bagaje académico, te quedaba únicamente una opción: cortita y al pie. Pero entonces te carcomía por dentro un debate: debías lanzar la pelota lo suficientemente fuerte como para que le llegara a tu compañero y, al mismo tiempo, lo suficientemente suave como para que pudiera hacer algo con ella. Algo que básicamente era devolvértela a ti para que le pegaras una patada hacia adelante.
Si habías estado alguna vez en el otro lado -es decir, esperando la pelota cortita y al pie- sabías que había un alto porcentaje de posibilidades de que el balón acabara en tu entrepierna. Porque la empatía es un don en desuso y cuando estamos en el lado bueno nos olvidamos de que el que va a sacar de banda no optaría por griego y latín en cuanto pudo, pero tiene más o menos la misma idea de física que tú.
Creo que hay pocas cosas más tristes en la vida que un saque de banda un domingo por la mañana en un campo de arena de segunda regional, con apenas una decena de espectadores en la grada. La única ventaja es que casi nadie lo va a ver.
Creo que hay pocas cosas más tristes en la vida que un saque de banda un domingo por la mañana en un campo de arena de segunda regional, con apenas una decena de espectadores en la grada. La única ventaja es que casi nadie lo va a ver.
Tampoco es que cambie mucho la cosa en el fútbol profesional. Un saque de banda es una de las cosas menos motivadoras de este juego. Es más, de las pocas veces en las que se celebra ceder un saque de banda es cuando se ofrece como mal menor. El balón está a punto de salir por la línea de fondo y tu equipo va a ceder un córner. Pero de repente aparece una segada salvadora que evita que el esférico traspase la línea de fondo y logra que salga por el lateral. El estadio se enciende. Lo hace porque sabe que el saque de banda es una mierda y que el pringado del lateral, por muy profesional que sea y mucho que seque el balón con la camiseta, se va a comer el marrón de tener que sacar de banda con solo dos opciones: lanzar el balón al área o -atención, peligro- sacar hacia atrás.
VOLTERETA
Las pocas ocasiones en las que el saque de banda tiene algo de gracia son cuando aparece por Internet un vídeo de un jugador dando una voltereta, apoyándose sobre el balón para hacerla y aprovechando la inercia para lanzarlo lejísimos. Seguramente el tipo en cuestión estudió mucha física, pero después de esa vuelta sobre sí mismo a mí no me la da: la lanza a voleo.
También genera cierta intriga cuando un equipo tiene un forzudo -probablemente llegado del circo- que es capaz de poner el balón en el área desde la banda. El tipo se cruza todo el campo para sacar. Pero la suele poner tan pingona que en el fondo es un pequeño acto de dignificación del saque de banda. Nada más.
El problema es que, en un partido, se saca de banda entre 50 y 60 veces. Es la jugada más común. Como en la vida cotidiana, despreciamos los pequeños gestos que repetimos de forma casi mecánica. Y seguramente ahí esté la clave para ganar los títulos: en los saques de banda de mierda. •