Scaloni: «En el Centenariazo terminamos usando el restaurante que el Madrid había reservado»

Fue un ídolo en A Coruña en los mejores años del Deportivo. Lionel Scaloni era el corazón de un equipo histórico. Ahora que el Dépor vive tiempos complejos que mejor que escuchar a un ídolo de la etapa dorada de Riazor. Aboga por el regreso de las leyendas para reconducir la nave deportivista.

*Ismael Monzón.- Lionel Scaloni (Rosario, 1978) es de esos tipos que no se guardan nunca nada. Te sube en su coche sin conocerte y en un segundo toda la ciudad Déportiva del Atalanta se entera de que ha llegado una hora antes del entrenamiento. Saluda a gritos, gesticulando sin dejar de apretar el paso, como cuando robaba un balón tras una entrada siempre rigurosa y salía al galope aplaudiendo al árbitro por no haber señalado falta. El responsable que se encarga de abrir las puertas de las modernas instalaciones, un señor que por su edad parece haber crecido con el club lejos del monstruoso polígono industrial a las afueras de Bérgamo, lamenta su marcha. “Es un bravo ragazzo”, dice de Lio. De los que dejan huella por donde pasan y no olvidan un detalle de lo vivido.

¿Fue aquella la etapa más bonita de tu carrera?
Hoy en día, pensándolo bien, creo que ganamos poco por todo lo que jugábamos. Estuvimos a punto de disputar una final de Champions, a punto de ganar la Liga dos o tres veces más. Ahora uno piensa que el Dépor tuvo un buen equipo, que fue un equipo a temer. Pero es que marcamos una época en aquellos años. Había un grupo de buenísimos jugadores, pero sobre todo eran ganadores.
Algunos como Djalminha decían que si no hubiera sido por el estilo conservador de Irureta habrían llegado más títulos.
El entrenador también nos hizo ganar una liga en la que nadie creía. Ganamos con la menor puntuación, 69 puntos. Íbamos siempre de la mano con el Barça y si ellos empataban o perdían, sabíamos que su resultado no era bueno. Al siguiente año hicimos más de 70 y quedamos segundos o terceros. No es que fueran años malos. Cuando llegamos a la semifinal de Champions, teníamos al Valencia en casa para jugarnos la
Liga, y al final nos quedamos sin nada.
Dices que eran ganadores, pero ¿cómo era aquel grupo, estabais muy unidos?
Desde que llegué hasta hoy, siempre he dicho que Mauro Silva fue mi referencia. Primero porque fue campeón del mundo con Brasil. Segundo, porque de los últimos 15 o 20 años, me parece que es el mejor mediocentro que ha pasado por el fútbol español. Yo llegué con 19 años y necesitaba que alguien me echara una mano. Imagínate, que a un argentino como yo se la dio un brasileño. Aunque en realidad él era más coruñés
que brasileño. Donato también era una persona espectacular, te daba muchos consejos. Y luego teníamos a un goleador como Makaay o a Diego Tristán, que era un gran chico pero era un personaje.
A Diego le gustaba mucho la fiesta, ¿no?
Es que a todos. Yo también era joven y salía. Lo que le pasaba a él era que estaba en boca de todos. Diego era el jugador de moda, que había estado a punto de irse al Real Madrid. En Coruña él era dios, un fenómeno. Todo el mundo lo idolatraba como si fuera Maradona. Por ejemplo, si yo salía con él decían que yo me había ido a las 2 y que él había seguido la fiesta hasta las 5. Éramos solteros y estábamos todo el día
juntos.
Corre la leyenda de que hubo que sacarle de un bingo…
No lo sé, porque a mi el juego nunca me ha gustado. Pero mira, en el grupo siempre estábamos Sergio, Capdevila, Duscher y yo. Éramos jóvenes, quién no salía en aquella época. Si es que venía también Manuel Pablo o un chico tan reservado como Valerón,
que a día de hoy sigue siendo con Diego como hermanos. No es fácil estar en la piel de Diego, si encima no tienes a nadie que te ayude. Con un poco más de cabeza, estaríamos hablando de uno de los mejores delanteros de los últimos años.
¿Cómo era tu vida en Coruña?
De los nueve años y medio que estuve allí, seis o siete estuve viviendo con mi hermano. Los dos éramos solteros. Luego él conoció a una chica, se fueron a vivir juntos y yo seguí solo. Lo que pasa es que yo me integré muchísimo en la vida de Coruña. Iba a los bares, iba a tomar café con los amigos que había hecho en la ciudad. Mi hermano iba a los partidos con los hinchas. Nos hicimos muy del día a día, algo que no es común entre los futbolistas. Pero eso extraño mucho La Coruña.

«Diego [Tristán] era el jugador de moda, que había estado a punto de
irse al Real Madrid. Por ejemplo, si yo salía con él decían que yo me
había ido a las 2 y que él había seguido la fiesta hasta las 5»


En un tiempo en el que coincidiste con grandes estrellas, tú eras un ídolo para la grada.
Era por eso, porque yo compartía momentos con todo el que podía. Se comentaba que yo estaba siempre por ahí, que donde había una peña estaba yo. Estaba soltero e iba a
todas partes, no me importaba nada. Y aparte, que dentro del campo no daba un balón por perdido. A la grada le gustaban los que metían goles y tiraban caños, pero también les gustaba este tipo de jugador. De los que corrían, de los que peleaban. Y ese tipo de jugador había uno solo que era yo.
Recuerdo un gol contra el Hamburgo en Champions en el que dijiste que remataste con los ojos cerrados.
Pero es que fue verdad. Fue la primera victoria del Dépor en Champions. Quedó la pelota muerta y pateé a donde saliera. Ahí quedó ese gol.


¿Cómo viviste la final de Copa en el Bernabéu?
Mira, nosotros llegamos al estadio una hora y media antes y al entrar para reconocer el césped, estaban ya todos los de Coruña, los 30.000. La otra mitad, claro, estaba desierta, porque el hincha del Madrid llegaba media hora o quince minutos antes del partido. Nos entraron unas ganas de vencer tremendas. Fue un momento mágico. Íbamos a ser parte de la fiesta de ellos, lo tenían todo preparado con el restaurante reservado y los fuegos artificiales. Nosotros éramos el invitado , pero sabiendo que éramos muy buen equipo y que en los últimos años el Madrid no nos ganaba. Hicimos un primer tiempo impresionante y creo que ganamos merecidamente. Terminamos utilizando el restaurante que ellos habían reservado, porque imagínate buscar un restaurante para 70 u 80 personas a las tantas de la madrugada. Y al otro día fuimos a Coruña, donde nos esperaba la gente en el estadio y en el aeropuerto.
En el campo, tú terminaste en calzoncillos.
Sí, porque la camiseta no la iba a regalar. Aquella camiseta era sagrada, la tengo guardada. Había 30.000 coruñeses que te pedían algo… Pues nada, tomad los pantalones. Debí ser el único que me quedé ahí medio desnudo.
¿Cuando os disteis cuenta de que podíais ganar ese partido?
Para mí hay un momento que marca la final. A los pocos minutos, le hago una entrada a Raúl y él sigue cayéndose, pero se lleva la pelota. Viene Mauro Silva y lo tira otra vez. Pitan falta, se empiezan a pelear entre ellos y nos metemos todos. Me encaro con Roberto Carlos, empujo a Raúl, empujo a Zidane, sale Molina de su portería en un sprint de 40 metros para pelear con Raúl. Ahí es cuando yo me dije, ‘estamos en vuestra cancha, pero ‘mirá’ que nosotros venimos dispuestos a todo’. Pero bueno, yo es que era un jugador que tenía roces con todo el mundo. Luego terminaba el partido y estaba todo
bien, no pasaba nada.
Con Beckham tuviste otra monumental.
Eso fue en Liga un año o dos después. Son cosas del partido, hoy en día digo ‘qué estupidez’. Les habíamos apenas empatado y faltando un minuto y medio nos hacen el 2 a 1. Y claro, con la calentura del 2 a 1… Chocamos, nos caemos los dos y cuando veo que me saca la mano, entre la frustración y la adrenalina a mil, lo quería matar. Durante la semana dije incluso que lo esperaba en Riazor y después quedó todo ahí. El tipo se portó después muy bien. Son momentos donde uno está tan caliente que no razona.
Los partidos contra el Barcelona y sobre todo contra el Madrid en Riazor también eran calientes…
En los años que estuve allí, el Madrid no nos ganó nunca. El Barça creo que una vez, injustamente, 2-3 con un gol espectacular de Ronaldinho. Era un campo temible. Fíjate lo que te digo, en esa época nos preocupaba más el Valencia que el Madrid o el Barcelona. Porque el Valencia, además de tener grandes jugadores, era un equipo con experiencia, que sabía a qué jugaba y de hecho ganó dos ligas.
¿Y de los derbis contra el Celta, qué recuerdo te queda?
Lamentablemente al Celta le tocó un Dépor en esos años que era prácticamente invencible. Ellos eran un gran equipo, pero nosotros éramos bastante superiores. En los derbis nos encendíamos. Yo, como sudamericano, vivía los derbis con mucha pasión. Creo que perdí uno de los 10 o 12 que jugué, empaté dos o tres y gané siete u ocho.

«Mi hermano iba a los partidos con los hinchas. Nos hicimos muy del
día a día, algo que no es común entre los futbolistas. Por eso extraño
mucho La Coruña».


No sé si hubo una celebración como la de la Copa del Rey, pero ganar la Liga sería lo máximo.
Nos teñimos todos el pelo por idea de Djalminha, que tenía un peluquero que le hacía cosas raras. A algunos nos quedaba el pelo amarillo, a otros plata, a otros anaranjado. Aquella fiesta fue larguísima, duró cinco o seis días y porque después nos íbamos de vacaciones, si no, nos hubiéramos quedado festejando todo el año. Yo me fui a Argentina, pero esos cinco días fueron terribles. Yo creo que no dormí. El famoso día del balcón de la plaza de María Pita, que habíamos llegado sin dormir del día anterior, sin voz, una locura. No teníamos ganas de dormir, nos invitaban a todos lados, fue espectacular.
Será difícil que se repita.
Tú estabas subido en una barandilla donde había unos 15 o 20 metros de caída.
Sí, yo me subí al borde del balcón y me quedé ahí. Aparte es que veníamos doblados, veníamos muertos, sin dormir. Y yo me paré ahí, pero natural, sin problemas. Algunos me agarraban, me decían ‘estás loco, te vas a caer’. Pero a mí me daba igual, si es que además no sé ni la gente que había en María Pita. Si me hubiera caído, yo creo que me agarraban.
A Coruña llegaban equipos como el Milan y los favoritos erais vosotros.
El fútbol italiano sufría mucho con el español. Porque nosotros jugábamos más alegres, más vivaces. En aquel partido de Champions, no pensábamos que fuéramos a ganar 4-0, pero sabíamos que no era imposible. El 4-1 de la ida no era para nada real. Sabíamos que teníamos que hacer tres goles y nada más empezar marcó Pandiani, después Valerón de cabeza y antes de terminar el primer tiempo, que fue fundamental,
hicimos el 3-0.
¿Y qué pasó en el descanso?
Nos fuimos todos corriendo al vestuario, no sentíamos la fatiga, era imposible sentir el cansancio. Hablaban todos. En un momento, en lugar de estar callados y escuchar al entrenador, de la tensión, de las ganas, de la emoción, todos hablaban. Todos tenían algo que decir, algo que opinar, que decirle al otro donde colocarse. Sabíamos que estábamos,viviendo un momento increíble

Hasta que llegó el Oporto y os bajó de la nube.
Ellos sabían tanto a qué jugaban… Empatamos 0-0 allá y ellos estaban tranquilos. Nosotros pensamos que nos convenía pero ellos lo tenían clarísimo. Mi padre tenía billetes para la final, estaba mirando vuelos para Gelsenkirchen. Pero yo creo que nos eliminaron justamente, fueron superiores.
¿Sigues teniendo amigos en el Dépor, entre los empleados, en la grada?
Sí, a día de hoy muchos me siguen escribiendo, se siguen comunicando. Estoy eternamente agradecido. Volví hace años, cuando el Dépor jugó el último partido con la Real Sociedad y descendió. Me llevé una impresión enorme, todo  el mundo me saludaba. Cuando te has ido, no te has dado cuenta de lo que has conseguido y con el paso del tiempo te das cuenta de que a lo mejor no te tenías que haber ido.
¿Qué pasó?
Tuve un problema con el técnico, con Caparrós. Era un año fundamental, porque quería jugar el Mundial del 2006 y necesitaba jugar en la posición donde me quería el seleccionador argentino. Llevo 21 años de profesional y nunca he tenido problemas por jugar en un puesto o en otro. Fue la primera vez en mi vida que pensé por mí y no en el grupo. El entrenador no me veía y fue claro, me dijo que no iba a jugar. Me fui cedido a Inglaterra, jugué el Mundial y cuando regresé, Caparrós me dijo que no me quería.

Te gustaría volver a coincidir en Coruña con Manuel Pablo, Víctor o Valerón?
En realidad sigo en contacto con ellos. Tengo buena relación con Valerón, con Capdevila, con Diego hablamos cada tanto. También con Manuel Pablo la relación es muy buena. El
problema que tiene el Dépor es que la mayoría de los jugadores no se han ido bien y es algo que me pone bastante triste. Jugadores como Fran, que nacieron ahí y no conocen otra camiseta que la del Déportivo. Mauro Silva, Donato, gente que ha hecho una historia allí. Yo creo que se darán cuenta de que son gente que hace falta allí. No es lo mismo que te venga a hablar don Mauro Silva que alguien que todavía no empezó. A mí en Italia la gente me habla del Dépor como si fuera el Real Madrid, porque fue top en España. Creo que la reestructuración del Dépor tiene que pasar por gente que ha vivido los años grandísimos del Dépor para que el jugador que llegue allí, sepa lo que se ha vivido y lo que es jugar en el Dépor. •

*entrevista en nuestro número 15