Sergi Pàmies: «El motor de la vida intelectual y biográfica de Cruyff es la rebeldía y la audacia»

El escritor Sergi Pàmies es un cruyffólogo de referencia. Le admiró de niño en París, se adaptó a Barcelona con la llegada del holandés y más tarde formó parte del consejo de honor que organizó su homenaje en el Camp Nou.

Diego Barcala.- Avanza puntual por el distrito 22@ de Barcelona con ropa deportiva y mirada curiosa. Como excelente columnista que es Sergi Pàmies (París, 1960) no pierde jamás la mirada periférica de todo lo que le rodea. La vida es el mejor material para sus columnas y cuentos que le han permitido tejer una red de lectores que son más bien aficionados a sus personales giros literarios. La cita en las oficinas de JUNGLE en Barcelona resulta sencilla de concretar vía correo electrónico a pesar de varios cambios horarios motivados por el caos ferroviario del inicio de año. Sin embargo, el gancho para la charla es irrechazable para Pàmies. Siempre hay hueco para charlar del ídolo de la infancia Johan Cruyff. 

El guion de la entrevista está prácticamente escrito desde hace una década, cuando antes de la muerte del holandés fue publicado ‘Confesiones de un culé defectuoso’ (Destino), el libro en el que vuelca todo su pensamiento barcelonista. El capítulo dedicado a Cruyff es asombroso por la precisión con la que se describe esta especie de filosofía de vida que desde Cataluña se denomina Cruyffismo.

¿Qué es el cruyffismo?
El cruyffismo, en principio, sería la más moderna filosofía de vida con la que yo he tropezado. Por razones familiares he convivido con el comunismo, con el no catolicismo, con el anarquismo, con el liberalismo… Ninguna me ha convencido hasta que di con el cruyffismo que resuelve casi todas las cosas y además tiene una cosa muy buena, es inofensiva. No va contra nadie y la puedes aplicar muy a la carta, que es una de las cosas que hace a Cruyff. O sea, Cruyff es cruyffista siempre que lo necesite, porque si necesita no serlo… es una de las condiciones del cruyffismo. Puedes no ser cruyffista siendo cruyffista. O sea, la mejor manera de ser cruyffista es que de vez en cuando tienes un interruptor. Ahora ya no me conviene, y apagas. En el fútbol se trata de una apuesta insobornable por el espectáculo, la alegría y el placer. Es el triángulo del que hablaba Johan. Si los jugadores disfrutan, el público disfruta y si el público disfruta, vamos al campo. Y si vamos al campo, ganamos más dinero. Ese es el triángulo. Y si pierdes, te duele menos porque quiere decir que el otro ha jugado mejor o que tú no has jugado lo suficientemente bien, lo cual es una forma también de control de calidad. Pero en principio, si tú haces todo lo que tienes que hacer, sueles ganar. Por ejemplo él es un gran defensor de la final de Múnich, él decía, bueno, nosotros perdimos pero somos mucho más conocidos por nuestra derrota que los alemanes por su victoria.

¿No te parece que esa filosofía encaja como anillo al dedo con Cataluña? Porque él hizo esa reflexión de la victoria moral en la final del 74, un año después de llegar a Barcelona y sin embargo es una manera de pensar muy catalana, lo de las victorias morales.
Yo te diría que él no era muy de victorias morales. Era de apuestas. Por ejemplo, en el origen del fichaje por el Barça hay un rechazo al Ajax por su una confabulación con el Madrid. Reacción, rebeldía. O sea, el motor de la vida intelectual y biográfica de Cruyff es la rebeldía. La rebeldía sumada con la audacia. Ese cóctel es el que hace funcionar todo. Viene a Barcelona primero por el cabreo que tenía con el Ajax que es lo mismo que hizo después con el Feyenoord. Entonces, él viene aquí y viene con Danny y se enamoran de Barcelona. Ya está. No hace falta decir nada más. Siempre que tú optas por rebelarte y ser audaz, las cosas te saldrán bien.*

*lee el resto de la entrevista en la edición 56 de Líbero disponible en este enlace.