Viva Suecia: «Somos del Real Madrid salvo alguna lamentable excepción»

Charlar de fútbol con Viva Suecia es descubrir en cada respuesta la capacidad que poseen para aunar lo nefasto y lo cómico, traer a tu memoria momentos reconocibles y sacar punta a las heridas y virtudes que existen en este deporte.

Fotografía Lola Salinas

Texto Nieves B. Jiménez

La luz dorada roza al atardecer las copas de los árboles de Murcia y el paseo donde la gente camina sin mucha prisa. Una cafetería mítica a la espalda de la catedral es el sitio escogido para una conversación agradable y sin ambages con Alberto Cantúa, Rafa Val, Fernando Campillo y Jess Fabric, los cuatro componentes de Viva Suecia. Y, por qué no decirlo, también con una deriva incierta porque la naturalidad de nuestros protagonistas nos llevará por los recovecos de la vida y el fútbol.

Pletóricos y felices acaban de ser premiados en los MTV europeos. Están agradecidos porque al echar la vista atrás hace nada de su primer EP autoeditado con el que pasaron a Subterfuge, la principal compañía independiente del país, y dos álbumes después son parte del corazón indie. Si creen que esta vorágine se les ha subido a la cabeza, todo lo contrario, siguen con los pies en la tierra o en palabras de Nicanor Parra: “No se extrañen / si me ven simultáneamente / en dos ciudades distintas / oyendo misa en una capilla del Kremlin / o comiéndome un hot-dog / en un aeropuerto de Nueva York / en ambos casos soy exactamente el mismo / aunque no lo parezca soy el mismo”. Reconocen que les cuesta más dar rienda suelta a la pasión. “Apenas logro disfrutar con las derrotas o victorias salvo en muy contadas excepciones”, cuenta Rafa.

“El negocio se ha comido al deporte. Han conseguido que pierda emoción. Tal vez tenga que ver la tontería mediática (televisiva en algunos informativos o programas deportivos) más que, al final, el partido en sí. Para mí el fútbol y la afición se vive en los bares, en los comentarios que cruzas con los aficionados, el sufrimiento y la alegría por el gol. Lo vives y te partes la camisa a lo Camarón…”, añade.

Algo así se refleja con los silbidos desde las gradas, se ha sacado de madre algo que siempre ha sido un signo, un termómetro que indica simplemente si te gusta o no lo que se está viendo, coinciden todos.
Alberto Cantúa (AC): Pero profesionales como ellos tienen que estar por encima de críticas.

Jess Fabric (JF): Yo creo que la gente no lo hace con maldad. Simplemente, lo hacen porque les divierte, en ese momento, sentirse como un entrenador más. Fernando Campillo, sin embargo, sí lo ve como un movimiento de masas negativo, “por ejemplo, Gerard Piqué no se los merecía. Reconozco que él también provocaba la situación, pero en el campo… lo que te estás jugando deportivamente, merece más reconocimiento”.

 Rafa Val (RV): Yo entiendo que hubiera gente ofendida pero también entiendo que puede jugar donde le dé la gana. Piqué ha alimentado la polémica pero no se ha sido justo con su trayectoria.

Se renuevan los protagonistas, parece que se rebaja el nivel, pero nunca la pasión. La rivalidad hoy se confunde con aspectos sociales, políticos, económicos...
AC: Ayudó a la controversia el discurso ambiguo que mostraba. Se llegó a hilar muy fino. Nosotros siempre estamos con la maleta preparada y estas cosas las entendemos cada vez menos. Salir, conocer otras ciudades, otras lenguas, relacionarte con las gentes te alimenta y te hace crecer. Mira, yo nací en Santiago de Compostela, Rafa es de Murcia, Jess de Jaén y nuestro equipo, el staff de la compañía es casi como una selección de fútbol. Un día actuamos en Getxo, nos acogieron en su cocina, aprendimos a cocinar platos y los ornamentos de la tierra, otro día en Galicia etc. La inmersión lingüística es rápida y natural. A mí me interesa saber su opinión y ya. Al final acaba todo en la música y nos unen las canciones aquí, en México, en Colombia...

El staff Subterfuge es una torre de Babel de corazones futboleros. “Desde nuestro backliner Jaime Guerrero… ya pueden estar los Rolling Stones comiendo a su lado que si está jugando el Real Madrid no hay Mick Jagger que valga…”, explica Cantúa. “Todos somos del Real Madrid salvo alguna lamentable excepción. Alguno hay del Atleti”, describe. Inevitablemente aparece en esta charla el nombre del fundador y jefazo de Subterfuge, Carlos Galán, incondicional del Atleti: “La final de Champions contra el Liverpool la vimos en México y resultó como resultó, ya lo sabemos todos. Y, te aseguro que fue una comida muy entretenida. Galán lamentándose y nosotros dándole palo tras palo. Para colmo, acabó de pagafantas nivel Dios porque le tocó pagar la comida. Con el gol del Liverpool aquello ya era imparable…No, ya en serio, el fútbol sigue manteniendo su deportividad. Terminó la comida y nos dimos todos la mano”, recuerda.

AC: Suena a tópico pero es cierto, el deporte te da unos valores. Es competir y disfrutar con lo que estás haciendo, eso es lo fundamental. Voy a pecar de ‘jodorowskismo’ pero es algo así como: lo esencial en la vida no es el éxito, sino el esfuerzo, el camino hasta conseguirlo. RV: Creo que el negocio se ha comido el deporte. Me diréis que también en la música pero es diferente porque todavía hay cierta irreverencia en algunos sectores. El tema es que el niño juega más a imitar al futbolista que a disfrutar del deporte. Cuando veo en categorías inferiores a esos niños con crestas y mechas en el pelo, que simulan las faltas en el deporte agarrándose la rodilla, chillando de dolor porque ha visto al ídolo retorcerse sobre el césped el día anterior en la televisión... yo he jugado en esas categorías y sé lo que es darte patadas de verdad, que tu entrenador se enfade y te grite y al terminar todos nos demos la mano. Creen que todo vale para obtener el éxito. Pero, es un éxito aparente.

Y aquí, paradójicamente, la charla se anima con el componente de Viva Suecia al que menos le llama la atención el fútbol.

JF: No lo vivo igual que ellos, pero reconozco que soy del Real Madrid, (me la juego, mi padre me deshereda).

 

El padre de Jess, un funcionario muy querido en Jaén por su dedicación en la lucha contra la violencia de género, es de los que no lo duda un instante cuando gana el Madrid. “Sale a celebrarlo bañándose en la fuente más cercana. Jamás le he visto llorar por algo que no sea relativo al Real Madrid. Nadie ha olvidao aún el día de mi boda precisamente porque coincidió con la final de Champions Real Madrid-Atleti de 2016. La ceremonia tenía que terminar justo para ver el partido, no quedaba otra opción. Fue el día más feliz de la vida de mi padre y no por mi boda”, recuerda entre risas.

"Nadie ha olvidao aún el día de mi boda precisamente porque coincidió con la final de Champions Real Madrid-Atleti de 2016. La ceremonia tenía que terminar justo para ver el partido, no quedaba otra opción. Fue el día más feliz de la vida de mi padre y no por mi boda”, recuerda entre risas.

Se identifican con ese fútbol de siempre cuando empieza a rodar la pelota y salta la chispa del ingrediente emotivo que procede de la tradición familiar: “Cuando mi padre me llevaba de la mano al estadio aun no gustándome. Jugó en el filial de un equipo importante (no recuerda el nombre) en Suiza. Y antes de que pudiera probar la miel del éxito, mis abuelos decidieron volver a España para trabajar en la panadería familiar. Cambió su vida deportiva por la masa madre, quizá la consecuencia más clara de la emigración, la de empezar constantemente de cero. Era muy bueno, pero le arrebataron la oportunidad”, continúa Jess. Heredar la pasión por el fútbol reconoce que estaba en sus genes, pero no en sus planes: “Y no sería por falta de insistencia, que lo intentó de todas las maneras posibles: llevándome a los partidos los domingos, comprándome cada equipación, sentándose a mi lado con un buen paquete de pipas los días de partido televisado o regalándome mil balones”.

En ese momento, salta al centro del campo Cantúa y lanza el reto deportivo del momento: “Retamos desde aquí a un triangular a Second y Varry Brava”. RV: Fíjate que estoy descubriendo esta historia familiar de Jess que ni conocíamos y estoy alucinando. Somos lo que vivimos. El sueño de mi padre era el fútbol, llegó a jugar en Tercera División, pero tuvo que decir adiós al crecer la familia. Curiosamente nunca hemos ido juntos a ver un partido, es algo que le debo.

El padre de Rafa sí logró inocular ese veneno futbolero: “Jugué casi diez años en el Cotillas CF (Torres de Cotillas, Murcia). Jugábamos en campos de tierra, otras veces en hierba. Recuerdo ese olor. Cuando tenías clarísimo que no ibas a perder 20-0. Cuando sabías que habría disputa. Y, sí, es verdad todo el ritual antes de cambiarte: pisar el césped, observar cualquier detalle que podría afectar al juego, hablar con los compañeros, notar los ánimos del contrario en sus caras, entrar a la caseta, cantar mientras…

"Jugábamos en campos de tierra, otras veces en hierba. Recuerdo ese olor. Cuando tenías clarísimo que no ibas a perder 20-0. Cuando sabías que habría disputa"

De los campos de tierra los hemos visto saltar a escenarios ante miles de seguidores enfundados con la camiseta de la selección de Suecia. Incluso han sido casi presidentes de un club: “Sí, inolvidable. El Estrella Roja de Zancovia en la Liga de fútbol sala en las Torres de Cotillas. Conseguimos grandes cosas… Le compusimos hasta un himno. Era una suerte de equipo comunista / capitalista. El himno es muy soviético pero la equipación muy estilo EEUU. Nos molaba ese choque de trenes, juntar dos mundos antagónicos”, explica Rafa.

AC: Esa falta de tiempo para darle al balón juntándonos con los amigos lo sobrellevábamos con una pelota en la furgoneta. Ahí sufríamos al Rafa más chupón.

RV: ¡Eh! ¡Soy centrocampista pero distribuyo cuando me da la gana! He sido un poco Guti y con pequeños destellos muy de vez en cuando (me dice en voz baja haciendo caso omiso a los comentarios de los compañeros).

AC: Mira, es el típico que se tira media hora chupando balón, llega a portería y lo falla. Y, luego apártate tú…

RV: Es que el ímpetu de la juventud aún me puede y me lleva por delante.

AC: Todo iba bien hasta que, de una patada con la uña, lo mandamos al techo de una gasolinera. Se acabó el entretenimiento.

Dice Alberto Cantúa que un amigo les define como un ejército. Todos trabajando a una. Llenado escenarios. Aportando cada uno su granito de arena. Un equipo. Casi como inventando un lenguaje propio, cada patada al balón traerá una historia a la conversación.
RV: Del mismo modo que creo que es muy sana esa rivalidad deportiva, también hay que tener en cuenta que debe desplegarse siempre en su justa medida. Es obligado acudir a felicitar al que gana más allá del pequeño pique y del roce inevitable en el transcurso del encuentro. Existe el apretón de manos y reconocer quién ha sido el mejor. Esa es la actitud.

 “Puedes tener el ídolo deportivo que te dé la gana, pero al final estás en la vida real. Es absurdo vivir en un estado permanentemente exaltado”

AC: Una de las suertes de nuestro trabajo es viajar muchísimo y conocer gente de los sitios más diferentes. Eso te hace empatizar mucho y no caer nunca en la vulgaridad de creerte más que otro por tu procedencia. Considero que el sentimiento de rivalidad se queda muy por debajo del sentimiento deportivo, que es más fuerte. Ese choque de trenes acaba cuando termina el partido. Vivimos en una adulación continua al mito. “Puedes tener el ídolo deportivo que te dé la gana, pero al final estás en la vida real. Es absurdo vivir en un estado permanentemente exaltado”, continúa Rafa. Y, los recuerdos a menudo se activan de manera inesperada: “Yo creo que se ha ido un poco a la mierda ese concepto que teníamos del fútbol de cuando éramos pequeños. Me gustaba ese no tener que ser políticamente correcto permanentemente. Me gustaban esos piques de la hostia en el colegio; por ejemplo, el tutor de clase era del Barcelona y recuerdo que cuando ganaba o perdía lo notábamos inevitablemente. Molaba esa tirantez”, añade.

Casi como aquella leyenda sobre Bette Davis y Joan Crawford en '¿Qué fue de Baby Jane?' sin llegar la sangre al río, sí que debe existir una fría distancia. Robert Aldrich solía contar que alguna noche las dos actrices le llamaban por teléfono tratando de influir para que su personaje tuviera más papel que el de la otra.
AC: Es que la rivalidad forma parte de nuestras rutinas diarias de un modo natural. Ahora el fútbol se ha politizado y ‘diplomatizado’ (valga el palabro) demasiado. Es como cuando contemplas a los políticos que se están dando de hostias todo el día y luego son colegas, y mira, no. Echo de menos siempre la época de Mendoza, Jesús Gil, Mourinho… Yo recuperé un poco el pique, el forofismo con Mou y lo volví a abandonar cuando se fue.

RV: Pero hay que reconocer que esa época fue agotadora.

AC: Es verdad que fue agotador, pero estábamos ante el gran Barcelona de Messi, el imbatible Guardiola y un Real Madrid leñero. Se ganaron cosas. El deporte, al final, también es comerle el coco al rival, la estrategia. Ahora mismo eso no lo veo, me deja un poco frío esto del balón. Personalmente, consiguieron que me metiera más en los partidos, vivirlos más apasionadamente. •