'Sueños suplentes', por Javier Aznar

Mi gol favorito es cuando un jugador amaga y deja correr la pelota por debajo de sus piernas para que otro llegue, de manera inesperada, y dispare. Me parece la forma más pura de elegancia, de sutileza.

Javier Aznar.- Tengo un sueño recurrente: soy futbolista profesional. Hasta ahí todo entra dentro de la normalidad aspiracional masculina. El problema es el papel que desempeño. Soy absolutamente residual dentro de la plantilla. Jamás voy convocado. No salgo ni en las rotaciones de Copa. Nadie me pita, nadie me aplaude. Simplemente no existo.

En el sueño tengo incluso una reunión con la directiva. Me dicen, con educación burocrática, que no molesto demasiado, pero que tampoco estoy como para renovar. No soy un problema, que ya es algo. Pero tampoco una solución. Mi representante no contesta a mis llamadas. Leo la prensa deportiva con la ansiedad de quien busca su nombre en una esquela. Escudriño rumores de mercado, posibles cesiones, un interés tímido de algún equipo menor. Nada. Nadie escribe sobre mí. No hay crítica ni elogio. Soy invisible.

Cuando me despierto, agitado, se lo cuento a Carolina durante el desayuno. Puedo ver en su cara una ligera decepción ante la falta de relato, de épica, de emoción. Ni siquiera mi subconsciente es capaz de ofrecer un arco narrativo interesante. Un girito final, un algo. Nada. Es de una mediocridad desarmante. No soy titular ni en mis propios sueños.

He soñado con cientos de cosas a lo largo de mi vida. He volado, me han perseguido, he suspendido exámenes imposibles, he vuelto a casas en las que ya no vivo, he estado en cárceles, he sufrido juicios injustos por crímenes que nunca cometí, he reído con amigos que ya no están. Pero jamás he soñado con marcar un gol en un estadio lleno.

He soñado con cientos de cosas a lo largo de mi vida. He volado, me han perseguido, he suspendido exámenes imposibles, he vuelto a casas en las que ya no vivo, he estado en cárceles, he sufrido juicios injustos por crímenes que nunca cometí, he reído con amigos que ya no están. Pero jamás he soñado con marcar un gol en un estadio lleno. Nunca he tirado un penalti decisivo. Nunca me han sacado a hombros. Mi palmarés onírico está completamente vacío. Tengo algo ahí bloqueado. Como si pusiera yo mismo unas líneas rojas a la hora de soñar. Como si me tomara el fútbol demasiado en serio. Soñador, pero no mucho.*

*Lee el resto del artículo de Javier Aznar en la edición 56 de Líbero