Tamudo: «Siempre hay quien me recuerda el 'Tamudazo'»

Tamudo es un símbolo del Espanyol moderno. Pero también un producto típico del Espanyol de siempre. >Un jugador pícaro, que saca el máximo provecho de unas cualidades limitadas aunque muy superiores a la media. La viva historia de un histórico del fútbol que empieza a tomar contacto con los banquillos después de una carrera de 146 goles en Primera.

Texto Antonio Moschella | Fotografía Clara Orozco.- El azul reluciente del cielo en una mañana invernal crea un armónico contraste con el verde del césped de uno de los campos de la Ciutat Esportiva Dani Jarque, la oficina del RCD Espanyol. En los rondos, entre los jugadores que se entrenan, se puede percibir una figura histórica del club. Es Raúl Tamudo Montero (Santa Coloma de Gramanet, 1977), que acude todos los días al centro de entrenamiento aunque ya no se vista de corto los domingos.

¿Qué se siente al volver a prepararte para el entreno a sabiendas de que ya no vas a jugar?
Tengo varias tareas. Ayudo al entrenador en el día a día pero también me desenvuelvo en los temas sociales e institucionales como representante del club. Es cierto que es diferente entrenarse cada día sabiendo que no jugaré pero tampoco echo de menos jugar al fútbol simplemente porque creo que cuando un futbolista decide dejar colgar las botas ya no vuelve atrás. En mi caso ya no estaba mentalmente preparado para seguir jugando y elegí terminar mi carrera porque estaba satisfecho con ella.

Llevas bien entonces tu nuevo rol.
Sí, porque no echo de menos el día a día y los viajes con el equipo. Llega un momento en el que es tanta la presión que tanto la mente como el cuerpo, después de tantos partidos, te piden que pares. Estoy feliz y tranquilo aunque, a veces, cuando falta alguien, sí que me pongo en algún rondo para echar el rato.

¿Ahora sufres más?
Tanto cuando voy a Cornellá como cuando lo veo por la tele lo paso mal porque de alguna manera estoy conviviendo con los jugadores con los que he estado preparando el partido. Al fin y al cabo el Espanyol es el club de mi vida, me ha dado todo lo que tengo y el ver que no van bien las cosas si que me duele. Pero soy una persona muy práctica y no pienso en lo que podría hacer yo en el campo ahora que ya no juego.

Dices que el Espanyol es el club de tu vida. Aún así, antes de volver, te tuviste que ir como jugador sin poder terminar tu carrera aquí…
No es fácil asumir un nuevo rol cuando lo has sido todo en el club, pero sí es cierto que a veces hay que hablar con los futbolistas, comunicarse más con ellos y escucharlos, sobre todo cuando tienen 33 o 34 años. Preguntar “¿Qué quieres hacer? ¿Quieres seguir? Te vamos a respetar”, pero muchas veces no es así, cuando ya no das el rendimiento que la gente espera ya nadie se comunica, entonces lo más fácil es que acabes contrato y te retiras o te vas a otro club.

¿En el fútbol la memoria suele ser corta?
Sí. Pero es verdad que cuando haces cosas importantes en un club como futbolista y persona la gente sí que se acuerda de ti, sobre todo con el paso de los años.

Y ahora lo estás viviendo de nuevo aquí…
Yo siempre me he sentido querido por la gente, desde mi debut con el primer equipo cuando tenía 19 años. El hecho de haberme formado en el Espanyol, de haber sido capitán por ocho,diez años, de marcar goles importantes hace que el cariño con la gente sea mutuo. Yo quiero mucho a la afición del Espanyol y ellos me quieren mucho a mí. Es una relación muy especial.


¿Cómo recuerdas la emoción de tu primer gol de profesional en Alicante contra el Hércules?
En Alicante fue increíble, fue el gol que me cambió la vida. Antes había fallado una ocasión y luego tuve la suerte de tener esta oportunidad en el minuto 89 y en ese momento se me pasó por la cabeza picarla y terminó en gol. Siempre he metido goles y ahí fue una cuestión de instinto, de centésimas de segundo.

«El gol a Toni es un cúmulo de todo, de observar, de saber qué
se puede hacer, pero tampoco había pensado en mi vida que
podríamos ganar así».

Al marcar se te ve emocionado pero también un poco aturdido. ¿Por qué?
Es que la semana antes estaba en mi casa tan tranquilo y con la cabeza en los entrenos con el filial. ¡Coleccionaba los cromos de los jugadores con los que debuté! Y unos días antes de ir a Alicante recibo una llamada de Paco Flores que me comunica que iba a entrenar con el primer equipo y no me lo creía. A esta gente hasta entonces yo la veía jugar en la tele…

Una emoción diferente de la de tu homenaje en Cornellá cuando te retiraste
Aquel día fue maravilloso porque estaba con la gente que me quiere. Pero la emoción no la sentí solamente en aquel preciso momento sino desde que anuncié mi retirada, cuando empecé a recibir mensajes de otros futbolistas. Muchos, entre ellos los con los que coincidí en la selección española, han valorado mi rendimiento y la profesionalidad que he tenido a lo largo de mi carrera y es de agradecer.

Tu historia en el Espanyol hubiera podido ser distinta si no te hubieras lesionado en la final de los Juegos Olímpicos de Sidney 2000…
El golpe que recibí en aquella final hizo que no firmara por el Glasgow Rangers. Fue curioso porque un médico tiene que ser un entendido en lesiones y no fue así, el médico del Rangers se equivocó con mi diagnóstico y la verdad es que estoy agradecido a este error porque de tal manera pude volver y quedarme en el Espanyol. Yo no me quería ir, fui obligado por el club a marcharme por necesidades económicas pero finalmente no fue así. ¡A mí me hizo un favor este médico!

¿Se puede decir que estuviste en uno de los mejores equipos de la historia del club?
La verdad es que no me puedo quejar. Cuando lo hemos pasado mal nos hemos salvado del descenso en los últimos partidos, pero también cuando lo hemos pasado bien hemos disfrutado mucho. Ganar dos Copas del Rey y jugar una final de la UEFA en tan pocos años fue algo maravilloso, sobre todo me siento privilegiado por no haber tenido que dejar a mi equipo para levantar un título.

Esta Copa del Rey del 2000 fue marcada por tu gol a Toni...
Sí, además de ser mi primera final y todos se acuerdan de aquel gol en el que le robé el balón al portero rival. Es verdad que fue una victoria muy peculiar y con mi sello.



¿Fue ése un gol de jugador pillo que se ha formado en la calle?
Al final uno tiene que buscarse la vida, como siempre hice yo en mi barrio. La verdad es que me tiraba horas y horas con mi hermano jugando a fútbol en la calle. Hoy en día ya no ves a niños jugar en la calle y a mí me ayudó entretenerme mientras mis padres trabajaban. El gol a Toni es un cúmulo de todo, de observar, de saber qué se puede hacer, pero tampoco había pensado en mi vida que podríamos ganar así. Es verdad también que antes no había tanta posibilidad de jugar al fútbol de niño sino en la calle, pero es ahí donde te espabilas y te buscas la vida. No todo el mundo puede ser como Cristiano Ronaldo o Messi…

¿Cómo te sientes al ser el mejor goleador catalán de la historia habiendo jugado en el Espanyol?
Es algo muy complicado de lograr jugando en un club como el Espanyol y es obviamente un mérito. Yo siempre lo digo, he marcado 146 goles en Primera División y es algo muy grande, porque tienes que jugar casi 10 años en lo más alto, jugarlo casi todo, no lesionarte y marcar una media de 15 goles por temporada.

Además con muy pocos penaltis…
¡Bueno y si me dejaban tirar alguno seguro que lo fallaba! (se ríe)

De tantos goles se hablará siempre de uno, el del Tamudazo…
¡Evidentemente! Pero creo que este gol marcó más a la gente que a mí. Fue un partido especial. Voy por la calle y siempre hay alguien que me recuerda el Tamudazo. No sé si volverá a haber algo así en la historia otra vez, porque además había muchos alicientes, era el derby, el Barça se jugaba la Liga y además habían hecho el 1-1 con un gol de mano de Messi. Son cosas que si quisieras montar una peli no se te ocurrirían. Pero al final yo solo hice mi trabajo, veníamos de perder la UEFA y no podíamos terminar una temporada con mal sabor de boca, aunque es cierto que ayudó mucho el no tener ningún objetivo.

¿Y aquel gol que dio la salvación al Rayo?
Uff, ¡otro momentazo! El Rayo es un club humilde, de un barrio donde la gente se vuelca mucho con el equipo y que se juega la vida cada domingo. Bajar a Segunda hubiera sido la ruina en aquel momento y evitar el descenso fue maravilloso. Tras marcar aquel gol me giro y busco a mis compañeros y sólo veo a Bukaneros o gente que había bajado al césped a celebrar sin que se hubiera acabado el partido. Fue un encanto jugar en el Rayo porque el verdadero fútbol está en el barrio.

¿Por qué llevabas el número 23?
Porque cuando era pequeño me quedaba despierto por la noche para ver los partidos de los Chicago Bulls de Michael Jordan aunque mis padres me dijeran “venga Raúl vete a dormir que mañana tienes cole”. Pero no, yo admiraba a Jordan y el 23 era un homenaje a él.

En tu largo recorrido futbolístico ha sido clave el papel de Paco Flores...
¡Por supuesto! Fue él que confió en mí cuando no era nadie. Le debo muchísimo, más que a cualquier otro entrenador. Me hizo debutar con 19 años cuando se jugaba el puesto porque le dieron el equipo en la época en la que me subió del filial. Confió en un chaval de 19 años antes que en Raducioiu, Ouedec, Benítez, y eso fue algo que no olvidaré nunca…

A pesar del famoso “qué pasa nen” que tanto le ofendió.
(Ríe). Bueno, al final yo soy como soy. Estábamos en un rondo y yo, todavía en el filial, tampoco pensé mucho y como tengo una naturalidad de barrio me dirigí a él así, “qué pasa nen”, sin pensar que se pudiera mosquear. Nos puso a todos a correr como castigo. Pero al final todo se convirtió en una anécdota y la verdad es que él siempre me ha querido y apoyado muchísimo y a veces todavía quedamos para comer. Recuerdo un abrazo emotivo que me dio cuando ganamos la Copa en el 2000 y también de cuando él estaba en la cuerda floja en el filial y ese día marqué dos goles y lo mantuvieron en el equipo. (Años después de la anécdota, el Espanyol se enfrentó al Werder Bremen entre los que estaba un central finlandés apellidado Pasanen. Tamudo no dejó pasar la oportunidad de hacer la broma con el parecido con el famoso “qué Pasanen” y le pidió la camiseta al final del partido para entregársela a su exentrenador).

Ya llevas unos 20 años conduciendo. Pero para conseguir el carné tuviste que pasar por un momento particular, ¿verdad?
A mí no me gustaba estudiar, la verdad. Pero tenía un amigo del Atlético de Madrid que sabía mucho de coches y entonces le propuse ir en mi lugar a hacer la prueba teórica porque al final a mí no me conocían mucho todavía, solamente había jugado tres partidos en Primera División. Y mi amigo me haría el favor a cambio de una camiseta del Atlético, y yo evidentemente le dije que eso estaba hecho. Además, la primera vez que fui, y suspendí, la que decía los nombres era una mujer, y de paso pensé que podía saber poco de fútbol. Pero también me olvidé de decirle a mi colega que si era un hombre el que decía los nombres no tenía que entrar al trapo, algo que finalmente pasó. Cuando me dijo que le habían pillado, que se tuvo que escapar que llegaba la Guardia Civil y que se había dejado mi carné ahí… Luego me llamaron y tal pero al final se arregló todo por suerte. Me puse a estudiar y finalmente me lo saqué.

¿Quién fue tu modelo de delantero cuando eras niño?
Ah, ese no llevaba el 23 sino el 9, y es Marco Van Basten.