Nicolás Daza Prado.- El Sporting Benimaclet se fundó en el 1991 y cuenta con equipos femeninos y masculinos desde prebenjamines hasta veteranos, pero lo más excepcional de nuestro club es nuestra ideología: la defensa del barrio como bandera. Todo valenciano que haya jugado al deporte rey en las categorías más bajas de nuestro futbol recuerda este club, y no, no es por la calidad de nuestros jugadores, es por nuestro estadio, el Camp de les Fonts.
Situado entre el barrio y la huerta, pegado al edificio gigantesco y brutalista conocido como el Espai verd, es el único campo de tierra que todavía está en uso en València. Jugadores de las diferentes secciones del club pintan cada semana las líneas con cal y se aplana el terreno con una especie de rastrillo gigante arrastrado por un coche tan embarrado que no se distingue la matrícula. Nuestro campo es nuestra bandera, es el reflejo de la idiosincrasia de nuestro club. Está plasmado incluso en nuestro himno (porque sí, tenemos un magnífico himno). Un grupo de rock del barrio llamado A tercio pelao creó en 2020 ‘SPB hools’, la canción que resume la identidad del club:
Solo un grito, viva Sporting barrio obrero
Tus colores lo defienden hijos de los jornaleros
Viva Sporting campo lleno de promesas, tu césped se lo ha fumado una famosa alcaldesa.
Benimaclet es uno de los tesoros que esconde la ciudad de València. Este barrio periférico pegado a la huerta norte fue un municipio independiente hasta el año 1878 cuando descendió a pedanía. Desde 1972 es un barrio. Con aproximadamente 28.000 habitantes, una renta media de 23.000 euros según un estudio de hace seis años y un tamaño equivalente a 157 campos de futbol, Benimaclet no es un barrio cualquiera.
ESPAI VERD» El edificio brutalista junto al campo. Foto. Nicolás Daza Prado
Marcado por los comercios locales, las organizaciones sociales y la vida nocturna es considerado un refugio de la gran urbe turistificada en la que se está convirtiendo València. Las calles se cortan cada viernes por el mercadillo y el chatarrero se hace escuchar varias veces al mes. Es un enclave popular. Con un simple paseo puedes observar cómo es su gente: estudiantes (debido a la cercanía con las universidades), familias de toda la vida, hortelanos y punkis.*
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