El final del Vicente Calderón y el Atleti de los socios

Ahora que la campaña #EternoCalderón pide un último milagro al estadio, recordamos la vida del hombre que dio nombre al estadio, gracias a este texto del periodista Antoni Daimiel.

Antoni Daimiel.- Ahora que el Atlético de Madrid celebra una etapa dorada. Ahora que el Atlético ha sido a Dominguín lo que Agüero y Falcao pudieron ser a Ava Gardner y Romy Schneider y, aunque efímeras, se viven pasiones con algunos de los amores más selectos del panorama. Ahora que los coches de la M-30 se sumergieron por debajo del río para justificar a la vista la humedad de un estadio tan frío en su medicina interna como caliente en su epidermis. Ahora que el recinto rojiblanco tiene fecha de ejecución y derrumbe pongamos que hablamos de Vicente Calderón, el hombre del que tomó el nombre el coliseo rojiblanco. Hace pocas fechas se cumplieron 30 años del fallecimiento de aquel dirigente con una habilidad innata para fijar por costumbre al Club Atlético de Madrid entre los grandes. Durante los dos mandatos presidenciales de Vicente Calderón (64-80 y 82-87) el Atlético incrementó su palmarés con cuatro títulos de Liga, cuatro de Copa, una final de Copa de Europa y una Copa Intercontinental. El apelativo de pupas fue pronunciado por Vicente Calderón después de que el Bayern Munich le empatara en la final continental en el minuto 119 de la prórroga con el gol de Schwarzenbeck. El portero Reina ya se estaba quitando los guantes y Vicente Calderón junto a su hijo buscaban el camino para llegar hasta el presidente de la UEFA, Artemio Franchi, para la entrega del trofeo. Dos días después se jugó el partido de desempate y el Bayern venció 4-0.

Vicente Calderón fue un dirigente sereno de pose y acelerado de pensamiento. Un niño nervioso que derivó en un hombre hecho así mismo, intuitivo en los negocios, elegante, de mirada sugerente, con la ambición en la mano derecha y la ética en la izquierda, dominador de la palabra y los giros galantes y decorosos para lograr sus objetivos. Cántabro de origen, fue socio del Atlético de Madrid desde mediados de los años cuarenta. Progresó económica y socialmente debido a sus actividades profesionales en el comercio exterior, la construcción y el desarrollo inmobiliario y fue el elegido para tomar las riendas del Atlético en un momento convulso. A principios de los años sesenta el extremo Peiró tuvo que ser traspasado al Torino por 26 millones de pesetas de la época y se habían vendido los terrenos donde radicaba el estadio Metropolitano a la Inmobiliaria Vista Hermosa, con capital israelí. Así las cosas Vicente Calderón se encontró en 1964 una presión social contraria al ex presidente Javier Barroso, a Enrique Collar en rebeldía sin querer jugar hasta que no le subieran el suelo a un millón por año, un estadio vendido en 120 millones de pesetas y los terrenos comprados desde 1961 para construir el nuevo al lado del río Manzanares, sin financiación para acabarlo y sin permisos ni licencias para legalizarlo. Para colmo la esposa de Calderón, María de los Ángeles, había fallecido en octubre de 1963. Vicente refugió su viudedad en una dedicación completa al Atlético de Madrid. Don Vicente era un dirigente versátil, un directivo que manejaba las dos piernas. Agresivo pero educado, ambicioso y templado, exigente y paciente. Alimentaba las buenas relaciones convenientes y las innecesarias. Recién nombrado presidente convenció a Collar para que se quedara y a continuación fichó tres jugadores del mismo equipo, del Betis. Uno de ellos era Luis Aragonés. El ex seleccionador español siempre definió a Vicente Calderón como su padre deportivo.



Otro colaborador cercano y perenne fue su ojeador de cabecera, Víctor Martínez, dueño de un instinto especial para descubrir talentos y un pez en las aguas del fútbol argentino y brasileño. Martínez estuvo detrás de fichajes como Heredia, Ayala, Luiz
Pereira, Leivinha, Leal, Julio Alberto y Dirceu y descubrió a Juan Gómez “Juanito”, Quique Ramos y Capón. Calderón, que batalló en el Ejército Nacional en la Guerra Civil y llegó a participar en el Frente de Teruel trabajó diecisiete años a confianza llena con Martínez, un ex soldado republicano que llegó a estar preso durante la guerra e incluso recluido en prisiones y campos de concentración de las provincias de Valencia y Teruel. Una muestra más del talante tolerante y de reconciliación del presidente atlético.



Vicente Calderón siempre mantuvo excelentes relaciones con el club rival, el Real Madrid y un trato cercano con Santiago Bernabéu. El único conflicto contra el club blanco lo enfrentó con Raimundo Saporta, entonces vicepresidente. En el espacio entre la defunción del Metropolitano y el estreno del Manzanares Calderón solicitó permiso para que el Atlético pudiera jugar en el estadio madridista. Saporta aceptaba pero exigía que los socios madridistas pudieran acudir gratis a los encuentros del Atlético. Calderón entendió la exigencia como una ingratitud, teniendo en cuenta que el Atlético le había cedido el Metropolitano al Real Madrid durante un año y medio a mediados de los cuarenta, mientras se construyó el Nuevo Estadio de Chamartín. En 1987, tras el fallecimiento de Vicente Calderón, resultó emocionante el impoluto minuto de silencio guardado en el Bernabéu y los aplausos posteriores con los que los aficionados madridistas despidieron al presidente del equipo rival, otra seña del respeto granjeado por Calderón. La construcción del actual estadio, entonces llamado Manzanares, fue, y nunca mejor dicho, una auténtica guerra sin cuartel. El entonces alcalde de Madrid y posteriormente presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, era el gran obstáculo. Siempre apoyado en las ordenanzas de “Canalización del Manzanares” Arias Navarro le negó al Atlético en reiteradas ocasiones la licencia de construcción, incluso con las obras bastante avanzadas. Utilizaba a la prensa para acusar al Atlético de informalidades diversas y éste se rebeló contra la alcaldía denunciando negligencias y una oposición tendenciosa. Calderón amenazó con que si llegaban las máquinas para derruir lo levantado él estaría allí con miles de socios para si hacía falta sucumbir ante las excavadoras. Si bien los arquitectos del nuevo estadio eran el ex presidente del club Javier Barroso y Miguel Ángel García-Lomas quien desbloqueó el conflicto fue el teniente general Antonio Barroso, ex ministro del Ejército, amigo personal y colaborador de Franco desde la guerra y hermano de Javier. La negociación final empujó más hacia el río el estadio para dejar sitio a bloques de viviendas militares en el Paseo de los Melancólicos. Curiosamente, el alcalde de Madrid que sustituyó en el cargo a Arias Navarro fue García-Lomas.



“Mientras ellos van de pie, nosotros todos sentados” Se empezó a jugar en el estadio Manzanares en 1966. El eslogan de Calderón para el estreno fue: “Ya estamos en nuestra casa y nadie nos ha humillado. Mientras ellos van de pie, nosotros todos sentados”. Un estadio rompedor en aquella época con aforo para 62.000 espectadores todos de asiento. En 1972 se dispuso una reinauguración oficial con motivo de un partido internacional entre España y Uruguay. Durante seis años el presidente rojiblanco peleaba por un permiso para instalar un ascensor que uniera la zona de vestuarios con el palco de autoridades, otro permiso que le era constantemente denegado. Cuentan testigos que Vicente Calderón acompañó al Jefe del Estado Francisco Franco, con 80 años de edad y delicado de salud y al entonces Príncipe Juan Carlos I desde el césped al palco de autoridades. Cientos de escalones que una vez ascendidos dieron paso a la frase de Calderón a un Franco jadeante: “Excelencia, fíjese si tuviéramos un ascensor para este trayecto. Llevamos mucho tiempo solicitando la licencia pero no nos la conceden.” Dos días después comenzaron las obras para la instalación del ascensor. Calderón llegó a coincidir con Jesús Gil. El vicepresidente Santos Campano le insistió en que le incluyera en su junta directiva debido a su gran actividad y ferviente militancia colchonera. Un mes después Calderón le invitó a dejar el club agobiado por su insistencia en llevar al equipo a concentrarse a Los Ángeles de San Rafael y en abrir un bingo del club. El mismo olfato que buscó alejar a Gil captó para el Atleti, en una operación financiera de tintes pioneros, al crack brasileño Alemao a través del leasing con la entidad de capital francés Ecofinance y el Banco di Roma. Fue su último fichaje, su legado final.

*Uno de los estadios ajenos donde más afición atesora el Atlético de Madrid es el Estadio de la Victoria en Jaén. Ahora es el Nuevo Estadio de la Victoria, pero durante décadas, la afición del Real Jaén supo agradecer al Atlético la donación de los focos del Estadio Metropolitano, cuando fue demolido para la mudanza al Manzanares en los años 60. Este precedente inspira la campaña Eterno Calderón en la que 10 clubes modestos de Madrid piden la donación de los 'órganos' del Vicente Calderón para poder sobrevivir. 

"Las butacas vendrían fenomenal al Municipal del Val", dice el responsable del Alcalá. "Los focos vendrían de maravilla", pide ilusionado el Adarve. "La portería del doblete de Kiko", se suma el CD Barajas... Firma para que el Atlético done los órganos al fútbol popular de Madrid. Toda la campaña en www.eternocalderon.com