Igor Paskual.- A orillas del rio Leciza, a los pies de la sierra de Aralar se encuentra Arbizu, un pueblo de poco más de 1.000 habitantes donde Pello Reparaz (Arbizu, 1990) creció férreo como un tronco enamorado de la música y repleto de inquietudes. Su vida ha cambiado tanto que actualmente apenas puede pasear con calma por muchas ciudades vascas e incluso catalanas. No en vano, su proyecto Zetak llenará el próximo 19 y 20 de junio el estadio de San Mamés. Y cantando en euskera.
Pese a su agenda conseguimos vernos una hora en Donosti y me encuentro a una persona encantadora, segura de sí misma y con la cabeza muy bien amueblada.
Arranca el partido
Procedes de un pueblo pequeño, sin embargo, también viviste un año en Londres. ¿Cómo te afectó ese contraste?
Siempre he viajado mucho y tuve una gran proceso de apertura pero en 2017 me fui a hacer un Master de composición en Londres y ahí empiezo a ver que casi todos los artistas tendían a homogeneizar el sonido, intentaban que no se les notase el acento, que no se viera de dónde venían. Había una tendencia a desprenderse de su identidad para poder encajar en los estándares que había en ese infierno que es la industria musical londinense.
Y es en ese momento cuando empiezo a hacer el camino inverso y veo que mi voz reside en mi pueblo de 1.000 habitantes donde comencé. Vi que buscando lo específico me podía hacer más universal y quise abrir una pequeña ventanilla a Arbizu para cualquier persona del mundo. De hecho, todo lo que hago sobre el escenario bebe de ese imaginario de Arbizu.
SAN MAMÉS» Entrada al estadio
Me llama la atención que Euskadi, siendo un lugar tan lluvioso, haya tanta querencia por las músicas tropicales.
Bebo mucho de la segunda ola del ska, con 12 años todo el 2Tone, Selecter, Madness, Specials, algo muy ligado a Inglaterra donde viví de pequeño y también tengo familia. Pero también tengo muy cerca a Betagarri (Vitoria) y a Skalariak (Pamplona) y ahí veo que se puede hacer eso en euskera. Y desde los 17 que creo Vendetta (su primera banda donde canta y toca el trombón) hasta que produzco el último disco pasan 12 años y me empapo de otras influencias como la electrónica.
En Londres me acerqué al drum and bass, casi una música nacional y vi que las velocidades de los drum and bass iban al doble que las que usábamos en el reggae de Vendetta, así que encajaban muy bien, pero era algo que que no servía para mi antigua banda. (Si una velocidad va al doble, se sincroniza a la perfección con su mitad).
La aceptación de Zetak cantando en euskera es enorme, y en menor medida, también lo es fuera de Euskadi.¿A qué crees que se debe?
Nina Simone decía que un artista debía reflejar en su obra el momento que vive. Inevitablemente, Euskal Herria ha cambiado no sólo en las dos últimas décadas, y eso tiene su efecto en la obra y en cómo conecta. Zetak ha llegado en un momento que, por motivos sociológicos, la gente se acerca al euskera también desde el prestigio.Yo creo soy un privilegiado porque llego en un momento en el que se ha alineado todo, tengo audiencia en foros en los que hasta ahora no los había tenido. También se debe a las giras de Negu Gorriak, S.A. o Berri Txarrak que hace que poco a poco se vayan dando pasos. Gracias a eso, me toca a mí estar en la Revuelta y llenar salas
«Entiendo el fútbol como un fenómeno necesario a entender para alguien que como yo se dedica a la música popular. Hay que entender la capacidad de unión, el sentimiento de pertenencia al club porque quiero que mi obra tenga un impacto»
Jagoba Arrasate (Berriatúa, 1978) puso el broche de oro con sentido bertso en tu concierto del Navarra Arena de 2025. ¿Cómo le conociste?
Fue un momento precioso, además él venía de un partido e hizo todo lo posible por estar. La experiencia con Jagoba es maravillosa. Teníamos relación desde hace 20 años, es un tipo con muchas inquietudes y entiende el impacto que el fútbol tiene en la sociedad. En Navarra, Osasuna es una institución y para normalización del euskera en Navarra ha tenido mucha importancia. Jagoba representa los valores que Zetak quiere representar con su obra.
Osasuna tenía una identidad marcada de fútbol áspero y directo, sin embargo ahora juega con un fútbol más aseado. ¿Crees que esto refleja, aparte de cambios en la táctica o el estado de los terrenos de juego, un cambio mental?
¿Sabes que he pensado? Vamos a llamar a Jagoba, es lo suyo.
Así que coge el teléfono y llama a Jagoba Arrasate. Pone el teléfono en manos libres y le redirige la pregunta. Yo estoy incrédulo. Nos presentamos, y por fin, Jagoba responde.
Jagoba Arrasate (J.A.): Es verdad que el vocabulario ha cambiado, lo que antes era patadón, ahora es juego directo. Creo que Osasuna siempre ha tenido una idea clara, que es el ir a por las cosas, no escatimar esfuerzos, sólo que antes se iba de manera más ruda, pero es lo que le gustaba a la sociedad navarra. Celebrar el córner o no dar un balón por perdido. Todo eso se ha modernizado, ahora es más completo y se juega un poco más desde atrás, más elaborado, pero la esencia no ha cambiado. El que va a El Sadar quiere ver lo mismo porque sigue siendo un equipo y una afición con una identidad muy marcada.
Aprovecho para añadir una pregunta sobre la reforma de El Sadar que fue escogida por los socios entre otros motivos por la importancia que el proyecto concedía al sonido. ¿Cómo te condiciona a ti el hecho de actuar en un recinto u otro?
J.A.: Osasuna, en su máxima expresión, juega en El Sadar. De hecho, este año ha hecho 10 puntos fuera de casa y 32 en casa. Este año me ha tocado ir con el Mallorca y cuando vas a El Sadar sabes que vas a sufrir, que en los primeros minutos te van a embotellar, te van centrar, a rematar; Indar Gorri no para en todo el partido y eso es una ventaja que tiene el equipo. El mayor tesoro es su afición. Y sobre la reforma, ¿Sabes por qué ganó el muro rojo? Porque detrás de la portería, los asientos se repliegan mucho y puedes estar casi de pie, es una grada más grande.Y yo creo que fue una de las razones de que ganara porque parece que tienes que ir al fútbol comiendo pipas y con el móvil.
El Sadar aún aguanta y, además, la acústica es muy buena, es uno de los campos que más retumba de Primera División. Y los jugadores lo saben.
CANTANTE» Sobre el césped de San Mamés.
Nos despedimos de Jagoba y yo, emocionado por este regalo de Pello, les doy las gracias totales. Sin duda el fútbol y la música tienen formas y liturgias en común. Pero, ¿qué diferencias ves entre ambas?
Veo muchas cosas en común. Entiendo el fútbol como un fenómeno necesario a entender para alguien que como yo se dedica a la música popular. Hay que entender la capacidad de unión, el sentimiento de pertenencia al club porque quiero que mi obra tenga un impacto. También veo reivindicación en el fútbol, lo que me parece sano y necesario. Por ejemplo, si Israel está llevando a cabo un genocidio en Palestina y hay partido en El Sadar y eso se escucha alto y claro, me siento orgulloso. No es inteligente pedir a un fenómeno social como es el fútbol que no se meta en política. La diferencia que veo es que el fútbol se articula en torno a una competición, sin embargo, la música puede desprenderse de esa tensión y puede llegar a ser hasta más sano en algunos casos.
En la edición anterior de Líbero comentamos el ‘No hay tregua’, de Barricada. ¿Qué opinas de la recomendación de la policía de no ponerla en el campo?
La movida representa muy bien lo que hablábamos, de cómo el fútbol nos brinda la oportunidad de leer la sociedad. Esa canción tuvo un impacto enorme, es un himno y todo navarro la tiene interiorizada. Una parte de la grada aliña una parte de la canción y otra parte no lo hace, lo que representa lo que es la sociedad. Personalmente, nunca lo he visto en El Sadar, pero yo sí que la pondría, es nuestro patrimonio.
¿Qué se siente al ir a tocar un lugar sagrado como La Catedral de Bilbao, San Mamés? ¿Has estado allí alguna vez?
Lo había visitado y estuve hace poco viendo el Athletic-Osasuna. Y ahora lo veo de otra manera porque vamos a congregar a más de 80.000 personas; es un hito no sólo para mí sino que rompemos un techo de cristal para proyectos que cantan en lenguas no hegemónicas. También me brinda la oportunidad de reflexionar, de mirar hacia atrás y hacer balance porque vengo de los gaztetxes, las fiestas de los pueblos, las txoznas, las salas y ahora en un estadio. Hay un componente extra y es que mi abuela es vizcaína. Y esto ha sido un cierre de círculo para ella y para mí por la relación especial que tengo con mi amama (abuela). •