Líbero.- El Mundial 2026 llenó estadios en México, Estados Unidos y Canadá, pero en Barcelona el torneo también se vivió a otra hora y en otra pantalla. Con la diferencia horaria, buena parte de los partidos caían a media tarde o al final del día, y en las terrazas del barrio de Gràcia se hizo habitual seguir el marcador desde el móvil mientras alguien más ponía el resumen en la televisión del bar.
Nada de esto es nuevo del todo. Líbero lleva años contando historias donde el fútbol se cruza con la tecnología, la política o la cultura popular, desde jardineros que cuidan el césped de un estadio centenario hasta futbolistas que en los años cuarenta cambiaron de país por un sueldo mejor. Lo que sí cambió con este torneo fue la velocidad, porque la afición ya no espera al resumen de la noche para enterarse de un gol ni necesita estar delante del televisor del salón para seguir el partido.
UN ECONSISTEMA DE ENTRETENIMIENTO QUE NO SE APAGA CON EL ÁRBITRO
Esa costumbre de tener el móvil a mano durante todo el torneo no se quedó solo en resultados y estadísticas, y también empujó otro tipo de aplicaciones, menos ligadas al marcador y más al rato libre que deja el fútbol entre semana.
Los comparadores de casinos con bono de bienvenida, por ejemplo, ganaron terreno entre un público que ya estaba acostumbrado a revisar el teléfono cada pocos minutos durante los partidos. Bookies.com, uno de los portales que reúne y compara este tipo de ofertas, registró parte de ese mismo repunte de consultas durante el Mundial. No es el centro del fenómeno, sino una pieza más de un mapa de entretenimiento digital que ya no distingue entre partido, serie o juego de mesa virtual.
EL PARTIDO QUE NO TERMINA NUNCA
Varias plataformas de streaming registraron picos de tráfico apenas unos minutos después del pitido final, cuando la gente buscaba repeticiones y análisis en vídeo antes incluso de que el estadio terminara de vaciarse. Las aplicaciones de resultados, que hace una década se limitaban a marcar el marcador, incluyen ahora mapas de calor, posesión minuto a minuto y datos físicos de los jugadores en las retransmisiones oficiales.
Ese hábito de consumir el partido en capas, transmisión, redes y estadísticas a la vez, se instaló primero entre los aficionados más jóvenes y terminó por extenderse también a las peñas de siempre, las que se reúnen en el mismo bar desde hace veinte años y ahora comparan datos desde el móvil entre parte y parte.
QUINIELAS, PORRAS Y LA COSTUMBRE DE TENER ALGO EN JUEGO
La porra de la oficina, el bote familiar del Mundial o la apuesta simbólica entre primos no son ninguna novedad en España. Lo que sí es nuevo es la cantidad de aplicaciones que ahora ofrecen versiones digitales del mismo ritual, con pronósticos de resultado exacto, ligas de fantasy con jugadores reales y torneos privados entre amigos que crecieron al ritmo del Mundial, alimentados por la misma necesidad de siempre, tener algo en juego aunque sea solo el orgullo.
LO QUE CONFIRMAN LOS DATOS
La Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los Hogares del INE, correspondiente a 2024, ya apuntaba en esa dirección antes de que arrancara el torneo. El teléfono móvil estaba presente en el 99,5 % de los hogares con al menos un miembro de entre 16 y 74 años, y el 95,8 % de la población de esa franja de edad usó internet en los tres meses anteriores a la encuesta. Ese nivel de conectividad fue el que permitió que el Mundial se viviera, literalmente, con un aparato en cada mano.
Lo curioso es que ninguno de estos hábitos nació con el torneo. La costumbre de discutir un partido por el chat del grupo, de llevar la cuenta de goles en una aplicación y de apostar una cena con el cuñado existía mucho antes de que hubiera datos que lo probaran. El Mundial 2026 solo puso número y velocidad a algo que las gradas practican desde siempre, vivir el fútbol en comunidad, aunque esa comunidad ahora quepa en una pantalla de seis pulgadas.
Si algo quedó claro es que la próxima final se comentará igual, entre amigos y con el móvil en la mano, aunque para entonces exista otra aplicación de por medio. Sobre el fútbol jugado en la calle, sin pantallas ni estadísticas de por medio, ya escribimos hace tiempo en nuestra crónica sobre las porterías urbanas que desaparecen de los barrios obreros. •