El presidente que salvó Chamartín

El 8 de abril de 1963 el Real Madrid empata en Pamplona ante Osasuna. Al día siguiente, Santiago Bernabéu tiene una misión para los Puskas, Amancio, Gento y compañía: visitar al expresidente republicano del club recluido como monje dominico en Villava. Rafael Sánchez Guerra fue un personaje clave en la historia del Madrid.

*Texto Bernardo de Salazar | Fotografía Archivo Bernardo de Salazar.- Un gesto simbólico dio por inaugurado un nuevo tiempo en España el 14 de abril de 1931. Se había proclamado la II República y un concejal del Ayuntamiento de Madrid pasó a la historia por mostrar a los madrileños la bandera republicana en el balcón de la Puerta del Sol. Ese edil era Rafael Sánchez Guerra, socio del Real Madrid desde 1912 que salvaría a su club de la ruina gracias a modificar la trayectoria de la ampliación del Paseo de la Castellana para evitar pasar por el Estadio de Chamartín. En febrero de 1933, el Consejo de Ministros presidido por Manuel Azaña aprobó un proyecto presentado por Indalecio Prieto, ministro de Obras Públicas, que afectaba de forma importante al futuro desarrollo urbanístico de Madrid. Los terrenos del viejo Hipódromo serían utilizados para construir los Nuevos Ministerios y se crearían los accesos a la ciudad por el norte de España con la prolongación del Paseo de la Castellana. El plan pretendía enlazar la ciudad con la carretera de Burgos atravesando el campo del Madrid club de Fútbol. El plan estaba en marcha e incluso el Congreso de los Diputados aprobó el precio del pie cuadrado para las expropiaciones necesarias. Al club blanco le corresponderían apenas 300.000 pesetas después

de haber hecho una inversión en 1923 de 1.000.000 de pesetas. El exjugador del club y entonces directivo, Santiago Bernabéu, alertaba en el verano de 1934 del problema en la ‘Hoja del Lunes’: “Según las últimas noticias que tenemos, la prolongación de la Castellana se efectuará a unos 80 metros de nuestro campo. No por eso deja de preocuparnos la cuestión, porque el Madrid Fútbol Club precisa de un campo que tenga no sólo una mayor cabida de espectadores, sino espacio suficiente para las instalaciones anexas”. A finales de 1923 el Real Madrid F.C. había arrendado por el plazo de seis años y medio, con opción de compra durante los mismos, unos terrenos situados a 900 metros del Hipódromo, conocidos con el nombre de Villa Rosa (anteriormente Pacto de la Sangre), limitados por la carretera de Chamartín de la Rosa que proseguía hasta Alcobendas, el camino de Maudes y la calle Alfredo Calderón. Eran colindantes con una finca conocida como Villa Ulpiana, propiedad del conde de Maudes, y otra denominada Entrecaminos, de los señores Maqueda y Chávarri.

 A finales de 1923 el Real Madrid F.C. había arrendado por el plazo de seis años y medio, con opción de compra durante los mismos, unos terrenos situados a 900 metros del Hipódromo, conocidos con el nombre de Villa Rosa 

Su extensión de casi 400.000 pies permitía la construcción de un campo de fútbol con graderíos para 15.000 espectadores, susceptibles de futura ampliación, ocho pistas de tenis, una de ellas con la vieja tribuna de O’Donnell, campos de entrenamiento de fútbol y hockey, gimnasio y una piscina de 33 metros de longitud por 10 de ancho para competiciones de natación y waterpolo. Las obras exigieron un crédito de 500.000 pesetas que fue avalado por Carlos López-Quesada, promotor del invento, el presidente Pedro Parages y los directivos José de la Peña y Bernardo Menéndez. Se encargó la dirección de las obras al arquitecto José María Castell, exjugador del club blanco y que había diseñado el Stadium Metropolitano, del Atlético de Madrid. El 17 de mayo de 1924, el Real Madrid inauguró su estadio contra el campeón de Inglaterra, el Newcastle F.C. al que ganó por 3-2. La expansión del club parecía segura y en 1927 compraron definitivamente el terreno por 642.000 pesetas. Nada hacía pensar que los planes de la II República fueran a poner en peligro la inversión pero cuando fue aprobado el plan urbanístico para la Castellana a la directiva presidida por Luis Usera se le vino el mundo encima. Los directivos removieron Roma con Santiago y apareció el hombre providencial.

Nada hacía pensar que los planes de la II República fueran a poner en peligro la inversión pero cuando fue aprobado el plan urbanístico para la Castellana a la directiva presidida por Luis Usera se le vino el mundo encima

Rafael Sánchez- Guerra y Sainz, socio desde el año 1912, desempeñaba el cargo de Secretario General de la Presidencia de la República. Frente al proyecto ministerial que expropiaría al Madrid su campo, existía otro elaborado en 1932 por los arquitectos municipales que salvaba el campo pero había sido rechazado. Sánchez-Guerra consiguió que se revocase la decisión primera y se adoptase la segunda. Chamartín estaba salvado, pero fueron meses de incertidumbre y preocupación.

ELEGIDO PRESIDENTE
El 31 de mayo de 1935 tuvieron lugar las elecciones presidenciales del Madrid F.C. Rafael Sánchez-Guerra y Sainz se impuso a su rival Luis Usera por 444 votos. Su popularidad y prestigio, adquiridos al evitar la desaparición de Chamartín, sin duda le dieron la victoria. La junta directiva quedó formada por el presidente Rafael Sánchez-Guerra y los directivos Valero Rivera Ridaura, Luis Coppel Gerlach, Laureano Ortiz de Zárate y Gonzalo Aguirre Martos, con Pablo Hernández Coronado como secretario general. El 22 de junio un eufórico Sánchez-Guerra, una vez salvada definitivamente la continuidad de Chamartín, declaraba al semanario ‘AS’: “Chamartín se convertirá en el mejor campo de España. Tenemos que prescindir del terreno que ahora ocupan los campos de tenis y el frontón. El campo lo cambiaremos de orientación y haremos tribunas y graderíos nuevos”. No pudo llevarlo a cabo. La temporada 1934-35 había resultado un fiasco. El campeonato liguero tuvo como vencedor al Betis en un codo a codo emocionante hasta la última jornada, mientras que en la

Copa los merengues cayeron ante el Sevilla en octavos de final. Sánchez-Guerra afrontó su primera temporada con nuevos bríos. Fichó a Simón Lecue, uno de los artífices del triunfo bético, al delantero húngaro Kelemen y a los emergentes Mardones, López Herranz, y Sauto. Además rebajó el sueldo a Ricardo Zamora que empezaba a demostrar signos de decadencia. La liga resultó emocionantísima, la penúltima jornada enfrentó en Chamartín a los dos primeros clasificados, el Athletic bilbaíno y el Madrid F.C. separados por un punto. Un triunfo del Madrid le pondría el título al alcance de la mano. Marcó Emilín, pero empató Gorostiza. Volvieron a adelantarse los blancos con gol de Sañudo y Zubieta estableció la igualada final. El título liguero volaba a San Mamés.

La liga resultó emocionantísima, la penúltima jornada enfrentó en Chamartín a los dos primeros clasificados, el Athletic bilbaíno y el Madrid F.C. separados por un punto.

En la Copa ambos adversarios se encontraron en cuartos de final. Esta vez el Madrid se tomó la revancha ganando los dos encuentros. La semifinal se resolvió con facilidad ante el Hércules y se llegó al desenlace del Campeonato de España con el F.C. Barcelona como rival por vez primera en la competición. La final se jugó en Mestalla el 21 de junio de 1936 y Sánchez-Guerra, como presidente madridista, tuvo la fortuna de vivir con entusiasmo el triunfo por dos goles a uno sobre el

Barça y la gran parada final de Ricardo Zamora cuya imagen tantas veces se ha reproducido. El triunfo se cerró con una cena y a la hora de los brindis Ricardo Zamora, el héroe del partido, y Jacinto Quincoces tomaron la palabra para reclamar la supresión del derecho de retención. Hábil político, Sánchez-Guerra supo derivar la conversación por otros cauces. Apenas tuvo tiempo de disfrutar de la victoria. Pocos días después se produjo el golpe de Estado que originó la Guerra Civil y el 4 de agosto un grupo encabezado por Juan José Vallejo, representante de la Federación Deportiva Obrera, y del que formaban parte los señores Mengual (Agrupación Deportiva Tranviaria), Francisco Hernández Coronado (Federación Castellana), Ángel Rodríguez García (Valladolid Deportivo) y Cristino Lorenzo (UD Salamanca) se presentaba en las oficinas del Madrid F.C. situadas en el paseo de Recoletos y se incautaba del club poniendo fin a la presidencia de Rafael Sánchez-Guerra. El presidente Sánchez-Guerra había nacido en Madrid el 28 de octubre de 1897.

Era hijo de José Sánchez-Guerra Martínez, famoso político en el reinado de Alfonso XIII, donde había ocupado cargos tan importantes como subsecretario en el Ministerio de Ultramar, gobernador civil de Madrid, ministro de la Gobernación, de Fomento y de la Guerra, presidente del Congreso de los Diputados y presidente del Gobierno. Rafael hizo sus contactos con el fútbol durante sus estudios de Bachillerato en el madrileño colegio de El Pilar donde fue compañero de los exjugadores Juanito Monjardín, Javier Barroso, los hermanos Muñagorri, Juanito Manzanedo, Juan y René Petit, Tovar, Cárdenas, Garrido, Muguiro, Terán, Urquijo, Marín, Yllera… Con muchos de ellos jugará en el viejo campo de O’Donnell como paso previo a figurar en el primer equipo. Rafael no llegó a ello, y obtenida su licenciatura en Derecho marchó a Marruecos como soldado de cuota voluntario. Se distinguió en las Fuerzas Regulares Indígenas de Larache, fue herido en agosto de 1921 y el mismo comandante Francisco Franco le menciona elogiosamente por su valor en su libro ‘Diario de una Bandera’. De regreso a la Península se presenta a las elecciones de febrero 1923 y obtiene escaño en la Cámara de Diputados por la circunscripción de Jaca. Mientras tanto colaboró como periodista en el diario ‘ABC’ y el semanario ‘Blanco y Negro’. Lo mismo hacía crítica teatral que análisis de política internacional o crónicas taurinas. Era apasionado seguidor del gran Juan Belmonte. 

Contrajo matrimonio con Rosario Moreno Luque, su novia desde temprana edad ya que habitaban el mismo edificio en la calle de Claudio Coello. En enero de 1929 emigraron a París, donde nacería su tercer hijo, descontentos con el comportamiento dictatorial del general Primo de Rivera. Se preparaba una sublevación contra el dictador y la acaudillaba su padre, don José. El golpe estaba previsto para el 29 de enero en la ciudad de Valencia. Fue un completo fracaso y padre e hijo fueron detenidos, trasladados al cañonero Canalejas y posteriormente al Dato. El 3 de febrero estaba previsto que se jugara en Mestalla la final de Copa entre el Español de Zamora y el Madrid de Gaspar Rubio. Diluvió esos días en la región valenciana. Se habló de suspender el encuentro, pero el gobernador civil obligó a que se jugase dada la complicada situación política. El terreno de juego era una laguna y Rafael, detenido en el Canalejas, se ahorró ver al equipo de sus amores caer derrotado ante los jugadores pericos en lo que se llamó ‘la final del agua’.

El 3 de febrero estaba previsto que se jugara en Mestalla la final de Copa entre el Español de Zamora y el Madrid de Gaspar Rubio. Diluvió esos días en la región valenciana. Se habló de suspender el encuentro, pero el gobernador civil obligó a que se jugase dada la complicada situación política. 

ILUSIÓN REPUBLICANA
Derivó sus ilusiones hacia el republicanismo y en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 fue elegido concejal del ayuntamiento madrileño, siendo el más votado de la Conjunción Republicano–Socialista en el Distrito Centro de la capital. Dos días después se proclamó la República Española y fue nombrado subsecretario del gobierno provisional y más tarde Secretario General de la Presidencia de la República. Tuvo que abandonar este cargo el 7 de abril de 1936, cuando el presidente Niceto Alcalá Zamora fue destituido. Siguió siendo concejal del Ayuntamiento de Madrid y al comenzar la guerra se decantó por la legalidad republicana. Azaña, sustituto de Alcalá Zamora, le menciona varias veces en sus obras, nunca con simpatía. Por ser oficial de complemento se le nombró ayudante del coronel Segismundo Casado y en ese puesto le sorprendió el final de la Guerra Civil. Casado le ofreció salir de España en su avión pero Sánchez-Guerra prefirió quedarse en Madrid acompañando a Julián Besteiro en el Ministerio de Hacienda. En dicho lugar fue detenido la mañana del 29 de marzo de 1939 y conducido a la cárcel de Porlier y posteriormente a la habilitada en el Paseo del Cisne.

Juzgado por un tribunal militar fue condenado a 30 años y un día de prisión, pero solo cumplió 26 meses, visitando en ese periodo una docena de presidios. Su catolicismo le ayudó a un trato más favorable que a muchos de sus compañeros presos. Fue puesto en libertad en el penal del Puerto de Santa María (Cádiz). Regresó a Madrid en libertad vigilada y sufriendo la discriminación social y laboral de los vencidos, por lo que decidió en 1944 fugarse a Francia. Lo hizo en el maletero de un vehículo diplomático francés. Instalado en París, fue nombrado ministro del Gobierno de la República en el exilio que presidía José Giral, pero se dedicó fundamentalmente a trabajar en una agencia de noticias creada y dirigida por él, Prensa Latina, más tarde llamada Prensa Intercontinental. Además publicó su primer libro titulado ‘Mis prisiones’. Pero todo cambió el 5 de octubre de 1959 cuando falleció su mujer Rosario Moreno Luque a quien siempre estuvo estrechamente unido. Cuatro meses después decidió meterse a fraile. Eligió para ello el Seminario Hispano Americano de Misioneros Dominicos de Villava. (Sí, donde nació Miguel Induráin).

Para regresar a España tuvo que pedir autorización al Gobierno, que no puso dificultad alguna. Rafael era primo hermano de Antonio Barroso Sánchez-Guerra, entonces ministro del Ejército y que había sido jefe del estado mayor de Franco durante la guerra. “Busco en España, en un convento, la tranquilidad espiritual que tanta falta me hace”, escribió. El 5 de noviembre de 1960 tomó el hábito en Pamplona en la iglesia de Santo Domingo. Escribe entonces dos nuevos libros titulados ‘Mi convento’ y ‘Cartas a mis nietos’. Vuelve a interesarse por el fútbol asistiendo regularmente a los partidos que se juegan en el seminario; incluso los arbitra. Y sigue la liga española por la prensa y los programas dominicales de radio. El 7 de abril de 1963, el Real Madrid juega en Pamplona. Empata a un gol con Osasuna y al día siguiente por expreso deseo de Santiago Bernabéu, la expedición madridista se desplaza a Villava a saludarle.

Desgraciadamente no estaba Di Stéfano entre los jugadores lo que le causó una pequeña decepción, pero su felicidad fue enorme. Su salud se deterioraba a pasos agigantados. Era un cáncer de estómago y tuvieron que operarle. En junio de 1963 le extirparon un riñón y en enero la metástasis le había invadido. Falleció el 2 de abril de 1964 rodeado de sus hermanas, su hija y todos los religiosos del convento. El Real Madrid guardó luto y envió una monumental corona de flores. •

*El historiador del fútbol Bernardo Salazar o De Salazar como le gustaba firmar en Líbero murió ayer en Madrid. Memoria viva del fútbol español, trataremos de honrar su legado en forma de deliciosas historias.