«Lo del odio eterno al fútbol moderno abraza la nostalgia como si no hubiera partido y habrá remontada»

‘Invasión de Campo’ (Penguin Random House) es un libro imprescindible. Un manifiesto contra la deriva de desprecio por el aficionado de estadio que lleva el negocio del fútbol. Y a favor de que la única supervivencia pasa por cuidar los valores que hicieron de este deporte una pasión heredada.

Diego Barcala.- El éxito de ventas de 'Invasión de campo'- segunda edición en apenas un par de semanas- es una buena metáfora de la falta de voz que el aficionado de estadio tiene en los discursos mediáticos habituales. Su autor, el periodista Alejandro Requeijo, uno de los imprescindibles de Líbero ha escrito desde las entrañas más profundas de la grada este manifiesto por el fútbol de verdad. 

¿Qué tal ha sido el lanzamiento?
La acogida es la que intuía cuando me animé a escribirlo, a rellenar el folio. Los aficionados de estadio tenemos muy interiorizados unos códigos y unos valores que a la gente de fuera de los estadios les sorprende mucho. Primero es fascinación, luego sorpresa y en definitiva el interés por este mundo en el que la gente sacrifica tiempo, dinero y disgustos por algo que no da de comer. 

Si Líbero tuviera que condensar en un libro los valores del fútbol que defendemos se parecería mucho a ‘Invasión de Campo’.
Me siento muy orgulloso de participar en la familia de Líbero que defiende un concepto que se traslada al libro. Futbolizar la cultura o culturizar el fútbol. 

ENTREVISTA» Requeijo en la redacción de Líbero. Foto. Isabel Gallego.

Te confieso que eso es de Valdano.
Bueno, Valdano dice muchas cosas interesantes también. Los que sentimos el fútbol de esta forma desinteresada y pasional, los que nos sentimos herederos de un legado patrimonial, familiar, estético, social… se nos pinta como ilusos porque el fútbol desde hace muchos años está inmerso en un relato en el que la única verdad es el dinero. Y todo lo que se salga de eso es calificado de bisoñez. Tengo la sensación de que el pesimismo se ha convertido en una señal de status. Este amor romántico que tenemos por nuestros equipos a los que hemos consagrado una vida como el rockero a la carretera . A nosotros se nos caricaturiza y se nos quiere expulsar. 

Para esta entrevista he hecho arqueología y he encontrado tu primer mail. “Hola soy Alejandro Requeijo, amigo de Pedro Agueda […], trabajo en temas de terrorismo…”. Proponías un tema de la dictadura argentina y el Mundial 78.
Reivindico mucho que haya espacio para relatos alternativos. En España durante demasiado tiempo el fútbol ha vivido encerrado entre la dualidad fratricida del Real Madrid-Barcelona y si me apuras en las figuras de Messi y Cristiano y todo lo que se salía de eso no existía. Todo eso lo fagocitaba todo. Por ejemplo en el fútbol femenino. Parece que hasta que no ha llegado el Real Madrid, el fútbol femenino no existía. Entonces, para mí Líbero como otras publicaciones en los kioskos me parecía que reivindicaba esa ampliación del foco. Cuando reivindicamos que el fútbol tiene un legado es porque tiene historias que merece la pena proteger y cuidar y a mí me apetecía mucho publicar en Líbero. Cada vez que me has llamado, lo digo en broma pero lo siento así, es como si te llama la Selección y las seis veces que he colaborado con Líbero las cuento como seis entorchados.

«Me gustaría preguntarle a Luis Rubiales por el equipo que ha ganado la liga femenina que iban a promocionar. Siendo infame y vergonzoso el lugar elegido y el relato elegido para justificarlo que es básicamente decir que si el año que viene Corea del Norte ofrece más se la llevan a Corea del Norte, lo grave es el hecho de que la hayan deslocalizado»

Va a parecer que te pagamos por la entrevista. Empezaste con esa historia argentina y luego se sumaron las del Atleti o la del alambrado de la Bombonera.
Esa colaboración fue muy emocionante porque se acaba de morir Maradona. Tenías pensado otra cosa, pero ante una cosa tan brutal como la muerte del más grande, Líbero no se podía quedar a contrapié y me hizo mucha gracia porque tiraste de teléfono y reclutaste a los maradonianos e hicimos la revista en cuestión de días. Aportar en un número tan especial me parecía muy emocionante. 

La portada iba a ser Le Tissier. Y luego llegó la historia increíble de Justo I el conquistador, basada en hechos reales. 
Semifinal de la Copa de la UEFA 2012, nos vamos al estadio de Mestalla para jugar la vuelta de la semifinal, habíamos ganado en la ida 4-2 al Valencia y en la grada de Gol Xicotet Alt, esa grada que es un abismo, magnífica, maravillosa…. Y me doy cuenta de que en las filas de detrás había un señor mayor, muy mayor. Lo tenían custodiado dos jóvenes que los sostenían por cada brazo. Una grada visitante no es el sitio más cómodo para ver el fútbol. La gente está de pie, hay empujones, hay olor a tabaco, olor a lo que no es tabaco… ganamos, con gol de Adrián y cuando terminó el partido conseguimos hablar con ese señor. Se llamaba Justo. Para que te hagas una idea de la edad que tenía su carné de socio solo tenía dos dígitos. Pero su secreto era que confesaba que en todas las finales en las que había estado el Atlético de Madrid había ganado. Entonces, la pregunta era ¿y dónde estabas en Bruselas? ¿Por qué no fuiste? Se reía y decía que tenía que trabajar. Sonreía como el personaje de Gambardella de Sorrentino cuando dice que le gusta tener el poder de conseguir arruinar las fiestas, pues él presumía un poco de eso… y ahí se quedó la cosa, bueno nos vemos en Bucarest, etc… 

[HISTORIA COMPLETA DE JUSTO I]

La final a la que muchos se fueron a Budapest.
Esa. Jugábamos contra el Athletic de Bielsa que era el equipo de moda, había eliminado al Manchester… y cuando llegamos, los vascos nos doblaban en número y mientras colocábamos las banderas y todo eso me empezó a embargar un pesimismo y pensé: vamos a perder, no hay nada que hacer. Entonces me retiré a un vomitorio a fumar de los nervios y empecé a hacer esa reflexión que hacemos muchas veces de la pasta que te has dejado, el tiempo que has perdido, otra vez sin vacaciones por este viaje… y en ese momento apareció en la penumbra una figura enjuta, alta, casi crística como una especie de aparición divina y era Justo. El resto de la historia ya os la sabéis. A los 20 minutos el Tigre Falcao ya había vacunado dos veces al rival, ganamos y la profecía de Justo se mantuvo intacta.* 

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