La magia de un estadio lleno

El artista alemán Richard Nadler reivindica con sus hipnóticas gradas repletas el papel del público presencial como un actor imprescindible del deporte.

Diego Barcala*.- La obra de Richard Nadler [Penzberg, Baviera (Alemania), 1987] es una representación bastante ajustada de la modernidad. Arte viral en unas redes sociales masivas, utilización de Inteligencia Artificial y, aunque parezca paradójico, una llamada a la acción para el disfrute de la vida analógica, la que se huele y se toca. “Un estadio sin público es solo arquitectura. Son las personas quienes lo transforman en un espacio emocional”, explica el artista por correo electrónico.

Sus dibujos de hipnóticas gradas coloridas, repletas de público, fueron seleccionadas por las audiencias sociales del pasado Mundial para convertirse en un deseado fenómeno viral y global. Personas de cualquier cultura y tradición se identificaron con sus atrayentes estadios, pabellones e incluso campos de golf tan propios de nuestra época, donde el deporte es un espectáculo de masas transmitido en pantallas. Nadler reside en la periferia de Munich donde el Bayern es el principal símbolo deportivo local, sin embargo, este artista que proviene del mundo de las finanzas londinenses, celebra en muchas de sus obras el deporte de EEUU donde la identificación cultural de los aficionados es muy diferente a la europea. “Mi interés no se limita a los deportes estadounidenses. Me fascinan los estadios como monumentos contemporáneos que reúnen arquitectura, ritual, entretenimiento y emoción colectiva en un solo lugar. Intento retratar la anticipación, el sentido de pertenencia y el momento en que miles de individuos se convierten brevemente en un solo cuerpo colectivo”, aclara.

SURREALISMO» Una de las obras que Nadler lanzó durante el Mundial. 

Nadler ha expuesto sus obras en todo el mundo donde es conocido principalmente por su arte de inspiración japonesa. Después de un proceso creativo a base de bocetos y perfeccionamiento con IA algunas de sus obras acaban siendo fantásticos tapices de una perfección sublime. Su inspiración asiática proviene de una infancia salpicada de viajes a Japón junto a su padre. De allí captó la esencia estética y la perfección pero también las preguntas filosóficas que rodean al ser humano en debate permanente entre el ser como un individuo o como parte de un colectivo. Pocas luchas son más contemporáneas que el individualismo frente a las sociedades organizadas. “Mi formación en finanzas me hizo prestar atención a los sistemas, la repetición, el valor y el comportamiento de los grandes grupos. Estos intereses siguen dando forma a mi práctica artística. Desde la distancia, mis obras a menudo parecen muy ordenadas y monumentales. Cuando se observan de cerca, ese orden se disuelve en miles de personas individuales, cada una aparentemente viviendo un momento diferente. Me interesa la tensión entre la fascinación y la inquietud, la individualidad y la conformidad, el espectáculo y la intimidad. No pretendo decirle al espectador si la cultura de masas es buena o mala. Quiero visibilizar su poder”, resume.

«Me fascinan los estadios como monumentos contemporáneos que reúnen arquitectura, ritual, entretenimiento y emoción colectiva en un solo lugar. Intento retratar la anticipación, el sentido de pertenencia y el momento en que miles de individuos se convierten brevemente en un solo cuerpo colectivo»

Otro pintor de masas e individuos fue el valenciano Juan Genovés que en sus últimos años de vida estaba fascinado por las aficiones de fútbol de la misma manera que en los 70 se conmovía con la fuerza de una manifestación democrática. Genovés y Nadler son artistas unidos, consciente o inconscientemente, por la defensa de la sociedad, de las personas que se tocan y se sienten y forman parte de la catarsis de un estadio en vivo. “La obra puede interpretarse sin duda como un recordatorio de que el deporte, en última instancia, pertenece a quienes lo disfrutan juntos”, concluye. •

*Este es el último capítulo de la sección de Arte en Líbero. Pide aquí Líbero 58