El poder de la utopía que cristaliza en la grada

El pintor Juan Genovés aprovechaba sus visitas a Mestalla para fotografiar el desalojo del estadio. La colorida marea humana le servía de inspiración para sus famosas obras de figuritas humanas vistas desde arriba.

Diego Barcala.- La pintura de Juan Genovés (Valencia 1930 - Madrid 2020) varió con el paso de las décadas en colores, formas y mensajes pero siempre tuvo un hilo conductor que demostraba el poder ilimitado un colectivo social. Y como el propio artista era partidario de que el propio espectador sacase sus propias conclusiones, esta revista interpreta que Genovés explicó en su última década de creación artística la fuerza de las gradas, los aledaños y el sentimiento de los aficionados en una de las pocas actividades agregadoras que quedan en la sociedad actual, el fútbol. “Me contaba mi tío, con el que iba al fútbol, que cuando acababa el partido se quedaba desde la grada o en las barandillas del estadio haciendo fotos a la gente, viendo como desalojaban el Mestalla”, explica su hijo Pablo Genovés. Su padre tomaba el AVE cada 15 días para hacer visitas rápidas a Valencia y básicamente ver el fútbol con su hermano.

Prácticamente Genovés nació en Mestalla. Su casa en la calle Finlandia era parte de los aledaños del estadio. Además, en los años 30 se podía ver parte del césped desde las ventanas. “Recordaba que hasta los 6 años el fútbol era el motivo de reunión familiar. Los amigos del padre acudían a casa a ver el fútbol, a imaginarse qué pasaba en la parte del campo que no se veía y a celebrar cuando marcaban en el césped que sí se veía. Y Juan siempre contaba que esa sensación de felicidad cambió al llegar la Guerra Civil y desde ese mismo balcón lo que veía eran fusilamientos en las paredes de Mestalla. Eso le marcó mucho”, añade su primogénito. El fútbol para Genovés era mucho más que una inspiración. Para alguien que dedicó su vida a creer en la utopía de la fuerza colectiva para conquistar derechos humanos, el público de Mestalla gritando era más que una metáfora. “Le gustaba sentir que desde su silla estaba en el centro de la multitud. Además, era un gran defensor del fútbol desde el juego como algo supremo, una especie de ballet”, recuerda su hijo.

El fútbol para Genovés era mucho más que una inspiración. Para alguien que dedicó su vida a creer en la utopía de la fuerza colectiva para conquistar derechos humanos, el público de Mestalla gritando era más que una metáfora

Una escena típica de la casa madrileña de la familia Genovés era escuchar a su mujer quejándose por la afición del pintor a ver un partido tras otro de cualquier liga: “Mi madre diciendo: hay que ver este hombre con el fútbol”, añade Pablo. Genovés jugó al fútbol. Al menos lo intentó en categorías juveniles pero su padre le caló rápido. “Te desmarcas bien, pero no eres valiente”, le dijo. Y el joven Juan lo admitió. Asumió que no metía la pierna lo suficiente. El mismo que metió pierna, brazo y cuerpo entero en los años 60 hasta acabar en las prisiones franquistas, admitía ser un cobarde sobre el césped. ‘El abrazo’ quedó para siempre como la obra de la transición y fue precisamente el rey Juan Carlos I el que averiguó que en realidad Genovés pintaba fútbol. El Borbón se acercó a Genovés durante una visita a una exposición en 2001 en Costa Rica y le dijo: “Yo no sé de arte, eso es cosa de la reina, pero lo que tengo claro es que a ti te gusta el fútbol”. Admiró a Mundo, el histórico delantero del Valencia de los años 40, pero su fuerte afición por el fútbol nunca le llevó al fanatismo irracional o al odio al adversario.

El Borbón se acercó a Genovés durante una visita a una exposición en 2001 en Costa Rica y le dijo: “Yo no sé de arte, eso es cosa de la reina, pero lo que tengo claro es que a ti te gusta el fútbol”

“Observaba el fútbol desde una perspectiva antropológica como cuando contaba que un famoso crítico de arte amigo suyo, aficionado al Atlético de Madrid, le había llamado desde la fuente de Neptuno preguntándose qué hacía un señor reputado como él subido como un loco a una fuente. Esas cosas le gustaban mucho”, concluye su hijo Pablo.